El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 65
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Capítulo 65

Grandes copos de nieve se arremolinan contra el cristal del coche y los limpiaparabrisas se enfrentan a una lucha desigual intentando estar a la altura.

Thulin nota que, durante un instante, el coche policial patina en la resbaladiza calzada cuando Hess, a toda velocidad, gira alejándose de los cafés hípster, los restaurantes gourmet y la atmósfera creativa que reinan en el área de Refshaleøen, pero lo endereza rápidamente y pone rumbo hacia la antigua isla astillero del puerto de Copenhague, que sigue siendo una especie de territorio casi inexplorado.

Están solo a un cuarto de hora del centro, pero aquí gobierna la oscuridad y la distancia entre farola y farola y entre edificaciones es mucho mayor.

Aunque el paisaje está cubierto por la nieve, la sensación que uno recibe es la de prados y zonas boscosas salvajes que se funden aquí o allá con modernos bloques de viviendas, naves de astilleros y antiguas granjas con caminos de entrada tan repletos de cachivaches que Thulin no puede evitar pensar en mercadillos y concesionarios de coches de segunda mano.

Ya no le cabe duda de que el lugar al que se dirigen tiene un significado muy especial para el exmarido de Ditte Vangsø.

Cuando supieron que Ditte y Torsten Vangsø habían vivido en esa dirección durante un breve periodo de tiempo, Thulin comprobó inmediatamente quién era el propietario de la casa y quedó claro que Torsten Vangsø había comprado y tomado posesión de la propiedad hacía menos de un mes.

La información había hecho que Thulin estuviera aún más impaciente por llegar, y el GPS de su teléfono la había mantenido constantemente por la ruta más rápida posible.

—Doscientos metros. A la derecha —informa a Hess mientras vuelve a mirar la pantalla y trata de hacerse una idea del entorno a través de la espesa niebla.

Hess aminora la marcha y, cuando más adelante los faros iluminan un buzón destrozado junto a una entrada, disminuye aún más la velocidad del coche.

Poco después, aparca en el arcén, a unos metros de distancia, para que desde la casa no se pueda ver el vehículo.

En cuanto apaga el motor, Thulin se desabrocha el cinturón de seguridad y saca su pistola y su linterna.

—Lo mejor será que vayamos juntos —recomienda Hess, y ella nota que en la oscuridad su insistente mirada se clava en ella, pero ya ha abierto la puerta del coche y está saliendo.

Desde el camino de entrada a oscuras, pueden ver una pequeña casa, oculta de la carretera por árboles frutales cubiertos de nieve y densos nogales arbustivos.

La propiedad parece vieja y en ruinas, y, aunque el jardín esté cubierto por una fina capa de nieve nueva, no hay duda de que la casa lleva mucho tiempo deshabitada.

Las ventanas están a oscuras, no hay señales de vida ni huellas recientes en la entrada, pero, cuando Thulin mira hacia la marquesina para coches a la derecha de la propiedad, ve que hay un vehículo aparcado.

Al abrigo de los árboles que bordean el sendero de entrada, se dirigen silenciosamente hacia el edificio. Por el camino, Thulin observa que la casa consta de un sótano, una planta baja elevada, en cuyo interior no puede ver nada, y un primer piso con ventanas abuhardilladas.

Cuando llegan a la fachada, donde una escalera de ladrillo conduce a la puerta principal, Thulin se ha adelantado varios pasos a Hess.

Continúa hacia la marquesina atravesando los copos de nieve que se arremolinan y, cuando llega al coche, enciende su linterna e ilumina la matrícula.

En el haz de luz reconoce el número. Es el Mercedes de Torsten Vangsø que buscan.

Cuando se asegura con la linterna de que el interior del vehículo está vacío, se vuelve hacia Hess y hace un gesto con la cabeza.

Mientras tanto, Hess ha subido la escalera principal y se encuentra frente a la puerta con la mano de la pistola colgando a un lado.

En cuanto capta la señal desde la marquesina, intenta girar con cuidado la manilla de la puerta, pero por sus movimientos ella deduce que está cerrada con llave.

Él mira interrogativamente a Thulin, y ella se apresura a indicarle que seguirá por el lateral hacia la parte trasera de la casa, mientras que él debe dar la vuelta por el otro lado.

Se queda un momento parado, mientras la nieve se posa en una fina capa sobre su cabello, y, aunque ella no puede interpretar la expresión de su rostro desde la distancia, sabe que él no está de acuerdo, pero de todos modos se pone en marcha.

Lo más sensato sería sin duda pedir refuerzos, pero, si Ditte Vangsø está en la casa, no pueden perder ni un segundo.

Cuando Thulin, tras dar unos pasos, mira por encima del hombro, ve que le ha hecho caso.

Él desaparece tras la esquina hacia el lateral de la casa y ella continúa por el otro lado, sin perder de vista las oscuras ventanas de la planta baja.

Cuando llega a la esquina de la edificación, se detiene un momento antes de girar con la pistola en alto y todos los sentidos alerta.

Entra en un patio trasero vacío y se queda quieta un momento para orientarse.

Tarda unos segundos en darse cuenta de que está a solo medio metro de una puerta de sótano entreabierta.

En la parte superior, hay un cristal roto y, cuando descubre las profundas marcas que han destrozado el marco de la ventanita, se pega de inmediato a la pared de la casa para que no la vean desde dentro.

Su corazón late fuerte y rápido. Sin perder tiempo, quita el seguro de la pistola y vuelve a girarse hacia la puerta del sótano.

A través de la rendija de la entrada, puede ver una cortadora de césped y un par de bicicletas volcadas, pero, cuando el haz de luz de su linterna ilumina el suelo de hormigón justo delante de la puerta, ve manchas de sangre entre los cristales rotos.

Por un momento, se queda de pie junto a la pared de la casa, con los copos de nieve revoloteando en su cara.

Sabe que debería esperar a que Hess llegue desde el otro lado de la casa, pero la visión de la sangre, que podría ser de Ditte Vangsø, la lleva a tomar otra decisión.

Se da la vuelta, empuja lentamente la puerta del sótano con la boca de la pistola y, cuando sus ojos se han acostumbrado a la oscuridad, entra.

El sótano está en silencio y, aunque se esfuerza por escuchar, tampoco oye ningún ruido procedente de la casa.

Un desagüe en el suelo le indica que probablemente se encuentra en un lavadero, pero la habitación parece utilizarse como trastero y está llena hasta los topes de cosas viejas.

Ilumina rápidamente todos los rincones y, cuando el haz de luz capta una mancha de sangre en el marco de la puerta que da al pasillo, comienza a caminar lo más en silencio posible entre las sillas de jardín y las bicicletas para atravesar el cuarto.

Al llegar a la puerta, ve que el pasillo continúa hacia la izquierda, por debajo de la casa.

En el frío, puede ver su aliento como una nube blanca delante de la cara y, en el inquietante silencio, oye su propia respiración superficial.

Debería dar media vuelta o, al menos, esperar a Hess, pero en lo más profundo de su ser siente que es urgente, así que, antes de que pueda arrepentirse, vuelve a levantar la pistola y la linterna y las sostiene en alto mientras da un paso hacia el pasillo.

Está vacío y sucio, lleno de telarañas que cuelgan en guirnaldas del techo.

Huele a humedad y moho, pero también a algo más que no logra identificar.

Puede ver hasta el otro extremo del pasillo y, decidida, avanza sin hacer ruido sobre el suelo de hormigón, donde se extienden grandes manchas de sangre.

Solo se detiene cuando el haz de luz de su linterna ilumina el pie de una escalera.

Alumbra los escalones y, en el rellano, ve una puerta que debe conducir a la planta baja.

En pocas zancadas, Thulin sube las escaleras y, en cuanto está lista, presiona el picaporte.

La habitación a la que accede está vacía y sin muebles, y el olor del sótano, que no podía identificar, es más fuerte aquí.

La estancia está en silencio, lo único que oye es el viento que silba fuera y, de vez en cuando, hace crujir la casa.

Desde la puerta al otro lado de la pieza, Thulin divisa un tenue resplandor de luz.

Con la pistola en alto, avanza con cautela por la estancia. Se detiene al llegar al marco de la puerta y, tras armarse de valor y contar hasta tres en su cabeza, da un rápido paso hacia la puerta mientras apunta con la pistola hacia la habitación contigua.

Lo primero que Thulin percibe es que se encuentra ante una vieja cocina.

A lo largo de una de las paredes, hay una encimera destartalada con fregadero y grifo, mientras que la otra pared está provista de armarios y cajones deteriorados, algunos de los cuales están abiertos.

En el centro de la habitación, hay una isla de cocina con unos viejos fogones de gas, y, cuando su mirada se posa en las dos figuras que están en el suelo, se queda paralizada.

Torsten Vangsø está sentado, sin vida o profundamente inconsciente, junto a la isla de cocina, con la cabeza apoyada en el pecho, de modo que no se le ve la cara.

Sostiene a Ditte Vangsø en sus brazos. Sus dedos están entrelazados frente al pecho de ella, y parece que la estuviese abrazando con ternura y protección.

Por un momento, Thulin se pregunta si Ditte Vangsø aún puede estar viva, pero entonces ve los coágulos de sangre en su cabello y la forma antinatural de su cráneo.

Una sola gota de sangre cae sobre una de las manos de Torsten Vangsø, y su anillo de boda brilla débilmente a la luz de una vela casi consumida, colocada en un candelabro junto a él en el suelo.

Junto a la vela, cerca de una de las piernas del hombre, hay un hacha de mango largo con sangre en la parte posterior del filo.

De repente, Thulin nota un silbido procedente de la cocina.

Como en cámara lenta, suma dos y dos y se da cuenta de que el extraño olor, que aquí en la cocina es más fuerte que antes, es de gas ciudad.

Se queda paralizada, mirando fijamente la vela que arde despacio, y la sensación de irrealidad y conmoción es tan fuerte que no logra reaccionar.

Incluso cuando oye a Hess en la oscuridad y siente cómo tira de ella hacia atrás, no puede mover el cuerpo.

Con gran fuerza, la arrastra hacia la puerta abierta del sótano, pero Thulin pierde el equilibrio y se oye a sí misma gritar mientras él la empuja hacia el rellano de la escalera.

Entonces oye la explosión, el suelo desaparece bajo sus pies y cae hacia la oscuridad.