El Cazador (Vrix nº 3) 23. Capítulo Veintitrés #2
63%

23. Capítulo Veintitrés #2

La jungla pasó rápidamente a su alrededor hasta que el grupo desapareció de la vista de Lacey.

La tensión irradiaba del cuerpo de Telok, todo su cuerpo temblaba con ella.

—¿Telok? —preguntó Lacey con suavidad.

Su agarre se reforzó mientras un gruñido retumbaba en su pecho.

El deseo prendió dentro de ella. Las vibraciones contra su vientre hicieron palpitar su clítoris y que se entrecortara su respiración.

Las sensaciones solo se intensificaron por aquel agarre posesivo sobre su culo y los pinchazos de sus perversamente afiladas garras.

—¿Adónde me llevas? —preguntó.

—Lejos.

—Bueno, eso ya lo veo.

Finalmente se detuvo en un pequeño claro. El terreno relativamente llano estaba cubierto de helechos, plantas pequeñas, musgo y hojas caídas.

Telok dejó caer las lanzas al suelo, puso a Lacey sobre sus pies y se quitó tanto la bolsa de ella como su propia bolsa, arrojándolas junto a las armas.

—Telok, ¿qué estás…?

Él la agarró por los brazos y bajó el rostro hasta el suyo. Cuando habló, su voz fue áspera y ronca.

—Yo soy tu compañero. Y tú eres mía —gruñó. Aplastó su boca contra la de ella.

La respiración de Lacey se detuvo. Sus ojos se abrieron mientras el mundo entero parecía paralizarse. ¿Había…? ¿Acababa de declarar que era su compañera?

Telok apartó ligeramente la cabeza, la inclinó y volvió a frotar la boca contra la de ella con mayor insistencia.

«Lacey, te está reclamando y te está besando y tú te has quedado ahí plantada».

Saliendo de su sorpresa, cerró los ojos, hundió los dedos en el cabello de Telok y respondió al beso con todo el deseo acumulado durante tanto tiempo. Todos aquellos meses deseando aquello. Ansiándolo… Y ahora Telok era suyo.

«Suyo».

Los brazos inferiores de él rodearon a Lacey y la atrajeron más cerca mientras una de sus manos superiores acunaba la parte posterior de su cabeza, encerrándola en un beso del que ella no quería escapar jamás.

Aquellos largos dedos se introdujeron entre su cabello y las puntas de las garras arañaron su cuero cabelludo, enviando oleadas de hormigueo por todo su cuerpo.

El beso era duro. Intransigente. Capaz de dejar moratones. Castigador. La piel de Telok no cedía ante la suavidad de sus labios. Era como si quisiera marcarla como suya para que todos pudieran verlo.

Pero Lacey quería más. Separó los labios y lamió la línea de la boca de Telok. El agarre de él se tensó. Quedó completamente inmóvil.

Lacey recorrió su boca y los falsos colmillos con la lengua, dándoles un pequeño toque.

—Ábrete para mí, Telok.

El pecho y los hombros de él subían y bajaban con respiraciones ásperas. Obedeció.

Lacey introdujo la lengua en su boca y la deslizó contra la suya.

Un profundo ronroneo reverberó en el pecho de Telok y sus dedos se flexionaron sobre ella.

Animada por su reacción, Lacey volvió a acariciar su lengua, saboreando el toque especiado de su boca.

Todo el cuerpo de Telok estaba rígido y vibraba de tensión.

Y ella no quería nada más que verlo romperse.

Quería que se liberara de aquellas restricciones que se había impuesto.

Que perdiera el control. Que se rindiera al deseo que llevaba tanto tiempo devorándolo. Quería que la tomara.

Lacey retiró la lengua y besó suavemente su boca.

—Bésame, Telok.

Con un gruñido, él entrelazó los dedos en su cabello y tiró de su cabeza hacia atrás.

Sus intensos ojos verdes ardieron sobre los de ella mientras le sujetaba la mandíbula y presionaba sus mejillas, obligándola a abrir más la boca.

—Mía —gruñó Telok.

Su boca descendió sobre la de Lacey. Su lengua larga y hábil se introdujo en ella. El beso fue curioso y exigente al mismo tiempo. No dejó ni un rincón de su boca sin explorar. Ni una parte sin reclamar.

Lacey cerró los ojos y enredó su lengua alrededor de la suya. Telok tomó todo lo que ella ofrecía libremente y exigió todavía más a cambio. Aunque no tenía labios, aquel beso alienígena era abrasadoramente apasionado, salvaje y húmedo. La dejó completamente sin aliento, abrasando su sexo.

El aroma de madera y humo de Telok la envolvió, y Lacey lo aspiró con avidez. Pero había algo más mezclado con él. Algo potente y especiado. Canela y clavo. Aquel aroma inundó sus sentidos, llenándola de calor y haciendo que su sexo se hinchara y humedeciera.

Sus pechos se volvieron pesados. Su piel, sensible.

Y su interior palpitó con un vacío doloroso.

Una energía inquieta comenzó a agitarse dentro de ella.

Necesitaba sus manos sobre su cuerpo. Necesitaba aquella lengua recorriendo su piel.

Necesitaba… Necesitaba su polla dentro de ella, llenando aquel vacío entre sus muslos.

Lacey apretó los dedos en su cabello y acercó todavía más el cuerpo, sintiendo el duro pecho acorazado de Telok contra sus pezones endurecidos. Dejó escapar un suave gemido.

Con un gruñido, Telok apartó bruscamente la cabeza y rompió el beso. El mundo de Lacey dio la vuelta. Su espalda golpeó el suelo, amortiguada por los helechos y musgos.

Abrió los ojos de par en par. Telok se alzaba sobre ella, con las patas apoyadas a ambos lados de las suyas y el cabello sedoso cayendo alrededor de aquel rostro inhumano. Era oscuro. Imponente. De otro mundo. Hermoso.

Lacey alzó una mano para pasar los dedos por su cabello suelto. Telok le atrapó la muñeca.

Antes de que pudiera mover el otro brazo, también se lo sujetó y le inmovilizó ambas manos sobre el suelo por encima de la cabeza con una única mano enorme.

—Telok… —susurró.

Intentó liberar las manos. Necesitaba tocarlo. Pero él no le permitió escapar.

Con una velocidad aterradora y excitante, atrapó el escote de su vestido con las manos inferiores y tiró de él por el centro, desgarrando los finos tirantes y dejando sus pechos al descubierto ante aquella mirada hambrienta.

Lacey jadeó.

Antes siquiera de que la seda destrozada terminara de caer, Telok enganchó los dedos en la cintura de sus pantalones. Levantándole el culo, rasgó la tela con las garras y arrancó los restos por sus piernas, quitándole también las botas. La dejó completamente desnuda bajo él.

Sus brillantes ojos verdes se clavaron en su pecho. Respirando entrecortadamente, cubrió sus pechos con las manos inferiores. Sus palmas llenas de callos rozaron los pezones endurecidos mientras los apretaba.

—Tan… suaves —dijo con voz ronca.

—Así —suspiró Lacey mientras arqueaba el cuerpo hacia su contacto—. Oh, Dios, tócame más.

Telok amasó su carne. Su caricia era posesiva y reverente a la vez. Los párpados de Lacey descendieron mientras él jugaba con sus pechos.

Cada roce de las palmas sobre sus pezones enviaba deliciosos estremecimientos por su cuerpo y hacía que su sexo se contrajera. No estaba simplemente masajeándola. Parecía venerar sus pechos. Obsesionado con la sensación de tenerlos entre las manos.

Atrapó uno de sus pezones y lo pellizcó.

—¡Telok! —jadeó Lacey.

Los ojos se le abrieron al dispararse el placer directamente hasta el clítoris.

—Tan sensibles… —gruñó Telok, mientras un temblor le recorría.

Lentamente, como si hacerlo requiriera toda su fuerza de voluntad, dejó que las manos descendieran. Sus garras rozaron la piel de Lacey, dejando estelas de placer a su paso.

Ella contempló aquellas manos mientras viajaban hacia abajo. Sobre su vientre marcado de cicatrices. Por la curva de sus caderas. Telok se detuvo para acariciar con los pulgares los rizos rojos de su vello púbico.

En sus ojos apareció el mismo asombro que los había iluminado cuando había acariciado la trenza que Lacey había colocado en su nueva lanza. Después cerró las manos alrededor de sus muslos y le separó ampliamente las piernas. Exponiendo su sexo. La ardiente mirada de Telok se asentó allí.

Un gruñido reverberó desde su cuerpo con tanta profundidad y fuerza que podría haber sido el propio suelo temblando bajo Lacey. La intensidad de aquella mirada fija y hambrienta la hizo retorcerse por la necesidad de que la tocara.

Cada segundo estaba más húmeda. Su excitación resbalaba entre sus nalgas.