El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 88
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Capítulo 88

Cuando Thulin por fin llega y aparca junto al adosado de Marie Holst, ya ha oscurecido y el lugar está tomado por varios coches patrulla y vehículos policiales sin distintivos.

Por el número de efectivos, no puede saber qué ha ocurrido dentro de la casa y corre hacia la vivienda.

A la luz de las farolas, ve a ambos lados de la casa que Budtz y otros investigadores están llamando a las puertas de los vecinos y aprieta el paso todo lo que puede por el camino limpio de nieve.

A través de las puertas abiertas del garaje, a la derecha de la del jardín, observa a un par de policías vestidos con ropa de invierno que registran el interior; cuando llega a la escalera de entrada, advierte que la puerta principal de la casa de Marie Holst está entreabierta, con claros signos de haber sido forzada.

El cilindro de la cerradura está torcido y sobresale, y debajo, en el felpudo, hay serrín y trozos de madera desprendidos del marco de la puerta, lo que aumenta la preocupación de Thulin.

De inmediato, se da cuenta de que nadie debió de abrir cuando, a instancias de Thulin, llegaron los agentes y llamaron para localizar a Marie Holst, y, con el corazón encogido, Thulin empuja la puerta y entra en la vivienda.

En el coche, parada en un arcén en Selandia Central, tras reconocer a Caroline Holst en la foto de Navidad con Mia Reimer Jensen, Thulin recordó dónde había visto a esa mujer.

Una semana antes acompañaba a Marie Holst cuando esta acudió a la jefatura de policía e insistió en entrevistarse con un investigador.

Thulin también recordó que la mujer se había presentado con un nombre totalmente diferente y, cuando la subdirectora interina del juzgado de familia le puso nombre a la asistente social externa que había sido despedida, de pronto Thulin recordó lo que había dicho la mujer cuando se presentó brevemente en el pasillo.

«Me llamo Therese y soy amiga de Marie, del grupo de duelo…».

Al recordarlo, el corazón de Thulin arrancó a galopar.

Confusa y con malos presentimientos, llamó a Marie Holst. No podía imaginar por qué Mia Reimer Jensen, alias Therese Solkær, tenía una amistad tan cercana con Marie Holst como para llamarla amiga, pero el instinto le decía que esta, con gran probabilidad, no sabía nada del historial de su amiga y del hecho de que Caroline la había conocido.

Marie Holst no había respondido ni a la primera ni a la segunda llamada.

Rápidamente puso rumbo de nuevo hacia Copenhague y, durante el viaje, intentó dar con Nylander.

Tras repetidas llamadas y un mensaje con la foto de Navidad, por fin la telefoneó y, en un apresurado discurso, intentó ponerlo al día de lo que había averiguado.

No le había causado mucha impresión que el criminal Bertel Reimer Jensen tuviera una hija internada hace más de treinta años en Aggersminde, pero, cuando le contó que la hija no era otra que la mujer de la foto de Navidad y probablemente la Therese Solkær que con fecha del primero de diciembre del último año había sido despedida de un grupo de apoyo en el juzgado de familia por comportamiento indebido, las objeciones de Nylander se convirtieron en silencio.

Thulin pensó que tan solo estaba tomando aire para atacar con una lluvia de contraargumentos, pero él siguió escuchando concentrado, incluso cuando le transmitió su preocupación por Marie Holst, que no debía de saber que había habido una relación entre Caroline y Therese Solkær.

«Pero ¿por qué aparece Caroline Holst en una foto de Navidad junto a esta persona? ¿Y cuál podría ser el motivo para asesinarla?», había preguntado Nylander.

Thulin no podía responder a eso. En la foto, la posición de Caroline Holst en la alfombra del suelo con el bebé en brazos vestido de duende le hizo recordar que la joven había trabajado como canguro para diversas familias, y quizá fuera ese el motivo por el que salía en la foto, pero Thulin no podía saberlo con seguridad.

Tampoco se imaginaba cuál podría haber sido el motivo para el asesinato de Caroline Holst.

Sin embargo, Nylander había oído suficiente y, para alivio de Thulin, había interrumpido abruptamente la conversación para poner en marcha la respuesta.

Hizo el viaje de regreso a Hvidovre todo lo rápido que la nevada le permitía, pero por el camino no supo nada más de Nylander y, cuando mira el salón-cocina de Marie Holst, sigue sin poder hacerse cargo de la situación.

Aparte de los agentes presentes en el adosado, a los que oye moverse tanto por el primer piso como por el sótano, la casa parece normal y en orden.

Incluso más que cuando Thulin la vio la primera vez.

Está claro que la vivienda ha sido adecentada.

El desorden acogedor ha sido reemplazado por un orden más pulcro y también con más adornitos y macetas de flores en el alféizar de las ventanas.

En ninguna parte de la cocina puede Thulin detectar señales de que haya sucedido algo violento, pero al fondo de la habitación, en la esquina con el sofá, están Nylander y un investigador hablando con un hombre de unos cuarenta y cinco años vestido con ropa de trabajo.

El hombre parece agitado, y su voz tiembla ansiosamente mientras se inclina impaciente hacia Nylander.

—Pero ¿qué temen que pueda haber sucedido? ¡Si Marie ha desaparecido, deben encontrarla!

Nylander ve a Thulin y se levanta al momento, dejando que el inspector continúe el interrogatorio.

—¿Quién es? —pregunta ella en voz baja cuando Nylander se acerca.

—Tom Holst, el exmarido de Marie Holst. Cuando comprobamos que la casa estaba vacía y su móvil apagado, comenzamos una ronda de llamadas y él vino hacia aquí porque se asustó cuando contactamos con él.

—¿Sabe algo?

—Nada de dónde está ahora Marie Holst. Solo que Therese Solkær es una amiga que conoció en el grupo de duelo, tras la muerte de su hija. La ha visto en muy pocas ocasiones y no puede decir nada más que todas las veces le ha parecido que a ella no le gustaba su presencia.

—Pero, si Marie Holst no está aquí, puede que esté en su trabajo, en el instituto. Podría ser que solo…

—No.

Nylander pincha rápidamente las esperanzas de Thulin y la mira con los labios apretados.

—Ya lo hemos comprobado y ha estado de baja por enfermedad durante toda la semana. Dado que el móvil de Therese Solkær también está apagado, podría ser que hubiera sucedido algo desagradable, así que ahora concéntrate en contarme qué demonios puede ser.

Su tono es brusco y la mira expectante con un rictus que ella no llega a comprender bien.

—Pero es que no lo sé. Raheem buscó a Therese Solkær en los registros y me dijo que tenía su residencia en…

—Tingbjerg. Ya hemos mandado gente allí. Es una casa unifamiliar vacía sin ningún mueble y que lleva en venta un par de años. ¿Dónde más podría estar?

Vuelve a mirarla con brusquedad. Thulin rebusca, pero no tiene ninguna propuesta de dónde pueden encontrarse Therese Solkær o Marie Holst, y, antes de que pueda pensarlo bien, él pierde la paciencia.

—¿Por qué cojones no dijiste nada de esto antes?

—No sabía a dónde nos podría llevar…

—Pero podrías haber dicho algo. Podríais haber dicho algo. En cambio, te dedicas a ir desempolvando cosas en un viejo orfanato, mientras Hess se reúne con Klakstein en el departamento de Genética Forense, ¡y ninguno de los dos se toma la molestia de informarme antes de que sea demasiado tarde!

Thulin empieza a enfadarse y va a hacerle notar que era él quien no estaba especialmente interesado en sus intentos de dirigir la investigación en una dirección diferente a la de Torsten Vangsø, pero la información sobre Hess la sorprende.

—¿En el departamento de genética? ¿Hoy?

—No te hagas la tonta. En un jodido mensaje, me dice que le han confirmado que el ADN de la uña de Caroline Holst proviene de un pariente cercano de Bertel Reimer Jensen, pero, cuando ahora llamo a Hess, no me contesta. ¿¡En qué demonios estáis pensando!?

Thulin no llega a recuperarse antes de ser interrumpidos.

—¡Jefe!

Es Budtz quien entra a la cocina y busca afanosamente la atención de Nylander.

Al avanzar por la habitación, descubre que es Thulin quien está junto a Nylander, y parece perder el paso cuando sus miradas se cruzan.

Thulin no lo ha visto desde su comportamiento provocador antes de la rueda de prensa, pero la confianza en sí mismo parece que ha sido reemplazada por preocupación cuando ahora mira a Nylander.

—Acabo de hablar con un vecino. Una mujer que coincide con la descripción de Therese Solkær fue vista alejándose de aquí hace una hora. El vecino dice que parecía que estuviera cargando el coche con sacos y escombros envueltos en plásticos antes de partir.