El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 66
67%

Capítulo 66

Los últimos invitados del acto se han marchado y todo el movimiento que había dos horas antes es ahora calma en el salón de actos.

El aparcamiento, salvo unas pocas excepciones, está vacío, pero, a diferencia de otras ocasiones, hoy hay un coche de policía visible desde el salón.

Marie está impaciente, sentada en una silla de una fila vacía, mientras el conserje y un par de ayudantes están recogiendo después de lo que se podría denominar el peor evento de puertas abiertas del siglo.

Desde su posición, ve que en la sala de profesores Mattsen está hablando en voz baja con uno de los agentes que han acudido por el incidente entre Sebastian Rye y ella.

Rye también se encuentra ahí. Mattsen lo ha convencido para que regrese para resolver esa situación o «desacuerdo», como lo llamó intentando ser diplomático.

Marie intenta de nuevo, y en vano, contactar con Naia Thulin.

Tiene la impresión de que, dentro de la policía, es ella la que la tomará más en serio, así que marca una y otra vez el número desde el que la inspectora la había llamado.

Los dos agentes que están hablando con gesto adusto con Mattsen y Rye en la sala de profesores son de la comisaría local, a la que esa misma tarde había llamado el director, y, aunque seguro que son meticulosos, Marie se sentiría más confiada si acudiera Thulin.

Además, los policías se habían presentado en gran número, posiblemente debido a la atención que el instituto ha recibido en los medios de comunicación, pero ahora solo quedan los dos agentes, y Marie no lo entiende.

Primero, Marie intentó explicarles su teoría sobre Sebastian Rye.

Les habló sobre los comentarios que había escrito en los trabajos de Caroline, sobre que Omar creía que Caroline había roto con él por una relación con un profesor y sobre los retos de Caroline y Sandra.

Marie también había hecho hincapié en que ella misma había sido una de las profesoras que se habían encargado de vigilar a los jóvenes esa noche en la fiesta del instituto, de la que Caroline se había marchado temprano, y por eso sabía que Sebastian Rye había desaparecido antes de que terminara la fiesta.

Los policías habían tomado notas cumplidamente y habían recabado los datos de contacto tanto de Omar como de Sandra, mientras que Mattsen parecía incómodo y presionado.

Marie lo entiende perfectamente, pero teme que ahora esté dándoles la lata a los agentes.

Para su alivio, ve que los dos policías entran en el salón y se dirigen hacia ella, que se levanta con entusiasmo.

—¿Lo van a detener? —pregunta en cuanto pueden oírla.

—Sebastian Rye tiene una coartada para la noche en que desapareció su hija —responde uno de los agentes en tono suave, mientras mira a Marie con un leve gesto de reproche—. Por lo demás, no hay nada que indique que él tuviera una relación especial con su hija —añade.

Marie nota cómo una sensación de frustración crece en su interior, pero Mattsen, que se ha acercado a los policías, añade rápidamente:

—Marie, Sebastian lamenta los comentarios que hizo en los trabajos de Caroline.

Ahora se da cuenta de que fue y es una forma poco profesional de comportarse como profesor, y quiere ofrecerte sus más sinceras disculpas.

Sin embargo, también debes saber que no me gustan tus duras acusaciones contra un compañero y la escena que han provocado.

—¿No lo dirán en serio? —Marie puede oír la desesperación de su propia voz e intenta calmarse—. Tienen que localizar a la inspectora que les mencioné, se llama Thulin. Ahora está investigando el asesinato de una mujer en Vanløse y sé que estaría interesada en hablar con Sebastian Rye.

—No podemos contactar con Naia Thulin —se disculpa el otro agente.

—Vaya, ¿y no pueden localizar a nadie de ese departamento? Con ella iba un hombre, pero no sé cómo se llama.

—Hemos dado aviso al departamento de Homicidios, pero no espere saber nada de ellos hasta mañana.

—¿Hasta mañana? —Marie siente que se vuelve a poner furiosa—. ¿Por qué no ahora?

En los músculos tensos de la mandíbula del policía ve que está haciendo esfuerzos por controlarse.

—Esto no es, en modo alguno, un caso urgente, y en estos precisos momentos el departamento en cuestión está ocupado en una operación de gran envergadura que sin duda podrá seguir en las noticias cuando llegue a su casa. Le damos las gracias por todo.

Marie se queda perpleja. Los dos agentes hacen ademán de marcharse, pero ella da un paso adelante y mira fijamente a los ojos de uno de ellos.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Yo no sé nada. Pero, si los rumores que circulan en la prensa son ciertos, ha ocurrido algo que posiblemente esté relacionado con el caso de asesinato que acaba de mencionar. Que tenga un buen regreso a casa.

Los agentes saludan a Mattsen con la cabeza y se dirigen hacia la salida. Marie vuelve a sacar su teléfono móvil, esta vez para leer la portada del primer periódico sensacionalista que se le ocurre, pero no encuentra lo que ha mencionado el policía.

—¿Entramos un momento a hablar, Marie?

Marie levanta la mirada hacia Mattsen, que señala con actitud indiferente la sala de profesores, donde ve a Sebastian Rye esperando. Entonces ella se agacha, coge su bolso y se apresura hacia la salida.