El Cazador (Vrix nº 3) 29. Capítulo Veintinueve #3
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29. Capítulo Veintinueve #3

Él gruñó. Aquel espectáculo le producía un profundo orgullo.

Su compañera perdiéndose entre sus manos.

Perdiéndose por el placer que él le proporcionaba.

Y el placer de Lacey era también el suyo.

Saber que podía hacerla sentir tanto, con semejante intensidad.

Era satisfactorio de una manera que jamás habría imaginado.

Y su sabor se volvía cada vez más intenso y dulce mientras más esencia escapaba de su abertura.

Las piernas de Lacey temblaban. Su clítoris palpitaba mientras Telok continuaba lamiéndolo. Rozó el interior de sus muslos con las mandíbulas. Sus movimientos fueron suaves y tranquilizadores en contraste con los de su lengua.

Pronto todo el cuerpo de Lacey estuvo temblando. Sus respiraciones eran ásperas e irregulares. Y desprendía mucho más calor que el calentador de piedra.

Cuanto más intensas eran sus reacciones, más crecía el hambre de Telok.

Disfrutaba de aquello como nunca había disfrutado de nada, de su sabor, de su carne, de sus sonidos, de cómo aquel diminuto capullo podía apoderarse de ella con un placer abrumador.

De su deseo por aquello, por ella, nunca quedaría satisfecho.

Atrapados entre su cuerpo y las pieles, sus cierres empujaron hacia abajo como si intentaran levantarlo. Su miembro palpitaba contra el vientre, desesperado por llenar a su compañera, por quedar envuelto en su calor húmedo, por sentir de nuevo el maravilloso abrazo de su sexo.

De repente, la espalda de Lacey se arqueó. Todo su cuerpo quedó rígido, y gritó.

Su esencia salió a chorros y salpicó la boca de Telok. Él apartó bruscamente la cabeza, sorprendido. Hasta que el aroma y el sabor lo alcanzaron, entonces su boca volvió sobre ella.

«Más».

Lamió con avidez. No permitiría que se desperdiciara ni una sola gota. Lacey dominaba todos sus sentidos. Era lo único que podía percibir, lo único que quería percibir.

«Mía».

«Es toda mía».

Mientras Lacey se retorcía y gritaba bajo él, Telok sintió cómo el frenesí volvía a cerrarse a su alrededor. Sus instintos arañaban en busca del control. Pero los contuvo. Quería más de aquello, más de ella.

Con un gruñido, Telok se apartó.

—¡No! —gritó Lacey. Sus ojos se abrieron y extendió las manos hacia él.

Pero Telok la recogió primero. Rodó hasta quedar boca arriba y, sosteniéndola por las caderas con las manos inferiores, colocó a su compañera sobre su rostro con los muslos a ambos lados de su cabeza.

Los ojos de Lacey se abrieron de par en par.

Telok la hizo descender sobre su boca completamente abierta. Su larga lengua se hundió profundamente en su sexo.

—¡Oh, joder! —jadeó ella mientras se aferraba a sus antebrazos.

Las paredes internas de Lacey aletearon y se contrajeron alrededor de su lengua. Su esencia inundó la boca de Telok y se estremeció. Era tan dulce, tan deliciosa, y estaba hambriento de más.

Con cuidado de no herirla con los colmillos, Telok abrió aún más la mandíbula y movió la lengua dentro de su compañera. Curvó la punta antes de retirarla, y volvió a hundirla, deseoso de beber cada gota.

Lacey jadeaba mientras lo contemplaba desde arriba. Su cabello rojo caía alrededor de sus hombros, y tenía el ceño fruncido por el placer.

Telok sostuvo sus caderas con las manos inferiores y llevó las superiores hasta sus pechos. Amasó aquellos suaves montículos y sus pezones endurecidos mientras follaba el sexo de Lacey con la lengua.

—Dios, eres un guarro —gimió ella, echando la cabeza hacia atrás mientras se movía sobre él.

Las mandíbulas de Telok acariciaron la parte posterior de sus muslos. Disfrutó de sus movimientos. Del dulce néctar que caía dentro de su boca. Del cuerpo que temblaba sobre él.

«Más».

Retiró la lengua de su interior, y azotó su clítoris sin piedad.

—¡Telok!

El cuerpo de Lacey se quedó rígido, cayó hacia delante y se sostuvo con las manos mientras otra oleada de su esencia llenaba la boca de Telok.

Telok cerró los dedos alrededor de su culo y la sostuvo mientras temblaba.

Los gritos roncos de Lacey eran más hermosos y tentadores que cualquier canción interpretada jamás por vrix o humanos.

Telok tragó con avidez, devorando todo cuanto ella le ofrecía. Y su sed solo aumentó.

El carmesí palpitó en los extremos de su visión. La tensión y el calor se arremolinaron bajo su piel. Y su polla, expuesta al aire, latía con un dolor capaz de sacudirle el alma.

Necesitaba estar dentro de ella. Necesitaba unir sus cuerpos de aquella forma tan íntima. Sentir cómo se deshacía alrededor de él.

Con un gruñido, Telok plantó las manos sobre el lecho y se impulsó para salir de debajo de Lacey. Rodó hasta quedar boca abajo y se alzó sobre las patas delanteras flexionadas.

Su compañera seguía delante de él, con las manos sobre las rodillas, temblando después del orgasmo. Con el culo elevado, y su sexo completamente expuesto. Gotas brillantes de su esencia resbalaban desde él.

Telok agarró sus caderas con las manos inferiores y tiró de ella hacia sí.

Colocó la cabeza de su miembro contra su entrada, y se hundió profundamente desde atrás en aquel calor húmedo y acogedor.

Lacey gritó.

Sus paredes internas todavía temblorosas se cerraron alrededor de su polla.

Un gruñido escapó de Telok mientras un estremecimiento le recorría todo el cuerpo. Sus cierres se engancharon alrededor de los muslos de Lacey y atrajeron su culo todavía más contra él.

—Kir’ani vi’jatai… Mi nyleea.