Capítulo 68 #2
—Y sobre el juego del escondite, ¿qué dijo? ¿Qué era lo que le atraía?
—Le parecía excitante. La tensión. La vigilancia.
—¿Y qué hay de la canción? ¿Cómo se explicó que fuera la misma la que utilizaban diferentes niños en tres lugares distintos?
—Él dijo que fue mera coincidencia. Los niños tampoco recordaban por qué cantaban precisamente esa. La conocían y decían que les parecía divertida.
Ahora Thulin también está interesada y se inclina hacia Aksel.
—Pero atrapasteis al culpable. ¿Dónde está ahora?
—Sí, lo atrapamos. Había pruebas suficientes, así que decidió confesar. Pero poco antes del juicio, en el que iba a ser condenado a prisión indefinida, consiguió ahorcarse en su celda.
Las palabras de Aksel calan en Thulin. Por un momento, espera a que él continúe, pero no dice nada más. Ella mueve la cabeza.
—¿Y? ¿El autor está muerto?
—Sí.
—Entonces ¿para qué teníamos que escuchar la historia?
—Bueno, ¿por los versos que habéis encontrado del criminal? ¿Y porque tu padre pensaba entonces que el hombre debía de tener un cómplice?
—¿Un cómplice? —repite Hess, estimulado. Thulin tampoco puede evitar fijar la mirada en Aksel cuando Hess añade—: ¿Y por qué lo pensaba?
—Se fijó en algunos detalles prácticos relacionados con los parques infantiles y las desapariciones. Además, no dejaba de sorprenderse de que se repitiera la misma rima.
—Pero ¿qué dijo el propio autor de los asesinatos? —interviene Thulin.
—Que había actuado solo. No había nada concreto que indicara lo contrario, pero Uffe se obsesionó y no quería olvidarlo, y ahora no puedo evitar pensar que tenía razón.
Thulin siente cómo la irritación comienza a bullir en su cuerpo.
Por un momento, pensó que podrían utilizar la información de Aksel para algo, pero ahora vuelve a resultarle indiferente.
Se levanta, se dirige hacia la nevera y la abre.
Entre un cartón de leche y unas zanahorias, ve una cerveza, que agarra con fuerza, mientras nota que Aksel la mira de reojo antes de continuar con cierto tono de disculpa.
—Pero en aquel momento yo no pensaba así.
El caso había durado tres años y en ese periodo falleció la madre de Naia.
Creía que trataba de recomponer algo en su interior y que sentía también una responsabilidad hacia las familias que se habían visto afectadas.
Siguió hablando de su teoría hasta el día en que, lamentablemente…
—Vale, aquí lo dejamos —dice Thulin—. Aksel, gracias por la historia, pero, si no hay nada más, estoy realmente cansada y quiero irme a la cama.
Thulin ha dejado la cerveza junto al fregadero. Aksel se levanta rápidamente y la mira.
—Naia, tu padre lo pasó mal y quería ayudar a las familias que habían sufrido una pérdida…
—También nosotros habíamos sufrido una pérdida —le interrumpe rápidamente—. Solo estábamos él y yo, y eso lo sabes muy bien.
Se da cuenta de que está diciendo las cosas de forma demasiado dura y tajante, pero no soporta seguir por el camino que Aksel ha tomado.
Sus palabras lo hacen callar. Por un momento, se impone el silencio en la cocina. Aksel se queda un tanto confuso y parece aún más avergonzado, hasta que se da cuenta de que ella está esperando a que se vaya. Coge el abrigo de una de las sillas y el gorro y los guantes de la mesa de la cocina.
—Bueno, pues… me voy a casa… Por cierto, mañana he quedado con Le para ir a la pista de skate, si te sigue pareciendo bien.
—Me parece perfecto. Ya hablaremos.
Aksel se despide con un gesto y ella oye cómo cierra la puerta de entrada con cuidado. En cuanto se quedan solos, nota la mirada de Hess sobre ella.
—Lo siento.
La mirada de Hess es seria y ella nota que lo dice sinceramente.
—Fue una tontería por mi parte. No pensé que fuéramos a hablar de eso. Es conmigo con quien debes estar enfadada. No con él.
—Siempre estoy enfadada contigo.
Sus palabras les hacen sonreír a ambos. Lo necesitaban y sus miradas se cruzan por un momento, pero entonces él se levanta.
—¿Puedo llevarme eso?
Señala la vieja y gastada carpeta que Aksel ha dejado sobre la mesa.
—¿No pensarás en serio que nos puede servir para algo?
—Vamos a meditarlo con la almohada.
Su respuesta ambigua la sorprende, pero él ya se dirige hacia la salida con la carpeta bajo el brazo. Ella lo sigue para acompañarlo a la puerta y, en la entrada, ve que él, como hacía siempre, ha colgado su abrigo en la válvula del radiador, porque el perchero está ocupado.
—¡Eh!
Hess se vuelve hacia ella con gesto interrogante y, aunque la rozadura en la mejilla le da un aspecto ajado, ella nota que ha recuperado la luz en los ojos.
—Gracias.
Lo mira con seriedad. Él se da cuenta de lo que esa mirada quiere decir y mueve nerviosamente los ojos.
Thulin nota que él intenta salir del paso con una sonrisa torpe, pero luego se rinde y le devuelve una mirada seria.
Durante un momento permanecen así, a solo medio metro de distancia.
Entonces ambos oyen el sonido de una llave en la cerradura y, cuando miran hacia la puerta que se abre, ven aparecer el rostro de Bjørn.