Capítulo 72
Nylander intenta presentarse amable y respetuoso al invitar a Marie Holst a pasar a su despacho, a pesar de que la reunión se produce contra sus deseos.
Habría preferido que entre los acontecimientos que habían tenido lugar y la conversación que se va a producir hubiera pasado más tiempo, pero intuyó que no le quedaba más remedio después de que Thulin regresase poco antes a buscarlo.
No fue solo que esta argumentase que la mujer parecía muy afectada por la incertidumbre y la desesperación lo que había convencido a Nylander.
También tuvo su peso la imagen de la horda de periodistas apostados a la puerta de la jefatura y listos para lanzarse sobre Marie Holst cuando abandonase el edificio.
Si Marie Holst, cuyas declaraciones siempre están sedientos de reproducir los medios, explicase que se siente ninguneada y maltratada, se generaría sin duda aún más publicidad negativa, y eso es algo que Nylander no necesita en esos precisos momentos.
—Siéntese, por favor. Los inspectores Thulin y Hess, que trabajan en el caso, y a los que ya conoce.
Nylander señala una silla libre frente a la mesa y Marie Holst saluda con la cabeza, insegura, a Thulin y Hess, que están atentos y le devuelven el saludo con expresiones serias.
Es la primera vez que Nylander se encuentra con Marie Holst, y comprueba que es menos alta de lo que había imaginado por las numerosas fotos que ha visto en la prensa.
Aunque le llaman la atención los ojos inteligentes y expresivos de la mujer, nota que le tiemblan las manos por los nervios cuando acerca la silla y deja el bolso en el suelo, y se repite una vez más que esta conversación es absolutamente necesaria.
Desde que empezó el caso de acoso, hace ya dos semanas, Nylander ha notado una presión cada vez mayor sobre la investigación por parte de su entorno y, sobre todo, de los medios de comunicación.
No es nada nuevo, pero el optimismo inicial con el que abordó el caso se vio enseguida mermado por otro asesinato y una investigación opaca que ha ido demasiado lenta a la hora de encontrar una base sólida.
Con el sangriento ataque de Torsten Vangsø en el juzgado de familia, la investigación se ha visto una vez más totalmente sobrepasada y, por si fuera poco, el suceso también ha provocado que empiecen a surgir críticas sobre la protección policial de Ditte Vangsø.
La prensa entrevistó a los empleados del juzgado de familia tras el ataque y, cuando los periodistas se enteraron anoche de que había dos agentes presentes en el edificio cuando Torsten Vangsø apuñaló al subdirector y secuestró a su exmujer, no tardaron en destacar este hecho en sus reportajes.
Esta mañana, cuando Nylander llegó al aparcamiento, tuvo que ir esquivando los micrófonos y las preguntas que le silbaban alrededor sobre por qué la protección policial no había servido de nada.
Nylander, que había hablado en persona con los dos desafortunados agentes, había señalado que, en su opinión, los policías no podían haberse percatado de los tres minutos de locura que se vivieron en la parte trasera del edificio y en las plantas superiores, pero es dudoso que su respuesta haya sido suficiente para mitigar esa parte de la crítica.
De camino a la reunión del grupo de trabajo, Nylander pensó que tal vez la copa estaba a punto de colmarse.
La «deshonrada reputación» que la prensa había decidido que tenía tras su gestión del caso Hartung corre grave peligro de quedar aún más deshonrada, y no le cabe duda de que la dirección y los medios de comunicación no dudarán en señalarlo como chivo expiatorio a menos que pronto presente un progreso decisivo en la investigación de los casos de asesinato.
Por fortuna, en la reunión pudo saber que hay muchos indicios que apuntan a Torsten Vangsø como el autor de los hechos.
Sin duda, aún quedan cabos sueltos e incertidumbres sobre detalles importantes, pero la impresión general de la investigación le ha dado esperanzas de que tal vez no quede tan lejos la rueda de prensa que todos en la casa anhelan, en la que Nylander pueda anunciar que los asesinatos han sido resueltos y que el autor ha fallecido.
Lamentablemente, en la reunión también se dio cuenta de que, en tal caso, tendría que renunciar a solventar el asesinato de Caroline Holst. Más que nada, a su maltrecha reputación le vendría muy bien estar al frente de la resolución de este crimen, que ha ocupado un lugar destacado en la opinión pública durante los últimos años, pero ya no parece realista.
Ha mantenido la esperanza de que Hess y Thulin, en particular, encontraran la pieza que conectara los casos actuales con el pasado, pero el intento descabellado de Hess de hallar esa pieza investigando unas muertes de hace más de treinta años ha acabado con la última pizca de esperanza que le quedaba a Nylander de conseguir la medalla que habría supuesto el esclarecimiento del asesinato de la estudiante de secundaria.
Cuando Nylander observa a la madre, Marie Holst, que se ha sentado en la mesa frente a él, junto a Thulin y Hess, lo hace con la certeza de que ha hecho todo lo que ha podido.
A veces simplemente no hay forma de ganar, y, aunque siempre es decepcionante tener que comunicar este tipo de cosas a un familiar, también sabe que la dirección se limitará a encogerse de hombros con fastidio, siempre y cuando se hayan resuelto los asesinatos de su distrito.
—En primer lugar, quiero disculparme por insistir —dice nerviosa la mujer sentada en la silla frente a él, antes de que pueda tomar la palabra.
Ve que la pena y la preocupación han dejado huella en su rostro, por lo demás bonito, y que le tiembla la voz—.
Sé que tienen mucho que hacer con todas las cosas horribles que están pasando, y no es que crea que soy más importante que los demás que han resultado afectados.
Nylander se siente por un momento desconcertado por la vulnerabilidad de la mujer y su forma sincera de expresarse, y se apresura a negar con la cabeza y a encauzar la conversación por el camino correcto.
—No hay nada de que disculparse. Por supuesto que tiene derecho a recibir información, y se la daremos ahora, lo mejor que podamos.
—Estoy muy agradecida de que hayan tomado cartas en el asunto —continúa Marie Holst con voz insegura, como si no hubiera oído realmente lo que él ha dicho—.
El problema es que todo esto me ha afectado mucho.
Estoy sometiendo a mis hijos, es decir, a los hermanos de Caroline, a una gran presión con mi comportamiento, y por eso tuve que venir aquí.
—Por supuesto. Faltaría más.
Marie Holst asiente con gratitud, como si fuera algo que necesitaba explicar. Una vez más, él pierde terreno y no llega a decir nada más antes de que ella continúe.
—Pero dicen en las noticias que saben quién es.
De repente, Nylander se siente incómodo.
La conversación ha empezado muy mal y hay algo en el carácter de Marie Holst que le afecta.
Parece fuerte, pero también humilde y frágil, y hay un destello de esperanza en sus ojos que él tiene que sacudirse para poder continuar.
Se endereza en la silla y se inclina sobre la mesa.
—Para seguir el hilo desde un extremo: es cierto que una persona de la que sospechamos ha fallecido en un incendio provocado por una explosión que se produjo ayer por la noche en Refshaleøen.
Se trata de un hombre divorciado de unos cuarenta años, y hay indicios de que podría ser el autor del asesinato de su exmujer y dos conocidos de ella.
Por el rabillo del ojo, Nylander advierte que Hess se mueve inquieto en la silla y echa mano de su vaso de agua. Marie Holst asiente atentamente a Nylander.
—¿Y también conocía… a Caroline?
—Eso… No, probablemente no. Tal y como están las cosas ahora, la investigación apunta tan solo a que la persona en cuestión ha cometido los delitos que acabo de mencionar.
Marie Holst lo mira fijamente y parpadea varias veces.
—No entiendo lo que quiere decir. Es él, ¿no?
—Es de quien sospechamos que ha cometido los delitos que comenzaron hace unas semanas. Pero, lamentablemente, no hemos podido determinar que también sea él quien cometió el asesinato de Caroline.
En el rostro de Marie Holst puede leer que ella sigue tratando de comprender.
—Entonces ¿no han encontrado al… de Caroline?
—No. Como ya he dicho, no lo hemos conseguido.
Marie Holst se gira y, confundida, mira a Hess y luego a Thulin.
—Pero ustedes dijeron que tenía que ser el mismo autor que aquella vez, ¿no?
Unos minutos antes, Nylander pensó que era una buena idea que Hess y Thulin estuvieran presentes en la conversación.
Si surgían preguntas, ellos mismos podrían responderlas basándose en el diálogo que habían mantenido con Marie Holst, pero ahora se da cuenta de que no puede esperar mucha ayuda por ese lado.
Hess tiene la mirada clavada en el suelo, mientras mueve nervioso una pierna, y Thulin mira a Marie Holst a los ojos con actitud de disculpa.
—Es cierto. Lo lamento —dice Thulin con dificultad, mientras mira avergonzada a Marie Holst.
—Pero ¿están seguros de que no es él?
—Por desgracia, no podemos precisarlo más en este momento —interviene Nylander para recuperar su atención.
—Pero ¿qué creen ustedes?
—Entiendo su pregunta, pero no es nuestro trabajo creer nada. Trabajamos con pruebas concretas, y no hemos encontrado suficientes…
—Pero ¿siguen trabajando en ello? Están investigando y puede que surja algo que…
La mirada indecisa de Marie Holst va de Thulin a Hess y vuelve a Nylander, quien le explica con la mayor claridad posible:
—Lo que pasa es que los delitos que nos corresponde investigar son los cometidos en nuestro distrito policial. El delito contra Caroline se cometió en el distrito Oeste, por lo que son ellos los que se encargan de esa tarea.
—Pero ya lo han intentado, ¿no? Llevan mucho tiempo intentándolo.
—Sí. Pero estoy seguro de que seguirán haciendo todo lo que esté en su mano para resolver el crimen. A veces, lamentablemente, este tipo de casos pueden llevar bastante tiempo.
Marie Holst lo contempla con ojos llenos de infinita tristeza. Respira agitadamente y su mirada desesperada se desliza sin rumbo fijo por la ventana detrás de él. Nylander continúa tranquilizándola.
—A veces son cosas muy pequeñas las que de repente hacen que un caso se pueda resolver.
O investigaciones técnicas que mejoran con el tiempo.
Por ejemplo, en el campo del ADN se está avanzando mucho en estos momentos.
Un caso como el de su hija no se olvida, y estoy convencido de que en algún momento se resolverá.
Parece como si Marie Holst ya no escuchara lo que él dice. Sus ojos se han humedecido. Mira fijamente por la ventana y se diría que algo dentro de ella se está rompiendo en mil pedazos ante sus ojos. Nylander ve que ella lucha por evitarlo, y el silencio le incomoda.
—Lo siento mucho. Puede hacer todas las preguntas que…
Marie Holst se levanta bruscamente. Él se interrumpe y hace lo mismo. Ella se queda de pie, mirando a su alrededor un poco desorientada. Thulin también se ha levantado y se agacha para recoger el bolso, que Marie Holst acepta.
—Por supuesto, enviaremos el material que tenemos a la policía del distrito Oeste. —Se oye decir a Nylander—. Cuando lo hayan revisado, nos reuniremos con ellos y nos aseguraremos de que se pongan manos a la obra.
Marie Holst se despide con un gesto mecánico sin mirarlos y se dirige hacia la puerta.
Thulin la acompaña, abre la puerta y Marie Holst sale.
Un agente la espera para acompañarla de vuelta a la recepción.
Con pasos mesurados, como si se sintiera insegura sobre sus piernas, comienza a caminar y su figura desaparece lentamente por el pasillo, sin reaccionar ante los empleados que se afanan en su trabajo a su alrededor.
Nylander la sigue con la mirada hasta que desaparece de su vista.
Su teléfono ha empezado a sonar, pero no lo coge.
Se consuela pensando que la conversación ha ido como debía y se esfuerza por reprimir la sensación que empieza a notar.
Esto no es problema suyo. Ha hecho lo que ha podido.
Tiene que pensar en los casos de su distrito.
Debe tomar las decisiones que sean mejores para la investigación y, sobre todo, para él mismo.
Cuando Nylander se encuentra con la mirada de Hess, se rinde y no puede contenerse.
—Está bien, por el amor de Dios, dime qué caso es el que queréis investigar…