El caso Marta Cuesta (Aresti 1) Capítulo 13 #4
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Capítulo 13 #4

—Cuadro completo. Le va a caer prisión provisional sin fianza a Pizarro y a Don Fernando esta misma tarde cuando pasen a juez.

La pieza pasa a Audiencia Nacional el lunes por blanqueo internacional vinculado al macroproceso.

Tu apellido va a aparecer en la causa pasada, pues Joseba está en el árbol original, no por nada nuevo. Pero va a aparecer.

—Lo asumo.

—Mercedes Galán.

—¿Sí?

—Aldea va a llamarla esta tarde para citarla a declaración formal el lunes por la mañana. Le avisas tú primero, mejor que lo sepa por ti que por una llamada policial.

—La llamo en una hora.

—Iglesias Robles no detenido. La sociedad Servicios Auxiliares Madrid Norte queda como pieza pendiente para el barrido secundario.

La Audiencia Nacional decide si tira de él en la misma operación o lo deja para una fase posterior.

Probablemente fase posterior, porque tirar de él ahora alerta al primo y Eladio puede usar esa alerta para mover dinero antes de que le congelen cuentas.

—Eladio.

—Eladio Quintero en paradero desconocido desde anoche a las once de la noche —los compañeros lo siguieron desde su casa de Madrid hasta una gasolinera en la salida cuarenta y dos de la A-2, donde paró a echar gasolina, se metió al baño, no salió.

Cuando los compañeros entraron al baño veinte minutos después, no estaba.

Ventana de medio metro al fondo del aseo, veinte años de oficio y se nos ha ido por la ventana de un Repsol.

Coche aparcado fuera con las llaves dentro.

Eladio se ha fugado durante la noche, posiblemente avisado por alguien.

No por ti, no por mí, no por Aldea —Aldea trabajó con tres compañeros muy contados—.

Estamos investigando si la fuga viene del lado del fiscal o del juez, lo cual sería gordo.

Pero lo más probable es que Eladio tenía un sistema de alerta propio que le avisó a través de algún cobro no monitorizado de Iglesias Robles o del primo.

La AN pone orden europea de busca esta tarde.

Eladio fugado complica el caso pero no impide la condena de Pizarro y Don Fernando, que tienen suficiente material en su contra independiente.

—Anotado.

—Aresti.

—Dime.

—Una cosa más. La abuela Encarna López ha sido informada hace una hora por Aldea como familia de la víctima.

Aldea le ha dicho que la pieza nueva la abre por aportación pericial externa de una consultora forense privada.

Encarna le ha pedido a Aldea que te pase el agradecimiento.

Que le diga a la perita que mi nieta va a saber algún día que su madre no la dejó.

Eso es lo que ha dicho Encarna, palabras textuales según Aldea, y yo te lo paso a ti como me lo ha pasado él a mí.

Aresti se quedó cinco segundos sin decir nada. La voz de Toledo, al otro lado, esperó.

—Vale.

—Aresti.

—Dime.

—Has hecho lo que tenías que hacer.

—Lo otro lo has hecho tú.

—Lo otro lo hemos hecho entre las dos.

—Vale.

—Te llamo cuando haya algo más. La declaración de Mercedes el lunes va a ser por videoconferencia con Aldea, no en comisaría. Tú puedes acompañarla si ella te lo pide.

—Si me lo pide, voy.

—Bien. Hablamos la semana que viene.

—Hablamos.

Toledo colgó. Aresti se quedó con el inalámbrico en la mano y la taza de café en la otra.

La cocina del piso de Majadahonda en silencio salvo por el zumbido bajo del frigorífico.

Fuera, la primera escarcha de noviembre empezaba a evaporarse por la pared sur de la urbanización con el primer rayo de sol que se asomaba entre las nubes a las ocho y veinte de la mañana.

Aresti dejó la taza en el fregadero. Subió al cuarto.

Lau seguía dormida. Aresti se sentó en el borde de la cama. Lau abrió los ojos sin moverse, la miró, leyó su cara en dos segundos, así que asintió.

—¿Cerrado?

—Cerrado.

Lau le tendió la mano. Aresti se la cogió. Se quedaron así cinco minutos, sin decir nada más, con la luz del primer sol de noviembre subiendo despacio por la pared del cuarto.

A las nueve Lau bajó al baño a ducharse. Aresti subió al laboratorio.

Las dos pizarras seguían en la pared como las había dejado el martes por la noche.

La pizarra del caso Marta a la izquierda con el cuadro casi entero.

La pizarra de Joseba a la derecha con cuatro líneas y cuatro interrogantes, intacta.

Aresti cogió un rotulador rojo de la repisa.

Se acercó a la pizarra del caso Marta. Empezó por la columna de la derecha, la que terminaba en PIZARRO + EJECUTOR .

Trazó una línea horizontal por encima del nombre: cerrado .

Bajó a DON FERNANDO + CUSTODIA . Otra línea: cerrado .

Subió a MERCEDES + TESTIGO . cerrado . Bajó a SObrE 23 SEP .

cerrado . Subió a ELADIO + CABECILLA . Se detuvo.

Eladio, claramente, no estaba cerrado —Eladio estaba fugado—.

Aresti no le tachó. Le añadió un signo de interrogación rojo al lado del nombre.

Bajó a VEGA . Línea horizontal roja: cerrado .

Bajó a MARTA . Línea horizontal roja: cerrado .

Tapó el rotulador. Lo dejó en la repisa. Miró las dos pizarras juntas un minuto entero —la del caso Marta con seis tachones rojos y un signo de interrogación nuevo al lado de Eladio, pero la de Joseba intacta con cuatro líneas y cuatro interrogantes y un título sin tachar—.

El caso Marta estaba cerrado.

El caso Joseba acababa de empezar.

* * *