El Cazador (Vrix nº 3) 23. Capítulo Veintitrés #3
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23. Capítulo Veintitrés #3

Los ojos de Lacey descendieron por el pecho y el abdomen de Telok. Se abrieron como platos al llegar a su pelvis.

—Ah… —gimió Lacey con una respiración temblorosa, mientras su sexo se contraía.

Su polla había salido por completo. Era larga y gruesa, cubierta abundantemente por sus secreciones y brillante bajo la luz. Los cierres situados a ambos lados de su abertura estaban extendidos y arañaban el aire como si intentaran alcanzar algo. Alcanzarla a ella.

Mientras Lacey contemplaba su polla, la esencia de Telok se acumuló en la hendidura entre las dos puntas de la cabeza y resbaló hacia abajo. Cayó caliente sobre su pelvis.

Lacey se humedeció los labios. ¿A qué sabría? ¿Cómo se sentiría aquella polla sobre su lengua?

Telok siseó. Sus manos inferiores se colocaron a ambos lados de las caderas de Lacey y la levantaron del suelo, obligando a que sus piernas rodearan su cintura.

—Te necesito.

La punta de su polla se colocó contra la entrada de Lacey. Con la mano superior izquierda apoyada en el suelo junto a su cabeza, Telok se inclinó sobre ella. Empujó la pelvis hacia delante al mismo tiempo que tiraba de Lacey hacia sí.

A ella se le cortó la respiración. La gruesa cabeza penetró en su interior. Sintió el ardor de su tamaño estirándola.

Lacey cerró los puños y tensó el cuerpo ante el escozor. No importaba lo húmeda que estuviera. Ni que Telok produjera una lubricación natural que facilitara la penetración. Simplemente era enorme.

Un estremecimiento recorrió a Telok. Con un gruñido, retiró la pelvis.

—¡Oh! Oh, joder. ¡Telok, espera! —gritó Lacey.

Pero él volvió a lanzarse hacia delante. Hundió la polla profundamente dentro de ella.

Lacey gritó. Cerró los ojos con fuerza ante el dolor que estalló en su interior. Todo su cuerpo se contrajo por la brusquedad de la penetración.

No era virgen. Pero había pasado muchísimo tiempo desde la última vez que había mantenido relaciones sexuales o utilizado un juguete. Y Telok… No estaba preparada para aquel grosor.

El agarre de Telok se tensó. Sus cierres se engancharon alrededor de los muslos de Lacey. Violentos temblores recorrieron todo su cuerpo. Pero no se introdujo más profundamente. Y tampoco volvió a retirarse.

Lacey se obligó a relajar el cuerpo mientras contenía las lágrimas.

Inspiró profundamente por la nariz. Expulsó lentamente el aire por la boca.

Podía sentir el pulso de Telok allí donde estaban unidos.

Allí donde permanecía enterrado profunda e íntimamente dentro de ella.

Se concentró en aquel ritmo mientras los latidos de su propio corazón parecían sincronizarse con él.

El nudo de Telok presionaba con firmeza contra su entrada, amenazando con estirarla todavía más. Pero él no lo forzó. Permaneció completamente inmóvil dentro de ella.

—No sabía —dijo Telok entre respiraciones ásperas y pesadas—. No sabía.

Lacey abrió los ojos. Telok la contemplaba desde arriba. Había un brillo salvaje en su mirada, pero la tensión y el esfuerzo eran evidentes.

—¿No sabías qué? —preguntó suavemente.

Las mandíbulas de Telok descendieron y se recogieron contra las mejillas.

—El dolor. Te he hecho daño. Ul selyek elgath’zak vakar kir’al nejas saal vishaxx zikarn.

«No existe un momento en el que quisiera causarte dolor».

El corazón de Lacey aceleró mientras las lágrimas le nublaban la vista.

—Lo sé —dijo ella.

Quería extender una mano y tocarlo. Acariciar su rostro. Pero no se atrevía a luchar contra el agarre de Telok. No se atrevía a moverse.

Había una pulsación intensa y feroz en su interior que aumentaba con cada respiración. Y a medida que su cuerpo se acostumbraba a él, un calor delicioso comenzó a extenderse por ella.

Y se sentía tan… Llena.

Entonces la realidad la golpeó. La polla de Telok estaba dentro de ella. Él estaba… Oh, Dios. Se estaba apareando con ella. La estaba reclamando.

Y conforme el dolor desaparecía, Lacey comenzó a sentirlo realmente en su interior. Lo caliente que estaba. Lo sólido. Cuánto la llenaba. Lo real que era aquel momento.

Una vez más, aquella insoportable energía inquieta floreció dentro de Lacey, calentándole la sangre y haciendo hormiguear su piel. Cada pulsación de la polla de Telok y cada temblor de su cuerpo hacían palpitar su clítoris, necesitado de estimulación.

Decidió probar. Movió suavemente la pelvis. Un gemido escapó de sus labios.

La polla resbaladiza de Telok se deslizó contra sus paredes internas, creando susurros de placer que hicieron que su sexo se contrajera como si se negara a dejarlo marchar.

Telok se estremeció y cerró los ojos. Sus manos se convirtieron en prensas sobre las caderas de Lacey y las garras se curvaron contra su carne.

—Kir’ani vi’jatai.

Lacey acarició suavemente con los dedos la mano que mantenía atrapadas las suyas. Sabía que estaba luchando contra el frenesí instintivo de apareamiento que se apoderaba de los machos vrix. Sabía que se estaba conteniendo por ella. Nunca había agradecido tanto aquel férreo autocontrol.

Pero ahora quería que lo abandonara. Quería que se dejara llevar. Que se rindiera al frenesí.

—Tómame, Telok —dijo Lacey sonriendo, abriendo más los muslos.