El caso Marta Cuesta (Aresti 1) Capítulo 11 #5
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Capítulo 11 #5

Lo que decía la nota, en bruto, era que la Audiencia Nacional había acordado el quince de octubre la reapertura de una pieza separada de una macrocausa por blanqueo internacional iniciada en dos mil once, archivada provisionalmente en dos mil dieciséis por falta de pruebas concluyentes, y que se reabría por aparición de nuevos elementos documentales aportados por la Fiscalía Anticorrupción .

La pieza separada en cuestión se refería a un entramado de sociedades con conexiones en Andorra y Uruguay, con apellidos del entramado original mencionados como familia Aresti, sociedad patrimonial Aresti-Otero, y otros nombres del sector industrial vasco-asturiano .

La nota citaba fuentes fiscales sin más detalle.

La nota terminaba diciendo que la pieza separada se asignaba al juzgado central número cuatro y que la próxima diligencia estaba prevista para el mes siguiente.

Kira leyó las palabras familia Aresti, sociedad patrimonial Aresti-Otero dos veces más. Apoyó la espalda en el respaldo de la silla y se quedó cuatro segundos mirando la pared de enfrente sin ver nada.

La nota tenía dos cosas raras y una cosa muy rara.

La primera cosa rara era que la pieza separada se hubiera reabierto el quince de octubre y el suplemento económico la hubiera publicado tres días después, lo cual era un retraso pequeño pero anotable para una redactora de tribunales que tenía que estar al día.

La segunda cosa rara era que la nota no aportaba información nueva sustantiva —el archivo de dos mil dieciséis era público, los apellidos del entramado original eran conocidos desde dos mil once, y el dato de los nuevos elementos documentales aportados por Fiscalía estaba dado sin detalle, lo cual quería decir que no era news en sentido fuerte, era anotación de movimiento procesal sin contenido.

La cosa muy rara era el nombre Aresti-Otero .

La sociedad patrimonial de la familia Aresti se llamaba Aresti-Otero S.A.

, sí, pero ese nombre no aparecía en ninguna pieza del macroproceso original de dos mil once.

Lo que aparecía en aquel proceso era la rama de Joseba Aresti —sociedades que Joseba había abierto a su nombre y al de testaferros suyos, no la patrimonial de la familia.

La patrimonial era de Javier, era la sociedad madre de la familia, era la pieza limpia que Javier había mantenido fuera de cualquier salpicadura desde que había estallado lo de su hermano hacía cuatro años.

Si la nota de Lucía Pellicer Roig metía el nombre Aresti-Otero dentro del entramado original, la nota estaba o mal documentada, o desinformada por una fuente, o intencional.

Kira buscó a Lucía Pellicer Roig en LinkedIn.

Veintinueve años, cinco años de carrera periodística, dos en agencia y tres en tribunales.

Currículum normal. Buscó el resto de notas que había firmado en El Confidencial las últimas seis semanas —diez notas, todas de Audiencia Nacional, todas de movimientos procesales menores, todas con el mismo registro técnico y aburrido.

Las leyó por encima. Ninguna mencionaba a la familia Aresti ni a Joseba ni nada relacionado. Sólo esta del fin de semana.

Buscó el recorrido de la nota en otros medios.

La cogieron Vozpópuli y El Independiente , las dos en breves sin desarrollo, las dos manteniendo la misma fórmula familia Aresti, sociedad patrimonial Aresti-Otero .

Aunque ninguna añadió información propia.

Expansión y El Economista no la cogieron.

Cinco Días tampoco. La nota había circulado en su forma original, pero sin que nadie la hubiera contrastado.

Kira escribió en la libreta:

Nota AN. Lucía Pellicer Roig (El Confidencial, 18 oct).

Reapertura pieza sep. macrocausa 2011. Nombre Aresti-Otero S.A.

metido dentro del entramado original —ERROR factual o INTENCIONAL.

Aresti-Otero es la patrimonial de la familia, fuera del macroproceso.

Pieza original era de Joseba, no de la patrimonial.

Y debajo:

¿Por qué ahora? ¿Por qué Aresti-Otero? ¿Quién le ha pasado a Pellicer la nota?

Cerró la libreta. Se levantó. Caminó hasta la pizarra del laboratorio, miró el cuadro del caso Marta que llevaba ahí desde la semana pasada, y se quedó un minuto en silencio mirándolo, aunque sin verlo.

Después fue al fondo del laboratorio, cogió otra pizarra pequeña que tenía guardada para esquemas paralelos, la sacó, la apoyó contra la pared del fondo.

La pizarra del caso Marta a la izquierda.

La pizarra nueva a la derecha. Eso era el mapa físico de los dos hilos del libro, montado por primera vez sobre una pared.

En la pizarra nueva escribió arriba con rotulador negro:

JOSEBA —RASCAR.

Debajo, dos columnas:

Borja —preguntó cena domingo

Pellicer —escribió nota 18 oct

Y en la base de las dos columnas, en mayúsculas:

¿COINCIDENCIA O EMPUJE?

Tapó el rotulador. Lo dejó en la repisa. La pizarra se quedó así, de momento. Bajó al salón.

Eran las seis y diez de la tarde de lunes.

Lau estaba en el sofá del salón con un libro y los pies descalzos sobre el reposapiés. La luz del salón era ya artificial. Levantó la vista al verla bajar.

—¿Y?

—Y nada. La nota de El Confidencial es rara pero no concluyente.

La he leído tres veces. Mete el nombre de la patrimonial de mi padre dentro del entramado original sin que tenga por qué estar ahí.

Puede ser un error de la redactora, puede ser desinformación de una fuente, puede ser empuje de alguien que quiere ver cómo reacciona la familia. No lo sé hoy. Lo voy a dejar enfriar.

—¿Vas a llamar a tu padre?

—Mañana. Hoy no.

Lau dejó el libro abierto bocabajo en el reposabrazos. Se levantó. Fue a Kira, le pasó la mano por la nuca, se quedó así diez segundos.

—Niña.

—Estoy aquí.

—Has comido poco al mediodía.

—Lo sé.

—Voy a hacer cena pronto.

Kira asintió desde el sofá.

Lau bajó a la cocina. Kira se sentó en el sofá.

Cogió el libro que Lau había dejado abierto bocabajo —era una novela de espías de los años setenta que Kira tenía en la librería del salón y que Lau había estado picoteando desde hacía un mes—, lo cerró con cuidado, lo dejó sobre la mesa. Se quedó mirando el techo.

Mercedes Galán había cerrado la mañana. La nota de Pellicer había abierto la tarde.

El día había sido el día más denso de información del caso desde el lunes anterior, aunque la información no encajaba toda en el mismo cuadro, y la cabeza de Aresti tenía a estas alturas dos pizarras y no una, y eso era exactamente la temperatura que tenían los casos cuando dejaban de ser un caso y se empezaban a parecer, realmente, a la vida real, donde nada cierra a tiempo.

Subió otra vez al laboratorio cinco minutos antes de la cena.

Sacó la libreta Moleskine pequeña suya del bolso.

La abrió por la primera página en blanco después de las anotaciones del día.

La giró. Miró las dos páginas pegadas —la página densa de notas del café de Mercedes a la izquierda, la página con la nota de Pellicer y el árbol del primo segundo Iglesias Robles a la derecha—.

Las dos páginas pegadas en la misma libreta sin que de momento se tocaran.

Las dejó así, cerró la libreta.

Mañana llamaría a su padre.

* * *