El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 80
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Capítulo 80

Con dedos temblorosos, Marie prueba otro código más en el móvil, pero en la pantalla parpadeante ve que es incorrecto y, frustrada, lee el mensaje que ya ha recibido unas cuantas veces.

Escriba el código.

En cuanto subió del sótano y conectó el móvil a la corriente, se sentó en la mesa del salón-cocina a examinarlo a fondo mientras se cargaba.

Aparte de la pantalla rota, parecía estar en condiciones aceptables, lo que aumentó sus esperanzas.

Abrió con cuidado el pequeño compartimento lateral y descubrió una tarjeta de prepago, pero, cuando el aparato tuvo suficiente carga y se encendió por sí mismo, para frustración de Marie, le pidió un código.

Al instante se precipitó hacia el cuarto para llegar al garaje y buscar el cuaderno.

Un par de semanas antes, cuando buscaba en las cajas con las cosas de Caroline alguna pista de una relación amorosa secreta, se había topado con una libreta desgastada que Caroline usaba para guardar las contraseñas de diferentes sitios.

Marie se acordó de lo molesta que estaba su hija consigo misma por lo difícil que le resultaba memorizar los códigos, y recordó con una punzada de tristeza lo agradecida que se mostró aquella tarde en que Marie le compró el cuadernito para que pudiera anotarlos todos en un solo lugar.

Armada con la libreta, Marie se sentó a la mesa del comedor y empezó a intentar abrir el teléfono con los códigos.

Escritos con la elegante letra de Caroline, aparecían bajo títulos como «Mi ID», «Compañía aérea», «El del banco», «DSB», «Mi peluquero», «El médico», «Mi SU», pero también había un montón de nombres de servicios de streaming, organizadores de conciertos, restaurantes, tiendas de ropa, agencias de viajes y diferentes servicios de aplicaciones.

Aunque Marie vio que Caroline había reutilizado algunos de sus códigos favoritos, no tuvo suerte al introducirlos en el teléfono.

Tampoco es el caso del código que está probando ahora, pero, mientras hojea febrilmente el cuaderno y sus ojos se posan en la página siguiente, su mirada se detiene en un título que casi parpadea para llamar su atención.

«El secreto».

Marie teclea el código lo más rápido que puede y, tan pronto como pulsa el último carácter, el móvil se apaga.

Durante unos segundos no ocurre nada, pero entonces una rueda en movimiento en el centro de la pantalla le indica a Marie que el aparato se está reiniciando.

Después de contener la respiración durante un largo rato, los iconos de las aplicaciones comienzan a aparecer uno tras otro en la pantalla, y Marie se queda como clavada en la silla.

El primer icono que aparece es el del teléfono.

Cuando pulsa encima, se abre la lista de llamadas recibidas, y Marie la examina atentamente.

Es larga y Marie tarda un momento en darse cuenta de que todas provienen del mismo número de móvil.

Marie no reconoce el teléfono de inmediato y se desplaza hacia abajo en la lista, pero la imagen no cambia: Caroline solo recibió llamadas de un número, pero, en cambio, la llamaron desde ese número con mucha frecuencia.

Cuando Marie comprueba la lista de llamadas salientes, queda claro que Caroline también solo llamó a ese mismo móvil y que también lo hizo con frecuencia.

Marie sale de la información de llamadas y busca frenéticamente el icono de mensajes de texto. Cuando lo encuentra, ve de inmediato que Caroline solo se ha comunicado con un número, y que es el mismo que aparece en la lista de llamadas. Impaciente, pulsa el hilo de mensajes.

Los primeros mensajes que lee son los más recientes, y es como entrar en medio de una conversación íntima pero desconcertante.

A medida que baja rápidamente por la pantalla, ojea por encima la correspondencia de meses entre Caroline y la persona con la que se escribe, y cuando llega al final del intercambio de mensajes, que en realidad es el principio, vuelve a subir por la pantalla.

Esta vez intenta controlarse mientras vuelve a leer los mensajes, ahora en el orden en que se enviaron.

Cuando termina, un temblor incontrolable le recorre todo el cuerpo.

Dejando el móvil sobre la mesa, conmocionada, intenta combatir la intensa sensación de irrealidad.

Siente que el corazón le late con fuerza y respira con dificultad mientras trata de comprender lo que ha leído.

Entonces se recompone, abre su ordenador y teclea con rabia el número de móvil desconocido en el campo de búsqueda de un directorio online.

No sabe qué esperar, pero se prepara para que aparezca un nombre que conozca.

Sebastian Rye pasa fugazmente por su mente junto con otros miembros del personal docente, incluso Mathias Mattsen.

Pulsa «Enter» con las manos sudorosas, pero el mensaje en la pantalla es que el número de móvil no existe.

Marie lo intenta entonces en las páginas amarillas, pero obtiene el mismo resultado.

El número de móvil no existe. Entonces decide buscar el número en Google y los resultados aparecen enseguida.

Casi todos son de las páginas amarillas o de Krak, que ofrecen ayuda si se busca a una persona.

Llena de frustración, va bajando hasta que su mirada se detiene en un resultado de búsqueda que parece diferente a los demás.

Es un enlace a la Escuela de Hostelería y Restauración de Copenhague, y, confusa, hace clic en él.

El titular le indica que se trata de una lista de los nuevos estudiantes de cocina de 2021, y lo primero que llama la atención de Marie es una pequeña foto de un joven.

Tendrá unos veinticinco o veintiséis años, pero parece simpático y aniñado, con ojos risueños y un cabello oscuro ligeramente rizado que se adivina bajo un gorro de cocinero blanco.

Viste un uniforme de cocinero del mismo color y está en una cocina industrial con otros jóvenes al fondo, sonriendo a la cámara mientras remueve una olla en un gran fogón.

Debajo de la foto, aparece el número de móvil al final de un breve texto con los datos de contacto: «Aprendiz de cocina Lukas Evaldsen, Toftemarken 7, Tingbjerg».

Marie mira fijamente la foto del hombre.

No lo conoce. Tampoco le suena ni su nombre ni su dirección, y cuando, un momento después, busca «Lukas Evaldsen» en Google en una nueva pestaña, ve claramente que no puede encontrar más información sobre él.

Lo intenta de nuevo. Escribe Lukas con ce y Evaldsen sin de, pero las personas que aparecen en sus búsquedas no se parecen al joven vestido con el uniforme de cocinero.

Marie no sabe qué hacer. El contenido de los mensajes que acaba de leer sigue dándole vueltas en la cabeza, y no le cabe duda de que el hallazgo del teléfono móvil detrás del armario de Caroline es importante.

El hombre de la foto mantuvo una relación con Caroline, de la que ella nunca dijo nada, y su misteriosa correspondencia termina solo unos meses antes de que Caroline desapareciera.

Por un momento, Marie considera llamar a Naia Thulin, como tantas otras veces. Si la inspectora se entera del hallazgo de Marie, sin duda comenzará a investigar los mensajes y al hombre que ha estado escribiendo a Caroline. Pero la impaciencia de Marie es demasiado grande.

En lugar de eso, coge el abrigo y las llaves del coche, se guarda el móvil en el bolsillo junto con el suyo y se apresura hacia la puerta principal.