El Cazador (Vrix nº 3) 29. Capítulo Veintinueve
80%

29. Capítulo Veintinueve

CAPÍTULO VEINTINUEVE

Mientras Telok contemplaba a su compañera, el pecho se le llenó de orgullo, alegría, deseo, gratitud y paz.

El cabello de Lacey se extendía alrededor de su cabeza, y la tenue luz naranja hacía parecer que hilos de fuego lo recorrían.

Sus ojos verdes estaban medio cerrados, todavía con un rastro de somnolencia, pero brillaban de felicidad con tanta intensidad como el sol.

Y sus labios se curvaban en una sonrisa afectuosa reservada únicamente para él.

Parecía tan suave, tan cálida, tan satisfecha y tan hermosa.

Verla así, estar con ella de aquella forma, conseguía que Telok olvidara la angustia del pasado y el posible dolor del futuro.

Solo existía el presente. Ellos dos, vivos.

Con sus corazones unidos latiendo el uno por el otro.

Mañana ya se preocuparía por la amenaza de los kurghests.

Pero aquella noche… Aquella noche nada importaba salvo ella. Salvo ellos.

Quería perderse en su compañera.

Telok inspiró su aroma. Hierba y crestas doradas calentadas por el sol, perfumadas por las notas frescas y florales de las hojas de limpieza.

Pero debajo había algo más embriagador. Su excitación.

La había olido cuando había atraído a Lacey entre sus brazos y no había hecho más que intensificarse desde entonces, cubriendo su mente como la niebla que descendía sobre el suelo de la jungla y despertando su necesidad por ella.

También había un leve rastro de su propio aroma. De su semilla. No era ni de lejos tan intenso como Telok habría deseado. Pero podía solucionarlo.

Su abertura se separó ante la presión de su miembro, impaciente por volver a hundirse en las cálidas profundidades del cuerpo de Lacey.

—Ah, mi Lacey —Telok recorrió su mejilla con el dorso de una garra—. Veamos qué palabras ingeniosas compartirás cuando este capullo dulce esté enterrado en tu abertura.

Los ojos de Lacey se abrieron y sus labios se separaron con una brusca inspiración mientras la garra descendía por su garganta.

La mirada de Telok siguió el recorrido de su dedo sobre la tela del vestido, entre sus pechos.

La necesitaba desesperadamente. Pero estaba decidido a tomarse su tiempo con su compañera y no permitir que el frenesí instintivo volviera a apoderarse de él.

Disfrutaría de aquello. Quería explorarla, aprenderse el cuerpo de Lacey. Comprender qué le proporcionaba placer.

Agarró la manta que cubría la parte inferior de su cuerpo y la apartó.

La falda se le había subido alrededor de la cintura.

El hambre ardió dentro de Telok al contemplar su sexo.

Sus muslos estaban ligeramente separados, revelando entre ellos los pétalos húmedos y brillantes.

Su polla palpitó al desplegarse por completo.

El aire vacío a su alrededor no hizo más que intensificar el dolor.

Telok se estremeció. Volvió a inspirar profundamente, llenándose con el aroma de Lacey.

Su deseo era mucho más intenso ahora. Los primeros rastros de neblina roja aparecieron en los bordes de su visión.

La necesidad de follarla. De depositar su semilla profundamente dentro de ella.

Hundió las garras en su mente. Pero Telok luchó contra ella.

«No. Quiero tener esto».

Sosteniendo la mirada de Lacey, golpeó suavemente con la garra la tela del vestido sobre su vientre.

—Quítatelo —gruñó.

Quería ver más de ella. Toda ella.

Lacey sonrió pícaramente y jugueteó con el tirante suelto que descansaba sobre su hombro.

—¿Quieres que me quite esto?

Telok gruñó, extendió las patas, las plantó al otro lado de Lacey y levantó el cuerpo sobre ella hasta quedar apoyado en las articulaciones delanteras. Con brazos y patas encerrándola, bajó el rostro hacia el suyo y cerró un puño sobre la seda que cubría su vientre.

—Si no lo haces, lo arrancaré encantado de tu cuerpo, vi’jatai —amenazó.

—¡Espera! —gritó Lacey, atrapando con su mano la muñeca de Telok—. Por muy tentador que suene, a este ritmo voy a quedarme sin ropa y no quiero destrozar todo lo que me ha dado Sophia.

Los dedos de Telok apretaron la tela.

—Entonces quítatelo —ordenó.

—Vale —susurró ella. Su piel pálida se tiñó de rosa.

Telok soltó la tela y levantó el torso, acomodándose de nuevo sobre los cuartos traseros mientras contemplaba a su compañera. Dejó caer las manos sobre las patas delanteras. Cerró los puños hundiendo las garras en su propia piel.

Aquella seda pertenecía a otro vrix. Y ocultaba a Lacey de su mirada. A pesar de sus protestas, quería hacerla jirones y arrojar los restos a la jungla.

Lacey se incorporó. Agarró el dobladillo del vestido y comenzó a levantarlo lentamente. Telok envidió el roce de aquella tela contra su piel. Cuando terminó de sacárselo por la cabeza, el cabello cayó y se acomodó alrededor de sus hombros.

Lacey lanzó el vestido a un lado. Sonriendo, volvió a tumbarse y apoyó las manos sobre el lecho a ambos lados de la cabeza.

—¿Te gusto así, mi luveen? —preguntó Lacey con una sonrisa provocadora—. ¿Desnuda y a tu merced? —Levantó un pie y lo apoyó suavemente contra el vientre de Telok, deslizando lentamente los dedos hacia abajo—. Para que puedas hacer conmigo todo lo perverso que quieras.

Telok atrapó su tobillo con una mano inferior antes de que el pie pudiera alcanzar su polla. Su piel hormigueó allí donde Lacey lo había tocado.

—Tan impaciente… —dijo Telok. Tiró de ella hacia sí y Lacey soltó un chillido—. Pero una cazadora debe conocer la paciencia.

—Eliges los peores momentos para dar lecciones.

—Aprenderás, vi’jatai —dijo Telok agarrando sus rodillas y abriendo ampliamente sus muslos. Su miembro se estremeció de deseo mientras sus ojos descendían hacia el sexo de Lacey—. Y tendré a mi hermosa compañera de todas las formas.

Aquella delicada carne rosada brillaba bajo la mata de rizos rojos, húmeda de rocío y preparada ya para él. La neblina roja volvió a palpitar en los límites de su visión. Avanzando.

Telok apretó la mandíbula y la obligó a retroceder. Volvería a su abertura muy pronto. Y entonces haría mucho más que mirar.

Obligó a sus ojos a continuar. Recorrieron lentamente los muslos curvilíneos de Lacey, sus amplias caderas, y su vientre suave.

Ascendieron hasta sus grandes pechos y los tentadores capullos rosados de sus extremos.

Siguieron sus brazos hasta las manos y aquellos delicados y hábiles dedos.

Después regresaron hasta sus hombros. Recorrieron su elegante cuello.

Su hermoso rostro. Su cabello salvaje. Los ojos de Telok se detuvieron en cada detalle.

Memorizó las largas cicatrices irregulares que Lacey había traído de su vida anterior.

Recordó los acontecimientos que habían provocado las nuevas que se había ganado en la Maraña.

Estudió cada marca, cada peca, cada estría, cada moratón y arañazo.

Incluidos los que él mismo había dejado sobre ella durante su apareamiento.

—Tú te miras y ves una piel llena de cicatrices —dijo con voz ronca, encontrándose con sus ojos—.

Yo te miro y veo luz y vida —Telok pasó una mano por su muslo—.

Vida pese a la tristeza y el dolor. Vida pese a un mundo que busca la muerte de todo cuanto existe —Sus ojos se clavaron en los de Lacey—. No hay nada más hermoso que tú.

La mirada de ella se suavizó y comenzó a brillar con lágrimas. Apretó los labios, y el inferior tembló ligeramente. Lacey secó una lágrima que consiguió escapar.

—No se supone que debas hacerme llorar durante los momentos sexys —dijo ella.

Telok se inclinó sobre ella y apoyó los brazos a ambos lados de su cuerpo y bajó la cabeza.

—Te haré llorar — murmuró. Rozó su boca contra la de Lacey. Ella respondió al beso, con sus suaves labios cediendo bajo la dura piel de él—. Llorar pidiendo más —dijo Telok antes de frotar el rostro contra su mejilla y deslizar la boca por la mandíbula hasta el cuello—. Llorar gritando mi nombre…

Su boca continuó descendiendo. Rozó su garganta hasta encontrar la mordedura que había dejado en su hombro. Telok ronroneó y recorrió lentamente la marca con la punta de la lengua. Lacey se estremeció y su respiración se detuvo.

—Llorar porque te deshaces entre mis brazos.

—Telok… —susurró Lacey, inclinando la cabeza para ofrecerle mejor acceso.

Él abrió un poco más la boca y rozó el hombro de Lacey con los falsos colmillos. Otro delicioso escalofrío recorrió el cuerpo de ella. Que el más ligero de sus contactos pudiera provocar respuestas semejantes…

Telok gruñó suavemente. Lamió una vez más la mordedura y después deslizó la lengua a lo largo de su clavícula hasta el hueco de la garganta.

Continuó hacia abajo y hacia un lado. Recorrió la curva de uno de sus grandes pechos en una lenta espiral ascendente hasta alcanzar su cima.

Cuando su lengua llegó a la carne redondeada y rosada del pezón, Telok gimió.

De algún modo, era todavía más suave que el resto de su piel.

Poseía una textura propia, única y sutil.

Telok recorrió sus bordes con la lengua.

Lacey se removió y levantó el pecho hacia él.

Telok rodeó con la lengua la punta del pezón.

Lacey suspiró, levantó las manos y hundió los dedos en su cabello. Telok sintió cómo tiraba de su cabeza hacia abajo mientras al mismo tiempo arqueaba el cuerpo hacia arriba.

—Más —suplicó ella.

El miembro de Telok palpitó. Aquel dolor torturador penetró hasta lo más profundo y resonó en sus huesos.

—Tu cuerpo canta una respuesta a cada caricia, mi nyleea —dijo, recorriendo el pezón con la lengua—. Y jamás me cansaré de escuchar su canción.