El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 67
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Capítulo 67

A Hess le duele cada rincón del cuerpo y nota una sensación desagradable por la piel despellejada de los nudillos y del lado izquierdo de la cara, pero lo que más le molesta es el intenso pitido.

Ya antes ha sufrido tinnitus, pero el chirrido metálico que padece sin cesar desde el estampido de la explosión es muy diferente.

Desde su posición en la camilla en la sala de urgencias del hospital de Amager, donde lo acaba de examinar un médico, puede, sin embargo, oír bien la catarata de preguntas de Nylander, aunque lo hace como si alguien estuviera trabajando con una amoladora estridente en algún lugar de su cabeza.

—Pero ¿cómo estaban exactamente?

Nylander se ha colocado junto a la pared frente a la camilla para poder mirar a Hess a los ojos, y a su lado está Budtz tomando notas en su teléfono móvil.

—Torsten Vangsø estaba recostado contra la isla de la cocina, con la cabeza apoyada en el pecho, y parecía que hubiera tirado de Ditte Vangsø hacia él. Ella estaba entre sus piernas y él la rodeaba con los brazos.

—Thulin cree recordar que sus manos estaban entrelazadas.

—Es correcto. O así lo habían dispuesto.

Nylander ignora su insinuación.

—¿Torsten Vangsø estaba inconsciente, muerto…?

—No lo sé. No hubo tiempo para comprobarlo.

Hess se siente agotado y no tiene fuerzas para responder a las preguntas, pero no le queda más remedio que soportarlas.

Nylander y Budtz llegaron a urgencias unos treinta minutos antes.

Ya han interrogado a Thulin en una sala contigua y ahora es el turno de Hess de contar lo que observó en la casa.

Normalmente, Nylander y los investigadores habrían inspeccionado ellos mismos el lugar de los hechos y los cadáveres, pero, aunque los bomberos controlaron rápidamente el incendio en la propiedad de Torsten Vangsø en la isla de Refshaleøen, sigue siendo imposible entrar en la casa.

Según se informa, la planta baja y parte del primer piso están destrozados, y no se pueden examinar ni recuperar los cadáveres ni los efectos personales hasta que el fuego se haya extinguido por completo y se haya descartado el peligro de derrumbe.

El amable médico que lo atendió antes asoma la cabeza por la puerta y mira a Hess con unos papeles en la mano.

—Su escáner tiene buen aspecto. Pero, si sufre náuseas, vómitos o dolor de cabeza en las próximas horas, debe acudir al médico para que lo examine de nuevo. ¿De acuerdo?

Hess asiente con la cabeza al médico, que se retira de la puerta y desaparece.

—¿Y qué hay de Ditte Vangsø? —continúa Nylander.

Hess rememora la imagen del cuerpo sin vida de Ditte Vangsø en brazos de su exmarido, y esa imagen le entristece.

Al llegar a la dirección junto con Thulin, la villa oscura y el silencio ya le habían producido un mal presentimiento, pero aun así había mantenido la esperanza.

En su intento por descubrir una entrada, él y Thulin habían dado la vuelta a la casa por separado; cuando Hess no se encontró con ella en la parte trasera de la casa y vio la puerta del sótano abierta, entró enseguida.

Siguió los rastros de sangre hasta la planta baja y encontró a Thulin en la entrada de la cocina.

El olor de gas procedente de los fogones y la visión de la vela encendida le hicieron tirar de ella hacia atrás.

La onda expansiva los lanzó a ambos por el rellano de la escalera del sótano y aterrizaron bruscamente, pero a salvo, en el suelo de hormigón, mientras la explosión destrozaba el piso de arriba.

Ellos habían sobrevivido, pero Ditte Vangsø no.

—Parecía tener la parte posterior de la cabeza aplastada. Había signos de golpes.

—¿Como golpes de hacha o…?

—Es posible.

—¿Y dónde estaba el hacha? —continúa Nylander.

—En el suelo. Junto a Torsten Vangsø. Pero podría haberla colocado otra persona.

—¿Visteis indicios de que hubiera habido otras personas en la casa, además de Torsten Vangsø y su exmujer?

—No, pero tampoco tuvimos tiempo de investigarlo.

—¿Visteis huellas en la nieve? ¿Algún otro vehículo además del de Torsten Vangsø?

—Había nevado mucho y estaba oscuro…

—¿Y la vela estaba cerca de Torsten Vangsø y los fogones de gas justo encima de él? —pregunta Nylander con impaciencia, mientras mira atentamente a Hess.

—Sí. Pero alguien había roto la ventana de la puerta del sótano y había entrado por la fuerza antes de que llegáramos. Había sangre en el suelo y en otros lugares, y, a juzgar por las lesiones de Ditte Vangsø, debió de ser ella quien fue sorprendida por el agresor en el sótano.

—Pero ¿no puedes descartar que quien entró por la fuerza a por el sótano pudiera haber sido el exmarido?

—interviene Budtz. Su mirada se posa en Hess mientras continúa—: Si se hubiese dado una situación en la casa en la que Ditte Vangsø huyera al sótano, ¿su exmarido podría haber salido por la puerta principal y haberse dirigido a la entrada del sótano?

¿Y podría haberla arrastrado hasta la isla de la cocina para luego encender una vela y abrir el gas de los fogones de la cocina?

—Sí. En teoría.

—¿Quién más podría haberlo hecho? No había rastros de nadie más, según vosotros.

Es Budtz quien sigue insistiendo, mientras Nylander observa en silencio. Hess tiene la sensación de que Nylander ha soltado deliberadamente a su perro de presa para ver a dónde lleva la confrontación. Se esfuerza por reprimir su irritación.

—Es probable que la misma persona que envió una foto a Torsten Vangsø para informarle de que su exmujer se encontraba en el juzgado de familia —explica Hess con cansancio antes de añadir—: Lo que indica que es la persona que estamos buscando.

También había un vehículo que salió del juzgado de familia justo después de que ellos se marcharan.

—Que hasta ahora no se ha podido identificar y que, en principio, podría ser un conductor cualquiera —objeta Budtz, antes de lanzar su siguiente comentario—: Por lo tanto, lo único por explicar es la foto.

La discusión con Budtz hace que el agudo pitido en los oídos se intensifique, por lo que Hess decide centrar su atención en Nylander.

—¿Qué está pasando aquí? ¿Qué habéis descubierto?

Se da cuenta de que el argumento de Budtz se debe a que saben algo que no dicen, y Nylander vuelve a tomar la palabra.

—Mantenemos abiertas todas las opciones hasta que se haya investigado todo, incluida la foto.

Pero Torsten Vangsø estaba en el bosque cuando Ditte Vangsø fue acosada, y los informáticos han confirmado que fue él quien pirateó el sistema del juzgado de familia.

Con total certeza. Ha tenido acceso a todos los casos y ha realizado búsquedas sobre las víctimas y otras personas acosadas.

—Pero las fotos que tenía en las paredes no eran las mismas que recibieron las víctimas. A menos que hayáis encontrado mensajes con rimas o exactamente las mismas fotos en algún lugar de sus ordenadores, no veo que pueda ser él.

—El problema es que eso no podemos comprobarlo.

Hess no lo entiende y mira a Nylander con cara de extrañeza.

—Torsten Vangsø debía de estar vigilando con sus cámaras de seguridad cuando registramos el apartamento de Store Kongensgade.

En cualquier caso, el departamento de Informática ha podido comprobar que poco después destruyó una serie de archivos de su servidor.

Eso significa que, en este momento, no podemos saber si tenía el material del que hablas o si no lo tenía.

Budtz vuelve a contemplar a Hess con su mirada calculada.

—Lo único que sabemos con certeza es que Torsten Vangsø se ha esforzado por borrar muchas cosas a toda prisa.

La discusión le da dolor de cabeza a Hess, por lo que evita complicarla aún más mencionando el asesinato de Caroline Holst. En su lugar, comienza a ponerse los zapatos.

—¿Dónde está Thulin?

—Acabaron de examinarla hace un rato y salió a llamar a su novio.

Budtz acompaña su respuesta con una mirada cargada de curiosidad hacia Hess, para ver si lo ha impresionado, pero el teléfono de Nylander comienza a sonar, por lo que, mientras lo saca y se dirige hacia la puerta, da por concluida la reunión.

—Le he dicho a Thulin que se vaya a casa a dormir, y lo mismo te digo a ti, Hess. Los de la científica se harán cargo de la escena del crimen tan pronto como los bomberos la dejen libre, y mañana hablaremos de los resultados.

Nylander responde a la llamada y desaparece por la puerta con Budtz siguiéndole los pasos.

Irritado, Hess se ata los cordones de los zapatos y, aunque le duele la espalda, decide pasar por la jefatura.

Se ha dado cuenta de que tiene que estudiar a fondo todas las informaciones que llegaron mientras estaba con Jon.

Tras la conversación con Nylander y Budtz, está claro que hay que darse prisa antes de que se desvíe la investigación con teorías que no se sostienen.

En algún lugar del ovillo hay un cabo que conduce al autor de los crímenes y, aunque Hess está seguro de que han seguido el hilo equivocado, no tiene ni idea de por dónde empezar a buscar para dar con el correcto.

Su móvil, que está junto a él en la camilla, vibra y, cuando termina de atarse los cordones, ve que es Aksel. Por un momento, piensa que no tiene tiempo para contestar la llamada, pero luego comprende que Aksel quizá no haya podido hablar con Thulin después de la explosión, y contesta.

—Hola, Aksel.

—No consigo localizarla. ¿Está bien?

La voz de Aksel suena muy tensa y preocupada, y Hess puede imaginar lo inquieto que debe de sentirse el anciano si tiene la sospecha de que Thulin podría haber estado presente en el lugar de la explosión.

—Sí. Ahora mismo está ocupada hablando por teléfono, pero se encuentra bien.

Mientras Hess busca su abrigo en una silla, oye que Aksel da un suspiro de alivio. De hecho, da varios, y pasan unos segundos antes de que continúe.

—¿Dónde estáis?

—En el hospital de Amager. Solo para un chequeo.

—¿Qué demonios ha pasado?

Es agradable que Aksel no esté enfadado con él. Cuando se lo encontró en la jefatura esa misma mañana, la mirada del anciano no había sido agradable, pero Hess no quiere aprovecharse de la situación.

—Fuimos a una dirección y hubo una explosión de gas. Todo pasó muy rápido, pero seguro que ella misma te lo cuenta. Le digo que te llame…

—Pero ¿lo habéis atrapado?

La pregunta pilla a Hess por sorpresa. Le resulta extraño que Aksel cambie tan rápidamente de tema y deje de lado el bienestar de Thulin.

—En las noticias dicen que puede que sea el autor de los asesinatos el que ha fallecido en el incendio. Así que ¿lo habéis cogido?

Hess no quiere discutir el tema con Aksel y decide cambiar de tema.

—No sé lo que dicen en las noticias y tú sabes que no puedo hablar del caso.

—¡Déjate de gilipolleces! Te lo vuelvo a preguntar: ¿lo habéis cogido o no?

El tono impaciente en la voz de Aksel hace que Hess se detenga justo cuando está a punto de abrir la puerta y salir. Sabe de la obsesión de Aksel por los casos criminales, pero esto suena diferente, y Hess recuerda algo más que le ha extrañado.

—¿Por qué me llamaste hace unas horas?

—Joder, ¡qué complicado eres! ¿No puedes simplemente responder a la pregunta?

La confusión por el comportamiento de Aksel hace que Hess vuelva a dudar y decide lanzar un globo sonda.

—¿Y si no lo hubiésemos atrapado?

Se hace el silencio al otro lado del teléfono. Pasan varios segundos sin que Aksel diga nada, y Hess empieza a dudar de si ha colgado.

—¿Aksel?

—No te ha mencionado el antiguo caso.

—¿Qué caso?

Nuevo silencio. Luego oye a Aksel respirar profundamente.

—Tenemos que hablar. «En el bosque anocheció». Ese caso.