Capítulo 90
—¿Y Hess? ¿Habéis sabido algo de él? ¿Os ha llamado en algún momento del día para pedir asistencia o algo?
La misma Thulin oye que suena impaciente y fría, y tiene mala conciencia por Raheem, que responde tranquilo al otro lado de la línea, aunque trabajo no le falta.
—No, no he tenido noticias suyas.
—¿Y alguien del equipo? ¿Los ha llamado o escrito?
—Un momento, lo compruebo.
Thulin sale a la oscuridad ante la casa de Marie Holst, mientras por el teléfono oye los enérgicos pasos de Raheem en el pasillo del NC3 para preguntarles a los compañeros si alguno ha tenido noticias de Hess.
Por el camino del jardín, ve la calle, en la que ya solo queda un coche con dos agentes que montarán guardia en el domicilio.
El resto de los coches patrulla y vehículos sin distintivos ha ido saliendo para tomar parte en la búsqueda de Therese Solkær y Marie Holst.
La información de Budtz de que un vecino creía haber visto a una mujer que responde a la descripción de Therese Solkær dando marcha atrás hasta el garaje y cargando el coche con sacos y escombros envueltos en plásticos para luego marcharse había hecho que Thulin se preocupase seriamente por el destino de Marie Holst. En el rostro de Nylander, había advertido que también él pensaba que Marie Holst podría haber sufrido el mismo cruel trato que las víctimas mortales, pero, como Tom Holst estaba presente en la cocina, habían evitado mencionar esa posibilidad.
En su lugar, se había emitido de inmediato un aviso de búsqueda de Marie Holst al público, mientras que el aviso de búsqueda de Therese Solkær y su coche, un viejo Skoda familiar azul oscuro, solo se había difundido por la radio de la policía.
Nylander había subrayado ante Budtz y los demás investigadores la importancia de esto último: si Therese Solkær entendía por la orden de búsqueda en las noticias que era sospechosa y estaba siendo buscada, no se sabía lo que le haría a Marie Holst, si es que Marie Holst seguía viva.
En su lugar, se envió a agentes a todos los lugares con los que se sabía que Therese Solkær había tenido contacto y a los que podría volver a acudir.
El juzgado de familia, la iglesia que había sido un lugar de encuentro habitual para el grupo de duelo, la casa adosada en Tingbjerg, los antiguos lugares de trabajo, etcétera.
En la sala de operaciones de la comisaría, se había creado además un centro de búsqueda, donde el personal revisaba todas las cámaras de tráfico del Gran Copenhague, pero hasta el momento todos los esfuerzos habían sido en vano.
Tom Holst tampoco había podido aportar más información, y su interrogatorio se había interrumpido cuando sus hijos, Thor y Malte, llegaron a casa.
Tom Holst le había pedido a su hijo mayor, Thor, que fuera a recoger a su hermano pequeño al club de ocio, y los dos niños se habían mostrado asustados y abatidos ante la abrumadora presencia de policías por toda la casa.
Habían abrazado a su padre. A Thulin le resultaba insoportable pensar que, hacía solo unos años, los tres habían perdido a su hija y hermana mayor, y ahora tenían que volver a pasar por la angustia y la incertidumbre.
Por desgracia, Thulin tuvo que informarles de que la policía debía hablar con los dos chicos para averiguar qué sabían.
El mayor, Thor, había contado que Therese Solkær había ayudado mucho a su madre últimamente y que había participado también en la reforma de la casa.
La había oído comentar que vivía en una casa de campo, pero no sabía dónde.
Thulin y Nylander, por supuesto, habían preguntado minuciosamente por esa casa, pues en ninguna de las búsquedas sobre Therese Solkær aparecía que fuera propietaria de una, pero Thor no sabía nada más.
Por otra parte, en la descripción que el chico hacía de la amistad entre las dos mujeres, no había nada que indicara un conflicto latente, por lo que Thulin pensó que, si la mujer se había llevado a Marie Holst por la fuerza, debía ser porque de repente se había producido una situación en la que pensó que la habían descubierto.
Cuando Thor se dio cuenta de que Therese Solkær era la sospechosa de tener algo que ver con la desaparición de su madre, se sintió abrumado por la culpa y lloró por la forma en que se había comportado con ella.
Su hermano pequeño, Malte, había intentado consolarlo e insistió en que Therese Solkær no le haría nada a su madre.
La imagen de los dos niños era desgarradora, pero creer que el hermano pequeño pudiese tener razón era bastante difícil.
Thulin había cruzado los dedos para que Raheem y la investigación de su equipo sobre Therese Solkær en los registros de la administración pudieran proporcionar nuevas ideas de lugares o personas que la mujer quizá buscara, pero, según le dijo cuando volvió a llamar para informarla, no había sido así.
Sin embargo, a diferencia de sus pesquisas sobre Mia Reimer Jensen, las indagaciones sobre Therese Solkær y su número de la seguridad social habían proporcionado una gran cantidad de información que Thulin desearía haber tenido en su poder mucho antes.
Según Raheem, Therese Solkær había comenzado su formación como trabajadora social en la Escuela de Trabajo Social de Østerbro en 2003, y se había graduado en 2007.
Durante los siguientes trece años, había ejercido de trabajadora social, pero durante este periodo era llamativo el número de veces que había cambiado de lugar de trabajo, muchas de ellas en el Gran Copenhague y alrededor de Selandia.
Aunque podría haber muchas buenas razones para los frecuentes traslados, la lista de Raheem de los informes policiales de Therese Solkær durante el mismo periodo había dejado a Thulin con una impresión diferente.
En varias ocasiones había sido denunciada por «amenazas y acoso» por usuarios varones para quienes había ejercido de tramitadora: una vez en el municipio de Næstved, dos veces en el municipio de Solrød, dos veces en Albertslund, etcétera.
En algunas de las denuncias había también, según Raheem, quejas de los usuarios por «atención sexual no deseada» e «intimidación».
La policía investigó rutinariamente los casos, pero, como los servicios sociales habían respaldado siempre la explicación de Therese Solkær de que se trataba de un acto de venganza por parte del usuario en cuestión, al que ella iba a investigar por fraude en relación con el cobro de las prestaciones sociales, todas las denuncias habían sido desestimadas.
En una anotación de 2020, cuando Therese Solkær tendría unos treinta y ocho años, Raheem vio que finalmente había sido despedida de los servicios sociales del municipio de Allerød.
Según los archivos del caso, esto no sucedió debido a una denuncia de un usuario.
Lo que ocurrió fue que su empleador la acusó de tener una relación sexual con un desempleado de veinticinco años, que estaba estudiando para ser cocinero y tenía problemas para conseguir una plaza de aprendiz.
Therese Solkær recurrió la acusación, y el despido se justificó como «reestructuración», pero en el censo Raheem descubrió que el hombre en cuestión, Lukas Evaldsen, se había empadronado poco después en la misma dirección que Therese Solkær.
Resultó que después Therese Solkær entró a trabajar en un nuevo municipio, pero unos meses más tarde cayó enferma por «graves complicaciones durante el embarazo».
La baja había durado el resto del año y hasta noviembre de 2020, cuando, por una parte, aparecía que Therese Solkær y Lukas Evaldsen habían contraído matrimonio en el ayuntamiento de Gladsaxe y, por otra, que Therese Solkær había dado a luz a un niño en el hospital de Herlev.
Thulin aguzó bien los oídos en esa parte del resumen de Raheem, porque llevaba a la foto de Navidad que Therese Solkær había enviado a Aggersminde ese año. Pero la información que Raheem reveló posteriormente demostraba que Caroline Holst no estuvo trabajando para una familia armoniosa y funcional.
Según Raheem, en 2021 se recibieron varias quejas de vecinos por riñas domésticas en el domicilio de la pareja en la calle Toftemarken de Tingbjerg, y una de las veces la policía constató a su llegada que Lukas Evaldsen había sufrido una lesión importante en el ojo.
Él mismo afirmó que se debía a una desafortunada caída.
Al parecer, según el censo, había trasladado su dirección en mayo, y poco después presentó una petición de divorcio que, sin embargo, no fue firmada por Therese Solkær.
Tampoco fue ese el final de las discusiones.
Dos veces en los meses siguientes se acercó el hombre a la comisaría de la policía local y denunció a Therese Solkær por acoso y amenazas, a la vez que indicó que no se le permitía ver a su hijo.
La policía local abrió una investigación sobre las afirmaciones de Lukas Evaldsen, que repitió en una tercera denuncia, algo destacado especialmente por Raheem.
Lukas Evaldsen había expresado en esa ocasión su preocupación por lo que Therese Solkær podría hacerle a su novia si se enteraba de que la tenía.
Sin embargo, Lukas Evaldsen no había querido revelar su nombre hasta que la policía no se tomara en serio sus afirmaciones sobre su expareja.
Lamentablemente, esas fueron las últimas palabras que tuvo ocasión de pronunciar respecto al caso.
La última vez que su nombre y el de Teresa Solkær aparecían en el mismo informe policial era con Lukas Evaldsen como fallecido y ella como pariente cercana.
Al parecer, según un informe de la policía, Lukas Evaldsen había recogido a su hijo en la guardería sin previo acuerdo y había huido en un coche de Green Mobility con el niño, pero el vehículo había tenido un accidente en una carretera desierta, cerca de la autopista de Elsinor.
Ambos, Lukas Evaldsen y el niño, murieron.
En la investigación de las huellas de los neumáticos y de las marcas de frenada en el lugar del suceso, la Comisión de Accidentes encontró motivos para sospechar que otro automóvil había adelantado al de Green Mobility y posiblemente lo había sacado de la calzada, pero, dado que el accidente ocurrió sin testigos, el asunto aún no estaba resuelto.
Por lo que Raheem había podido comprobar, el accidente había ocurrido en septiembre de 2021, y, poco menos de una semana antes, Caroline Holst había recibido el primer mensaje del acosador desconocido, pero en los registros de la administración ya no figuraba más información sobre Therese Solkær, excepto que unos meses después había sido empleada por el juzgado de familia como asesora en un grupo de apoyo, del cual había sido despedida a principios de diciembre del año pasado.
Esta información no era nueva para Thulin.
—Sí, hola. —Vuelve a oírse la voz jadeante de Raheem en el teléfono justo cuando ella se sube al automóvil y cierra la puerta—.
Nadie en el equipo ha tenido noticias de Hess desde la semana pasada.
Hasta donde sabemos, hoy no ha pedido asistencia, así que tal vez solo se reunió con la especialista en genética para enviarle la información a Nylander.
Thulin mira por el parabrisas sin contestar. A pesar de la muerte de Jon, le cuesta imaginar que Hess se molestara en reunirse con Klakstein solo para enviarle un mensaje de texto a Nylander con la información, pero no quiere robarle más tiempo a Raheem.
—Está bien. Gracias, Raheem. Llámame si hay algo.
—Por supuesto.
Cuelga y sabe que ahora tendrá que dedicarse de nuevo a intentar encontrar a Therese Solkær, pero llevará un tiempo del que no disponen, y por eso es por lo que Thulin quiere saber qué ha estado haciendo Hess.
Suponía que podría haberse puesto en contacto con el equipo de Raheem para pedirles ayuda en la búsqueda del pariente cercano de Bertel Reimer Jensen que Klakstein había mencionado, pero no había sido el caso.
Thulin vuelve a llamarlo, pero una vez más salta el contestador y ella cuelga.
Cuando enciende el motor y está a punto de poner el intermitente para incorporarse al tráfico, pisa bruscamente el freno y se detiene para dejar pasar a un grupo de niños que van pedaleando bajo la nevada, con las mochilas a la espalda.
Al pasar junto a ella, vislumbra a uno de ellos con un monopatín sujeto a la mochila de la misma manera que suele llevarlo Le, y esa imagen hace que Thulin vuelva a coger el teléfono.
Rápidamente llama y, durante unos largos instantes, no sabe si va a responder, pero entonces escucha la voz arisca de Le.
—¿Qué pasa?
Thulin se acuerda de que el lío con Bjørn había generado un ambiente complicado cuando dejó a Le en casa. Intenta sonar amable y tranquila al responder al brusco saludo de su hija.
—Hola, cielo. Siento molestarte, pero necesito tu ayuda. ¿Todavía tienes a Mark en tu Snap Map?
—¿Por qué?
—No es que esté enfadada ni nada así. Pero ¿está en el mapa? Es importante que lo encuentre.
Le no contesta. Pasa un momento y Thulin puede sentir que la impaciencia se va apoderando de ella, aunque intenta controlarse.
—¿Hola? ¿Le? ¿Estás ahí?
La voz de Le regresa con monótona indiferencia.
—Estaba comprobándolo, pero no veo dónde está. Su batería se agotó hace treinta y dos minutos, y estaba cerca de un sitio llamado fiordo de Roskilde. ¿Por qué?
Al principio, Thulin no entiende nada. No hay razones obvias por las que la reunión con Klakstein lo haya llevado al fiordo de Roskilde, y por un momento le sorprende que Raheem tenga razón en que Hess simplemente le pasó el mensaje de Klakstein a Nylander para quitárselo de en medio.
Pero entonces, de repente, recuerda lo que en su día había junto al fiordo de Roskilde. Y cae en la cuenta de hacia dónde se dirige Hess.