El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 76 #2
79%

Capítulo 76 #2

Para asegurarse, Thulin y Raheem habían indagado a fondo sobre el profesor de secundaria del que Marie Holst sospechaba que podía estar involucrado.

Sin embargo, no había ni el más mínimo indicio de que el profesor de ciencias sociales e inglés Sebastian Rye estuviera implicado en el acoso y el asesinato, y la lectura del informe sobre el desarrollo de los acontecimientos en una jornada de puertas abiertas en el instituto no había hecho más que reavivar la compasión de Thulin por Marie Holst. No le habían dedicado más tiempo a esa teoría.

Para su frustración, Thulin hubo de resignarse a reexaminar el antiguo caso de la unidad móvil de su padre y sus notas, si quería estar segura de no pasar nada por alto.

Aunque Thulin había intentado estar completamente abierta a todas las posibilidades, le había resultado imposible encontrar en el material nada que le diera motivos para seguir buscando a un cómplice de entonces que pudiera estar detrás de los asesinatos actuales.

Lo único concreto que tenían era la última nota subrayada de su padre, en la que indicaba que quería hablar con BV, así como su interés por el polluelo mutilado que se había encontrado en 1992 en el mismo lugar donde se había hallado al niño asesinado.

Por desgracia, «BV» no era una pista muy sólida y, aunque ella y Raheem habían intentado localizar a la persona en cuestión en la lista de sospechosos del caso, no habían tenido suerte.

Durante su búsqueda, Thulin había deseado con fervor encontrar indicios de que las sospechas de su padre tenían base real.

Sabía que, en tal caso, le resultaría más fácil aceptar que él se hubiera obsesionado con ello y la hubiese descuidado, pero finalmente había tirado la toalla.

La genetista forense Torunn Klakstein tampoco había podido darle buenas noticias cuando Thulin se puso en contacto con su asistente en la tarde de ayer para pedirle una respuesta sobre si había coincidencia entre los antiguos sospechosos y los restos de ADN hallados bajo la uña de Caroline Holst. La respuesta había sido la misma que a principios de semana.

Solo habían revisado la mitad de la pila y, hasta el momento, no habían encontrado ninguna coincidencia.

Varios de los perfiles de entonces eran difíciles de interpretar, por lo que no había optimismo, solo fastidio por la falta de avances en la tarea.

Tras esa respuesta, Thulin se había rendido definitivamente.

Había comprendido que tenía que resignarse a que el caso se considerara resuelto con Torsten Vangsø como autor y a que su padre hubiera terminado sus días dedicando tiempo y energía a una pista falsa.

Esto último era más fácil de decir que de hacer, y Aksel, por supuesto, se lo había notado.

Era como si casi se hubiera arrepentido de haberle llamado la atención sobre el viejo caso, y se sintió muy aliviado cuando supo que ella había decidido pasar las vacaciones de Semana Santa con Bjørn, Le y Valdemar.

—¿Te vas ya?

Raheem asoma la cabeza por la puerta de su despacho mientras ella está guardando las viejas carpetas de la Unidad Móvil Operativa en la caja de cartón para enviarlas al archivo.

—Sí. Trabajaré desde casa el resto del día. Nos vemos después de Semana Santa.

Normalmente, Raheem se daría cuenta de su mentirijilla y se burlaría de ella, pero cierra la puerta tras de sí para asegurarse de que ni Krause ni nadie más pueda oír lo que va a decirle.

—Solo quería informarte de que la búsqueda de «BV» entre los compañeros de trabajo de Bertel Reimer Jensen de aquella época no ha dado resultado. Encontré un antiguo listado de la administración en la que trabajaba, pero no hay ningún nombre que se pueda abreviar como BV.

—Muy bien. Gracias. Pero, como ya te dije ayer, no pierdas más tiempo con eso.

—Pero tú misma dijiste que podía ser importante.

—Digo muchas cosas. Algunas veces no tendrías que hacerme caso.

Le dedica una sonrisa sarcástica mientras él se da cuenta de lo que ella está guardando en la caja de cartón.

—Pero tengo mala conciencia. Si no hubiera conseguido restaurar el teléfono de Vangsø y el archivo de música, quizá la investigación aún estaría en marcha.

—Solo hiciste tu trabajo, y fue un hallazgo importante.

—¿No has tenido noticias de Hess, para que podamos saber qué opina?

—No.

—Pero no podemos dejarlo así. Hay lagunas en el caso y Hess seguía diciendo…

—Hess no va a decir nada más sobre este caso. Tiene otras cosas en las que pensar y está en su derecho.

Su brusquedad suena demasiado tajante. En todo este tiempo, Thulin ha sentido una gran necesidad de aclarar las cosas con Hess, pero sobre todo ha estado preocupada por él.

Cuando terminó la conversación con los médicos en la habitación de hospital de Jon, estaba completamente destrozado.

En la sala de espera, se habían sentado juntos un rato y él había respondido a las preguntas de Thulin; con frases breves y conmocionadas, le había explicado las hemorragias cerebrales que habían surgido de la nada.

Le había pedido que lo llevara a Odinparken, pero él no quiso que lo acompañara y subió solo a la galería, y ella lo vio desaparecer en el apartamento y cerrar la puerta de un portazo.

A la mañana siguiente, mientras los medios de comunicación se volcaban en la investigación de los asesinatos, ella lo había llamado y le había enviado mensajes, pero él no le respondió hasta que ella le había escrito que iría a verlo.

No, no debía hacerlo. «Gracias, pero no», había añadido él.

Así continuó durante los días siguientes.

Las veces que ella había pasado por su apartamento, él no estaba en casa o no le había abierto la puerta.

En su lugar, había hablado con Nehru, el conserje, que vivía un poco más abajo en el pasillo y al que Hess apreciaba, pero él tampoco lo había visto mucho.

Unos días antes, Hess se presentó en la puerta de Nehru para preguntarle si la familia quería un pájaro.

Así fue como se enteró de que el dueño del animal había fallecido y, aunque los hijos del conserje ya tenían muchas mascotas, no se atrevió a decir que no.

En los días siguientes, Nehru había llamado varias veces a la puerta del 37C para saber cómo iban las cosas, pero Hess no le había abierto.

Nehru tampoco sabía cuándo se celebraría el funeral de su hermano o si ya se había celebrado, y, con una punzada en el corazón, Thulin tuvo que aceptar que Hess no quería ni su cariño ni su compañía.

Mira a Raheem y le da una palmadita en el hombro al pasar junto a él.

—Hasta luego, Raheem. Felices Pascuas. Recuerda guardar en la caja de cartón las carpetas que tienes y que lo devuelvan todo al archivo.

Cruza la puerta y recorre el pasillo. Baja las escaleras y, al salir a la calle, siente en su pecho el aire helado y cortante.

Se dirige hacia su coche mientras saca el móvil para enviarle un mensaje a Le diciéndole que ella y Bjørn los recogerán a ella y a Valdemar directamente en la escuela, pero entonces se da cuenta de que ha recibido un mensaje de texto.

Es de Nehru y la sorprende. Se detiene un momento, echa un vistazo al reloj y luego se marcha apresuradamente.