El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 76
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Capítulo 76

La vista le hace añorar estar en otro tiempo o lugar.

O tal vez sea solo todo lo que ha llenado los últimos días.

Incluido el descolorido material de archivo del viejo caso de Bertel Reimer Jensen, que su padre investigó cuando estaba en la Unidad Móvil Operativa, y que tiene delante de ella en una pila sobre el escritorio.

Cuando por fin oye la voz de Bjørn respondiendo a su llamada, le dice enseguida lo que quiere.

—¿No podríamos irnos en cuanto Le y Valde salgan del colegio, después de la comida?

Por el silencio de Bjørn, nota que le sorprende que ella sugiera adelantar sus vacaciones de Semana Santa. Habían acordado salir al día siguiente por la mañana, pero ella espera poder convencerlo.

—Sí. Es solo que pensaba que no podrías arreglarlo —dice él, vacilante.

Ella no está segura de a qué se refiere, pero decide ignorarlo.

—Sí. Sí puedo. Además, es mucho mejor salir antes de que se formen atascos.

—Pero ¿no tienes que trabajar?

—Diré que lo hago desde casa.

—Vale. Es buena idea. En marcha.

Acuerdan los detalles y cuelgan. Thulin ya se ha levantado de la mesa para recoger sus cosas y siente alivio al saber que en unas horas estará de camino.

Además, al sur de Francia, donde la previsión meteorológica promete catorce grados y una auténtica primavera sin nieve ni aguanieve.

Sabe que con Krause no habrá ningún problema para escaparse y que, por una vez, ni siquiera su hija protestará por el cambio de planes.

Cuando Thulin le contó lo del viaje, Le incluso la sorprendió diciendo que estaba encantada, aunque, claro, eso fue sobre todo porque así podría patinar al aire libre por primera vez en meses.

En realidad, fue anoche cuando Thulin y Bjørn acordaron el viaje.

Como había estado tan ocupada en el grupo operativo, no había tenido tiempo de pensar en las vacaciones de Semana Santa, y con la muerte de Jon tampoco le apetecía planear nada, porque quería estar junto a Hess.

Y, al final, no importó mucho. Cuando Bjørn habló ayer por FaceTime con la portera que le echaba un ojo a su apartamento en Niza, Thulin pudo ver el sol brillando sobre las montañas detrás de la anciana francesa y, después, le preguntó de repente si no podían pasar allí las vacaciones.

Al principio, Bjørn se mostró reacio. No quería ser un aguafiestas, pero las repetidas cancelaciones de Thulin lo habían vuelto escéptico, y ella tuvo que esforzarse para convencerlo de que realmente quería ir y de que tenía vacaciones en Semana Santa.

Entonces él se había suavizado. Se las arregló para librarse de algunas reuniones de negocios, que podrían realizarse por Zoom, y decidieron ir allí en su espacioso coche, porque por una vez tenían tiempo de sobra.

Había resultado agradable tomar una decisión conjunta, y era como si eso hubiera desplazado la conversación pendiente sobre la vivienda, que se cernía sobre ellos como una nube oscura.

Además, Thulin sentía que necesitaba relajarse.

La colaboración con el departamento de Nylander en el grupo operativo había terminado hacía una semana, tras la identificación de Torsten Vangsø como autor.

La reincorporación al NC3 no le había exigido mucho, pero no había podido, desde luego, dar la espalda al caso.

Sobre todo después de que Hess lo dejara.

Por propia iniciativa, había seguido trabajando discretamente, casi a tiempo completo.

Lo que la había motivado eran sobre todo las teorías de Hess, que él ya no podía seguir investigando, pero también ella misma lo necesitaba, y había empezado a revisar la amplia investigación de principio a fin.

Dejando de lado el caso de Caroline Holst, lo cierto es que todo el acoso había comenzado en diciembre del año pasado.

El hostigamiento a las cinco personas que Raheem y su equipo habían identificado, tras revisar las denuncias policiales, había sido intenso.

Cuando Thulin volvió a revisar las numerosas fotos que les habían enviado, no pudo dejar de pensar que el acoso había sido una ocupación a tiempo completo para el autor.

Además, era un hecho que el primer asesinato había tenido lugar el día de San Valentín, lo que había llevado a que la investigación se centrara inicialmente en la posibilidad de que un sitio web de citas fuera un punto de referencia importante.

El gran avance, sin embargo, se produjo cuando descubrieron que las cinco personas acosadas tenían un proceso de divorcio pendiente en el mismo juzgado de familia.

Además, durante las pesquisas se descubrió otra coincidencia.

Las cinco personas acosadas tenían hijos que estaban sufriendo serios problemas emocionales debido a la disputa entre sus padres, lo que significaba que los niños, entre ellos los de Torsten y Ditte Vangsø, habían asistido al mismo grupo de apoyo facilitado por el juzgado de familia.

Tampoco había duda de que había sido Torsten Vangsø quien había pirateado el sistema del juzgado y estudiado los cinco casos de los clientes, uno de los cuales era el suyo.

Al parecer, porque quería vigilar el círculo social de Ditte Vangsø y porque varios padres de niños del grupo de apoyo habían sido testigos de su violencia hacia ella, lo que podía poner en peligro su custodia y la desesperada esperanza de recuperar a su familia.

Al menos, poniéndose sus gafas paranoicas.

A pesar de que Torsten Vangsø había hecho varias fotos de Silje Thomsen, Philip Lund y las otras personas acosadas, y las había colgado en las paredes de su casa en Store Kongensgade, Thulin consideraba que este motivo era el eslabón más débil en la identificación de Torsten Vangsø como autor de los hechos.

Y si Hess tenía razón en que no había sido Torsten Vangsø quien había acosado a las cinco personas, alguien más debía saber que todas ellas estaban vinculadas al juzgado de familia y que sus hijos asistían al grupo de apoyo. Pero, en ese caso, ¿quién y por qué?

Esas preguntas habían llevado a Thulin a volver al juzgado de familia a principios de semana.

Por supuesto, el personal seguía profundamente conmocionado por el asesinato del subdirector a manos de Torsten Vangsø, y Thulin pudo escuchar cómo, lógicamente, se hablaba mucho sobre el modo de evitar en el futuro que los empleados se vieran expuestos a actos desesperados y amenazas.

Sin embargo, no había obtenido ninguna información nueva y decisiva de los tramitadores y empleados de oficina con los que había hablado, y tampoco le había ido mejor cuando se había dirigido a la subdirectora en funciones, una mujer joven que había asumido su responsabilidad con gran seriedad.

Desde su puesto detrás del escritorio del antiguo subdirector, había respondido en detalle a las preguntas de Thulin sobre el grupo de apoyo, su estructura, los psicólogos y el personal, aunque ya había dedicado una cantidad considerable de tiempo a los agentes de policía.

Su sincera preocupación y cuidado por los niños, en especial por aquellos que habían perdido recientemente a uno de sus padres, había quedado claramente de manifiesto, pero Thulin no había obtenido ninguna información nueva.

La subdirectora en funciones tampoco había presenciado el episodio en el que Torsten Vangsø, durante una sesión del grupo de apoyo, se había comportado de forma violenta en el aparcamiento.

Al fin, Thulin le preguntó directamente:

—¿Conoce a otras personas, empleados o clientes que en algún momento hayan expresado animadversión hacia los cinco padres que le he mencionado anteriormente?

—No. ¿Por qué lo pregunta? Creía que se había encontrado al autor del delito.

Thulin se apresuró a confirmar que así era.

No le interesaba que Nylander y el departamento de Homicidios recibieran una llamada y se enteraran de que estaba husmeando, así que le dio las gracias por su tiempo a la todavía un tanto extrañada subdirectora y se resignó a no poder seguir investigando por esa vía.

En su lugar, Thulin se había centrado en las pistas técnicas que podían apuntar en una dirección diferente a la de Torsten Vangsø.

Para tener asistencia, necesitó contarle a Raheem sus dudas sobre la resolución del caso, y él accedió a ayudarla, aunque debían trabajar sin informar ni a Krause ni a Nylander.

Primero se habían concentrado en el coche que había salido del aparcamiento del juzgado de familia al mismo tiempo que el de Torsten Vangsø.

Habían coincidido en que parecía un vehículo familiar oscuro, y la abolladura en el guardabarros trasero izquierdo era sin duda una pista importante, pero ni las cámaras de tráfico ni los talleres del área metropolitana de Copenhague a los que Thulin y Raheem habían vuelto a llamar parecían haber constatado la presencia de un coche así.

A continuación, compararon las imágenes de acoso que encontraron en el dormitorio de Torsten Vangsø con las que habían recibido las víctimas.

Aunque Raheem pudo confirmar que los análisis técnicos daban la razón a Hess en que ninguna de las fotos que colgaban de las paredes de Torsten Vangsø era exactamente igual a las que se habían enviado a Silje Thomsen, Philip Lund y Ditte Vangsø, Thulin veía tantas similitudes que volvió a inclinarse por la hipótesis de que Torsten Vangsø era el autor de los hechos.