El Cazador (Vrix nº 3) 30. Capítulo Treinta
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30. Capítulo Treinta

CAPÍTULO TREINTA

Un placer abrasador había consumido a Lacey. Ya no era ella misma, sino una criatura primitiva hecha de instinto y sensaciones. Cada parte de su cuerpo estaba hipersensible; incluso el roce del aire sobre la piel conseguía hacerla estremecer. Era demasiado. Y, al mismo tiempo, no era suficiente.

Telok retiró la pelvis y Lacey sintió el sensual deslizamiento de su miembro y el exquisito roce de la cabeza estriada contra sus paredes internas antes de que volviera a hundirse en ella.

Lacey gimió. La dura longitud de la polla de Telok la llenaba por completo, y las protuberancias de su base estiraban su entrada más allá de lo que alguna vez había creído posible.

Ella empujó hacia atrás para encontrarse con sus embestidas, con los pesados pechos balanceándose y todo su cuerpo sacudiéndose con cada golpe.

Todavía estaba algo sensible por su encuentro anterior, pero no le importaba. Lacey quería aquello, lo necesitaba. Y Telok se sentía jodidamente bien.

En aquella posición, su miembro penetraba más profundamente, alcanzando puntos dentro de ella que la incendiaban de placer.

Mientras amasaba su culo, Telok le separó ampliamente las nalgas y pasó un dedo por el borde de su ano. A Lacey se le cortó la respiración.

Sus dedos se hundieron en la cama y sus pensamientos se volvieron un caos mientras intentaba comprender qué estaba haciendo él a través del éxtasis de sus embestidas.

—Telok… ¿Qué…?

—¿Esto también proporciona placer? —preguntó.

—Puede… puede hacerlo. Pero yo…

Los párpados de Lacey aletearon mientras Telok seguía moviéndose dentro de ella, y cada recorrido de su polla la acercaba más a otro orgasmo. Todos los músculos de su cuerpo estaban tensos por la expectación. Los brazos y los muslos le temblaban, amenazando con ceder.

—Lacey —la instó Telok mientras rodeaba aquella entrada con el dedo, devolviendo su atención a la pregunta.

—Nunca he hecho nada anal —soltó rápidamente. Arqueó el cuerpo hacia su contacto, confundida por las sensaciones que experimentaba.

—¿Qué debo hacer? —preguntó Telok.

—Tienes… tienes que… —Lacey gimió y cayó sobre los antebrazos mientras su sexo se contraía alrededor del miembro de Telok. Estaba ahí, en el límite—. Oh, Dios, Telok… No pares —gimió.

Un temblor recorrió al vrix. Su agarre sobre las caderas de Lacey se reforzó casi hasta hacerle daño mientras se hundía con fuerza en ella, introduciendo las protuberancias y presionándose contra su cuerpo hasta que el sexo de Lacey y la abertura de Telok quedaron prácticamente pegados.

Y se quedó así.

—No, no —gimió ella, intentando moverse contra él—. ¡Por favor!

—Dímelo, vi’jatai —dijo Telok en un profundo gruñido.

Lacey volvió la cabeza para mirarlo. El cabello negro de Telok, surcado de blanco y verde, estaba desordenado, con varios mechones cayendo sobre su cresta y sus ojos ardientes y salvajes. Aquellos ojos dejaban claro cuánto la deseaba. Desesperadamente. Y, aun así, se estaba conteniendo.

—Tienes que hacerlo con cuidado —dijo ella con voz ronca—. Y empezar despacio y con algo pequeño para prepararme.

—¿Así? —preguntó él mientras presionaba la yema del pulgar contra su ano.

—Sí —susurró Lacey. Su sexo se cerró alrededor de la polla de Telok ante aquella sensación extraña pero placentera—. Pero sin garras. Podrías hacerme mucho daño. Y… y necesitas lubricante.

—¿Qué es eso?

—Eh… tu humedad. Ya sabes, eso que tienes sobre la polla y dentro de la abertura.

—Mis aceites.

—Sí.

—Comprendo… —dijo Telok, levantó una mano hasta su rostro y la giró lentamente, como si estuviera examinando algún objeto alienígena. Entonces se llevó el pulgar a la boca. Y arrancó la garra de un mordisco con los colmillos.

Los ojos de Lacey se abrieron de par en par. Antes de que pudiera decir nada, la pelvis de Telok volvió a moverse. Lento, constante, pero no menos firme.

Lacey volvió el rostro hacia delante y cerró los ojos mientras aquellas sensaciones cobraban vida de nuevo. El éxtasis floreció en su interior con cada movimiento deliberado de su polla.

La mano de Telok descendió hasta el lugar donde se unían sus cuerpos.

Arrastró el pulgar sobre los labios del sexo de Lacey y hacia su polla, recogiendo la mezcla de sus respectivas esencias. Sin alterar el ritmo, levantó la mano y apoyó los demás dedos en la parte baja de su espalda. Entonces el pulgar regresó a su ano y lo rodeó, extendiendo sus aceites.

Un estremecimiento recorrió a Lacey incluso cuando su culo se contrajo.

«De verdad vamos a hacer esto… Va a…»

Telok presionó el pulgar contra su entrada, y comenzó a penetrarla lentamente por un lugar donde nunca antes había entrado nadie.

Lacey gimió ante la sensación. Era completamente nueva, extraña. Había cierta incomodidad. Pero, a medida que Telok empujó un poco más profundamente, todo dentro de ella pareció tensarse todavía más, y su polla rozó nervios cuya existencia Lacey ni siquiera conocía.

Cada embestida encendió nuevas oleadas de placer y la acercó aún más al orgasmo.

—Ahora he reclamado las dos partes de ti —gruñó Telok.

Movió el pulgar dentro y fuera una y otra vez antes de curvarlo. Las garras de sus otros dedos pincharon la espalda de Lacey mientras aquella mano la atrapaba simultáneamente desde dentro y desde fuera. Su agarre era tan firme como el de las manos que le sujetaban las caderas.

—Cada parte —susurró Lacey.

Ya no podía hacer nada salvo permitir que Telok la utilizara, que le diera placer, que la poseyera.

Separó más las piernas y arqueó la espalda, codiciosa por recibir todo cuanto él quisiera darle.

Telok deslizó las garras de la otra mano superior por su columna.

Un hormigueo recorrió la piel de Lacey, erizándola en un escalofrío.

Cada vez que su polla se hundía en ella, el sexo y el ano de Lacey se contraían y el placer la atravesaba.

Se acumulaba, se enroscaba más y más en lo profundo de su cuerpo.

Lacey jadeaba y gemía mientras agarraba las pieles bajo ella.

—Telok… —gimió.

—Déjame oírte —exigió Telok. Su voz era áspera y entrecortada. Sus dedos se flexionaron y arañaron la parte baja de la espalda de Lacey mientras sus embestidas se volvían más urgentes—. Déjame sentir cómo te deshaces alrededor de mi miembro antes de llenarte con mi semilla.

—Sí… Quiero tu semilla. Quiero que vuelvas a llenarme —Lacey jadeó—. Yo… no puedo… Oh, joder, no… No pares. Fóllame, Telok. Fóllame más fuerte.

Telok acercó las patas delanteras. La levantó más y modificó el ángulo de su pelvis antes de hundirse con fuerza en ella.

Aquel cambio fue todo lo que Lacey necesitó. Su miembro rozó su clítoris, y ella estalló.

Los brazos de Lacey cedieron por completo, su mejilla cayó sobre el lecho mientras el éxtasis abrasaba su cuerpo y reducía a cenizas todo cuanto existía a su alrededor. Todo, salvo Telok.

Gruñidos ásperos y bestiales acompañaban cada embestida de sus caderas, mezclados con el sonido de sus patas traseras arañando el suelo en busca de apoyo mientras elevaba todavía más el culo de Lacey.

El vrix detrás de ella se movía ya únicamente por instinto. Perdido en un frenesí de pasión.

Lacey solo pudo cerrar los puños sobre la manta mientras él la follaba salvajemente. Y adoró cada instante.

Las manos y los cierres de Telok la hicieron descender una última vez sobre su polla, introduciendo por completo las protuberancias y atrapándola en su interior.

Un grito silencioso se quedó atascado en la garganta de Lacey cuando el nudo de Telok se hinchó. Todo su interior se volvió imposiblemente… Dolorosamente… Más estrecho.

Semilla caliente estalló dentro de ella.

Un gruñido gutural vibró desde su vrix cuando todo su cuerpo quedó rígido. Sus tentáculos se desplegaron dentro de Lacey y rozaron su cuello uterino, prolongando su propio orgasmo, intensificándolo, hasta que el placer se volvió tan enorme que sintió que estaba a punto de perder el conocimiento.

Con una exhalación entrecortada, Telok retiró cuidadosamente el pulgar del culo de Lacey y la hizo bajar las rodillas. Se inclinó sobre ella, con el pecho agitado contra su espalda y los brazos superiores apoyados en el suelo.

Finalmente soltó sus caderas para rodearle la cintura con los brazos inferiores en un abrazo cálido y posesivo. Telok tembló a su alrededor mientras otra oleada de semilla brotaba de él.

Sus tentáculos continuaron azotando a Lacey con placer. Su polla vibraba con el clímax. De no haber sido por aquel abrazo, Lacey habría caído completamente, tenía las rodillas demasiado débiles para sostenerla.

Jadeó, demasiado exhausta para hablar o moverse. Tenía la piel cubierta de sudor, y los muslos, pegajosos. Todo su cuerpo vibraba con un placer y una satisfacción que parecían intensificarse incluso gracias al dolor. Hasta el nuevo dolor de su culo le parecía maravilloso.

Telok hundió el rostro en su cabello. Cuando Lacey volvió la cara hacia él, rozó su sien con aquella boca dura. Una de sus manos inferiores ascendió para cubrirle un pecho. Pero aquella vez su contacto fue suave, tranquilizador. Solo buscaba mantenerla todavía más apretada contra su pecho.

—Ah, mi hilo del corazón… —Un ronroneo reverberó a través de Telok—. He quedado atrapado en tu red y no deseo escapar.