El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 83
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Capítulo 83

—Ni hablar. Ahora se sienta y le sirvo alguna bebida caliente mientras pongo su abrigo a secar encima del radiador.

Hess está a punto de protestar, pero la genetista Torunn Klakstein ya le ha quitado el abrigo de las manos y lo está llevando a uno de los grandes radiadores que el laboratorio tiene junto a las ventanas.

Había llegado tan solo unos minutos antes.

La mujer, de unos sesenta y cinco años y jefa del departamento de Genética Forense del Rigshospital, le había tendido la mano.

Al estrechársela y comprobar que la tenía helada como un carámbano, se había fijado también en su ropa mojada.

La impresión de persona gélida que a Hess le había causado cuando hablaron por teléfono sobre el encargo hacía una semana se vio reemplazada por la de una mujer atenta y cordial, pero a él le resultó imposible ocultar su ansia por conocer el resultado.

—Muchas gracias, pero necesito saber qué significa su mensaje de texto.

—¿Café o té?

Klakstein se ha acercado a la mesa y lo mira expectante, y él sabe que no podrá seguir adelante a menos que responda.

—Té. Pero como he dicho…

—Tendrá su respuesta, pero primero tengo que decirle algo sobre el análisis.

Le sirve el té y le entrega la taza, que casi le quema entre las manos.

—La coincidencia que hemos constatado no es inequívocamente probable.

No se debe a los antiguos perfiles de ADN que me dio, sino al perfil de ADN que se encontró bajo una uña de Caroline Holst. El ADN se ha degradado, por lo que algunas de las cadenas se han perdido.

Por lo tanto, el peso probatorio será menor, en igualdad de condiciones.

Hess reconoce la advertencia que suelen hacer los expertos, pero también sabe que una persona de la talla de Torunn Klakstein difícilmente le habría enviado ese mensaje de texto a menos que estuviera segura de que hay algo que investigar.

—Pero ¿qué demuestra el resultado? ¿Con quién coincide el ADN?

—Un momentito.

Hess mira con impaciencia a Klakstein, que está reuniendo sus papeles, y nota que le cuesta un mundo esperar a saber cuál de los sospechosos del antiguo caso del padre de Thulin coincide con el ADN que se encontró debajo de una uña de Caroline Holst.

El mensaje que había recibido de Klakstein era breve y conciso, y le había hecho salir corriendo tras Nehru.

Posible coincidencia. Póngase en contacto conmigo cuando pueda. Torunn Klakstein.

Hess había alcanzado a Nehru y desde su móvil llamó a un taxi, después de volver sobre sus pasos por la carretera cubierta de nieve.

En el asiento trasero del taxi, Hess volvió a tomar prestado el teléfono de Nehru, esta vez para llamar al departamento de Genética Forense, pero le dijeron que Klakstein estaba en una reunión.

Con la bicicleta de Nehru en la parte trasera del coche, pusieron rumbo al hospital universitario.

Nehru había insistido en acompañarlo hasta allí, aunque le habría resultado mucho más fácil volver a casa si le hubieran dejado en la carretera.

Hasta que no llegaron a la entrada del hospital no dejó a Hess, y solo cuando este le aseguró por enésima vez que estaba bien y que ahora tenía prisa, pero tal vez fue más el ambiente del hospital que las palabras de Hess lo que le convenció de que el investigador estaba ahora en buenas manos.

Torunn Klakstein ha revisado sus papeles y se centra en una página de la modesta colección de hojas que conforman las pruebas de laboratorio. Desde el otro lado de la mesa, Hess puede ver que una sola línea de la lista de nombres está resaltada en amarillo.

—Aquí está. Con un peso probatorio de un millón.

—¿Qué significa eso? —pregunta Hess con impaciencia.

—Que el ADN de la uña de Caroline Holst coincide con esa probabilidad con el perfil de ADN de una persona llamada Bertel Reimer Jensen.

Klakstein se quita las gafas de lectura y le pasa la prueba a Hess para que él mismo pueda leerla. Ve en su rostro que está orgullosa de su trabajo, que ha dado sus frutos, pero Hess mira el papel con la línea amarilla sobre el nombre de Bertel Reimer Jensen y no puede ocultar su decepción.

—Pero eso es imposible. Bertel Reimer Jensen no pudo ser el autor del asesinato de Caroline Holst. Lleva muerto más de treinta años.

Klakstein extiende los brazos.

—Yo no sé nada de eso. Solo puedo decir lo que demuestra el análisis.

—Pero está muerto. No hay ninguna posibilidad de que estuviera cerca de Caroline Holst, ni de nadie, por cierto.

—Eso no cambia el resultado, pero…

—Pero ¿podrían haber intercambiado los nombres? ¿Podrían haber cometido un error?

—No. La coincidencia con el ADN de la uña de Caroline Holst corresponde a la persona llamada Bertel Reimer Jensen, pero, si usted dice que está muerto, solo hay otra posibilidad.

—¿Y cuál es? —pregunta Hess.

—Que se trata de un pariente de Bertel Reimer Jensen.

Hess la mira fijamente. Los pensamientos se agolpan en su cabeza.

—¿Un pariente?

—Sí. Sin duda alguna.

Hess repasa mentalmente toda la información. No le cuadra que un pariente de Bertel Reimer Jensen fuera su cómplice en aquel entonces o que matara a Caroline Holst y otras personas, y automáticamente dirige su confusión hacia Klakstein.

—¿Qué grado de parentesco?

—Los cromosomas del ADN de la uña que se han degradado son los que determinan el sexo.

Y si dice que no puede ser Bertel Reimer Jensen, entonces no podemos determinar de antemano si se trata de un pariente masculino o femenino.

Un hombre tiene un cromosoma XY, mientras que una mujer tiene XX, pero si el cromosoma en cuestión no aparece en absoluto en el ADN de la uña…

—Pero tiene que poder decir algo. ¿Es un pariente cercano o por dónde estamos?

—El número de marcadores de ADN coincidentes significa que debe tratarse de un pariente cercano. Es decir, un hijo, un padre o un hermano.

La mente de Hess está a punto de explotar.

El autor del crimen que buscan es pariente cercano del monstruo Bertel Reimer Jensen.

Pero, de su lectura del antiguo caso, Hess no recuerda nada concreto sobre parientes y le resulta inimaginable por qué un familiar cercano habría reanudado unos asesinatos que recuerdan a los de entonces.

—¿Más té? —oye preguntar a Klakstein.

Hess se levanta. No sabe por dónde empezar ni a quién buscar. Solo sabe que es urgente.