Capítulo 70
—¡Hess! Ya basta. No se va a hacer.
Desde su asiento en torno a la mesa de conferencias del grupo de trabajo, Thulin no tiene dificultad en ver que la paciencia de Nylander se ha agotado. Mira a Hess con ojos de furia y mueve la cabeza con vehemencia, pero Hess no se deja intimidar.
—Tú mismo dijiste que teníamos que dejar abiertas todas las opciones.
—Pero, coño, no esta opción. No vamos a perder el tiempo en un caso de hace treinta años que os sacáis de la chistera en el último minuto. Nos vamos a atener a los datos de que disponemos y no nos salimos de ahí ni un pelo.
—Pero tenemos que explorar otras vías —insiste Hess reclinándose—.
Torsten Vangsø era violento y mentalmente inestable, pero probablemente solo era un tontorrón útil para el autor de los crímenes.
No hay nada concreto que apunte a que él cometiera los asesinatos por acoso, y mucho menos el asesinato de Caroline Holst.
—Pero ¿qué estás diciendo? ¿Es que no has escuchado? —interviene Budtz, irritado, desde su asiento frente a Hess.
—Thulin, tú no puedes estar de acuerdo con esa chorrada. —Nylander se gira hacia ella. Para disgusto de Thulin, está claro que la discusión se ha vuelto tan infructuosa como temía antes de la reunión.
Ya a primera hora de la mañana, Thulin se había despertado con un ataque de pánico por el rugido de la explosión de gas, que había vuelto a resonar en su cabeza.
Aturdida y con el corazón latiéndole con fuerza, se había incorporado, sorprendida de encontrarse en su cama.
Sus pensamientos se agolpaban caóticamente y trataba en vano de ordenar los numerosos hilos de casos de homicidio nuevos y antiguos.
A su lado, Bjørn dormía, y ella se había levantado con cuidado y había ido a la cocina.
Le había venido bien tener un momento para sí misma, sobre todo porque el ambiente entre ella y Bjørn había sido bastante incómodo antes de acostarse.
Bjørn había decidido interrumpir su viaje a Oslo para volver a casa con ella y había aparecido de repente mientras ella estaba con Hess en el vestíbulo, en penumbra.
Aunque no había pasado nada, por un momento había sentido como si la hubieran pillado in fraganti y se había apresurado a abrazar a Bjørn con quizá demasiado entusiasmo.
Hess se había marchado justo después y, aunque Bjørn aparentemente no dio importancia a la situación, ella había podido sentir su mirada inquisitiva sobre ella.
Le había sentado bien entrar en el dormitorio y al fin rendirse al sueño.
Después de un café y un vistazo al correo electrónico y las noticias, Thulin había despertado a Le y le había servido el desayuno.
Cuando su hija se había ido al instituto, ella se había dado una ducha.
Una vez vestida, había descubierto que Marie Holst había vuelto a llamar.
Probablemente estaba impaciente por saber qué significaban los acontecimientos de los últimos días para la resolución del asesinato de su hija, pero Thulin no podía informarle hasta que se celebrara la reunión del grupo de trabajo, así que se había limitado a enviarle un mensaje diciendo que se pondría en contacto con ella más tarde esa mañana.
Entonces se había dirigido con sigilo hacia la puerta principal, lista para marcharse, pero Bjørn, que se había despertado y aún estaba somnoliento y confuso, la había detenido y la miraba desde la puerta del dormitorio.
En el aire flotaban un montón de preguntas que ella no se atrevía a responder, así que, en lugar de eso, le dio un beso y salió corriendo por la puerta.
Con ocasión de la reunión del grupo de trabajo, esperaba Thulin poder hablar con Raheem para ponerse al corriente de los asuntos pendientes del NC3, pero, para su sorpresa, Nylander la informó de que había pedido a Raheem que se quedara en su «taller».
Una hora antes, los técnicos habían encontrado los restos del teléfono móvil de Torsten Vangsø en la finca quemada de la isla de Refshaleøen y lo habían llevado de inmediato al NC3 para que Raheem empezara a investigar si se podía salvar algo.
La conversación con Nylander se vio interrumpida en ese momento por la llegada de Hess.
Tras intercambiar una mirada fugaz y un poco incómoda con él, Thulin se sentó entre un par de investigadores y se concentró en ponerse al día con los resultados preliminares de los técnicos y los forenses.
Los forenses habían realizado un primer examen de los dos cadáveres que habían sido rescatados de la casa de la isla de Refshaleøen.
Los restos estaban muy deteriorados y carbonizados, pero, como la onda expansiva de la explosión había expulsado los cuerpos desde la cocina hasta la habitación contigua, no habían resultado completamente consumidos por las llamas, lo que significaba que se podían determinar más detalles forenses de los que Thulin había esperado.
Por ejemplo, las lesiones de Ditte Vangsø podían dividirse en las que se habían producido antes y las que se habían producido después de la explosión.
Su cráneo mostraba signos de que, antes del estallido, había recibido repetidos golpes con un objeto pesado y contundente, lo que sin duda le había causado la muerte.
Además, la zona del hombro derecho presentaba signos de haber sido dañada por un golpe, probablemente con un hacha, lo que llevó a Thulin a pensar en la situación que debió de haberse producido en la puerta del sótano de la casa.
Por el contrario, el cadáver de Torsten Vangsø no presentaba lesiones causadas por un hacha u otras armas.
Un análisis de su tejido pulmonar y su sangre reveló que, antes de la explosión, había inhalado una cantidad considerable de gas, lo que, según el forense, significaba que debía de estar inconsciente cuando se produjo la ignición.
Era probable que la onda expansiva hubiera lanzado hacia atrás la cabeza de Torsten Vangsø, lo que le había roto el cuello y causado la muerte instantánea.
El primer indicio de que se avecinaba una discusión en la reunión tuvo lugar cuando Hess preguntó si había algo en la investigación que indicara que Torsten Vangsø había sido sedado antes de inhalar el gas.
Hess afirmó con cara de póquer que no era del todo improbable que a Torsten Vangsø lo hubieran adormecido con cloroformo, que se había utilizado tanto en el caso de Silje Thomsen como en el de Philip Lund.
Lamentablemente, el forense, tras una larga explicación técnica sobre productos de anestesia, tejido pulmonar y víctimas de gas y fuego, rechazó que se pudiera deducir algo así del cadáver de Torsten Vangsø, y Nylander, en términos inequívocos, pidió a Hess que no interrumpiera más, ya que tenían que seguir con el guion.
A continuación, los técnicos comenzaron a presentar sus conclusiones.
Las investigaciones preliminares en el lugar del incendio habían revelado, entre otras cosas, que en el primer piso había restos quemados de una cuerda atada a un tubo de radiador.
La cuerda tenía restos de ADN de Ditte Vangsø y, en el suelo, junto a ella, habían encontrado los pedazos de un abrigo de hombre que parecía coincidir con el que llevaba Torsten Vangsø cuando se presentó en el juzgado de familia.
Esta información llevó a Thulin a imaginar que Ditte Vangsø debió de haber estado atada al principio en el primer piso, antes de que posiblemente lograra liberarse e intentara escapar.
La teoría se vio respaldada por el hecho de que se encontraron huellas dactilares de Ditte Vangsø en una cerradura deslizante en la escalera que bajaba al sótano.
Era imposible averiguar por qué Ditte Vangsø había decidido huir en esa dirección y no por la puerta principal, pero lo cierto era que habían encontrado su sangre y sus huellas dactilares en varios lugares del sótano, así como en el interior de la puerta del sótano, cuyo marco, según los técnicos, parecía haber sido destrozado con un hacha.
Por supuesto, lo que más le interesaba saber del informe de los técnicos era lo relativo al hacha que Thulin había visto junto a Torsten Vangsø en la cocina, pero el resultado había sido decepcionante.
Mientras que la cabeza del hacha seguía siendo sometida a diversas pruebas técnicas para determinar si coincidía con las lesiones que había sufrido Ditte Vangsø, el mango era inservible como prueba.
Se había quemado hasta quedar reducido a un palo irregular y carbonizado, y las huellas dactilares que pudiera haber tenido habían desaparecido hacía tiempo.
Lo mismo había ocurrido con el cuchillo que Torsten Vangsø había utilizado contra el subdirector del juzgado de familia y que también se había encontrado en el suelo de la planta baja.
Cuando los técnicos terminaron su informe preliminar, nada impedía a Budtz concluir en voz alta que ningún indicio indicaba que hubiera habido alguien más en la casa aparte de Ditte y Torsten Vangsø.
—Pero eso no significa que no lo hubiera —le recordó Hess, y entonces comenzó la discusión.
—Pero ¿por qué seguir buscando agujeros en el queso?
—respondió Budtz, frustrado, y explicó lo que quería decir—: Estoy destacando lo obvio.
Es Torsten Vangsø quien apuñala al subdirector y secuestra a su exmujer.
La lleva a una casa en la que una vez fueron felices y la mata con un hacha, del mismo modo que mató a Silje Thomsen y Philip Lund.
Luego abre el gas para suicidarse, ¡bum!
Hess movió la cabeza en un gesto de negación y Thulin pudo ver en su mirada que responder a Budtz lo consideraba una pérdida de tiempo.
—Había algo extraño en la forma en que yacían, y Vangsø no tenía motivos para ir a por nadie más que su exmujer.
—Salvo que los otros fueron testigos de cómo la maltrataba delante del juzgado de familia, lo que significaba que podía perder a sus hijos. ¿Quizá tan solo estaba jodido porque lo había perdido todo?
—Explica lo que quieres decir —intervino Nylander, y Budtz se explayó.