Capítulo 63
—Venga, tenemos que recapitular.
—Un segundo.
Thulin le indica a Hess que espere hasta que haya entregado un papel más al investigador que está con los auriculares en uno de los fondos de la sala de control y coordina las emisiones a los coches patrulla.
En la nota ha apuntado otra dirección más del pasado en el área de la capital que a Torsten Vangsø se le podría ocurrir visitar, y, aunque sea solo un disparo a ciegas, hay que intentarlo.
Desde que el investigador les había informado de lo que había encontrado en las grabaciones de las cámaras de vigilancia, ella y Hess habían acelerado aún más el ritmo.
En el margen de las imágenes de una cámara de vigilancia, situada en la parte trasera del juzgado de familia, se podía ver el coche que llevaba a Ditte Vangsø en su interior salir a la calle y girar a gran velocidad por Ellebjergvej.
A primera vista, no había nada interesante en la imagen, pero, como el investigador tenía la tarea de fijarse en todo lo que se moviera tras la marcha del coche, se percató del movimiento casi imperceptible de un vehículo aparcado en la oscuridad, en el extremo más alejado del aparcamiento.
Al cambiar a la grabación de una cámara situada en la parte delantera del edificio, quedaba claro que el vehículo desconocido se puso en marcha justo cuando pasaba por Ellebjergvej el Mercedes de Torsten Vangsø; poco después, giró en la misma dirección.
No se podía ver la marca del coche ni la matrícula, solo un ligero abollón en el guardabarros trasero izquierdo.
Hess y ella no tenían ninguna duda de que el vehículo desconocido era sospechoso.
Mientras las grabaciones se enviaban para su análisis detallado con el fin de identificar el coche, se apresuraron a hacer las llamadas que Thulin creía que podrían ayudarlos a averiguar adónde había ido Torsten Vangsø.
Thulin habló con Lena Fjeldstrup, mientras que Hess lo hizo con la madre de Ditte Vangsø.
Lena Fjeldstrup estaba fuera de sí, pero respondió lo mejor que pudo a las preguntas que le había hecho Thulin.
Mientras la mujer intentaba desesperadamente recordar lo que Ditte le había contado sobre el primer año de su matrimonio, Thulin iba anotando los trozos de información en su cuaderno de notas.
Tan pronto como encontraban el indicio de algún acontecimiento especial, Thulin anotaba dónde había tenido lugar y le pasaba el papel al coordinador mientras seguía hablando con Lena Fjeldstrup.
Al otro lado de la mesa, Hess utilizaba la misma estrategia en su conversación con la madre de Ditte Vangsø.
La llegada y participación de Hess en la búsqueda había animado a Thulin, pero, aunque él también había entregado varios papeles al coordinador, tampoco había obtenido ninguna información nueva y decisiva de la madre de Ditte Vangsø.
Por lo tanto, era urgente intentar atar cabos, y, cuando regresó junto a Hess, este comenzó a resumir con impaciencia.
—Según la madre, se conocieron en la universidad de Amager, en una fiesta de verano de la facultad de Humanidades a la que acudió Torsten Vangsø. Ditte se lo describió a su madre como algo romántico; se sentaron en la escalera principal y…
Lo mismo le dijo Lena a Thulin, así que no puede evitar interrumpir.
—Se ha enviado una patrulla, pero Torsten Vangsø supondrá que hay alarma en el edificio por la noche y quizá también guardias.
Hess continúa imperturbable, con la mirada fija en sus notas.
—En esa época, él vive en una residencia de estudiantes en el noroeste y ella vive en una casa compartida…
—Es indiferente, pero se han enviado coches a las direcciones en cuestión.
Hess pasa rápidamente una página de su bloc.
—Entonces se hacen novios y él la acompaña a Londres, porque le han dado una beca de estudios. Se mudan juntos a una habitación y él le pide matrimonio en algún lugar de Notting Hill.
—Seguro que está en su lista volver allí, pero ahora no puede. Continúa —dice Thulin con impaciencia.
—Después de medio año, regresan a casa —continúa Hess—. Se casan en la iglesia de Holmen y celebran la fiesta en un salón alquilado del Museo Nacional. Ditte lo describió como muy pomposo y…
—Pero demasiado impersonal —le corta Thulin—. Además, hay demasiada gente. ¿Dónde viven después de casarse?
Hess hojea para localizar la información.
—En un piso cooperativo junto al canal de Christianshavn. En el mismo edificio, él alquiló posteriormente unos locales para su empresa. Cuando la compañía crece y tiene éxito, compra el piso de Store Kongensgade, donde tienen a sus hijas y viven desde entonces.
Thulin sabe que tanto la empresa de Torsten Vangsø como el piso de Store Kongensgade ya están bajo vigilancia, pero hay algo más en la presentación de Hess que le llama la atención. Le deja continuar.
—Luego está el hospital donde nacieron las niñas. La iglesia donde fueron bautizadas, la multipropiedad en España…
—Alto, has olvidado una dirección —dice Thulin mientras rebusca entre todos los papeles de su mesa—. Según el censo, vivieron tres meses en otro lugar antes de mudarse a Store Kongensgade.
—Sí. Alquilaron una vivienda amueblada mientras esperaban a que renovaran Store Kongensgade. Pero, por lo que recuerda la madre, fue más por necesidad que por deseo.
Esa información lleva a Thulin a examinar detenidamente las fotos del tablón que reproducen las que Torsten Vangsø tenía en su mesilla de noche, junto a la de la boda, pero no se distingue si fueron tomadas en un piso; sus ojos se posan entonces en un retrato al que no había prestado atención antes.
Se trata de un pequeño selfi enmarcado que Torsten Vangsø tomó cuando eran jóvenes.
Están tumbados en una hierba fresca y sonríen a la cámara con mirada enamorada, pero es la mano izquierda de Torsten Vangsø, que descansa sobre el vientre de Ditte Vangsø, lo que atrae la mirada de Thulin.
—¿Estaban esperando ya su primer hijo o fue antes? —pregunta Thulin.
—No sé —dice Hess, mientras saca un papel del montón—. Estaba en algún lugar de la isla de Refshaleøen. Annasvej. ¿Por qué?
Thulin deja de mirar la foto. En algún lugar de su memoria, puede oír un débil eco de la dirección que él ha mencionado. Cuando intuye el motivo, vuelve a rebuscar entre los papeles de la mesa, ahora para consultar sus propias notas sobre las hijas de Ditte Vangsø.
—¿Qué sucede? —interviene Hess, impaciente. Aparta la silla de la mesa y se levanta. Thulin encuentra la nota que busca y, tras leerla, coge su chaqueta.
—Vamos allí. Su hija mayor se llama Anna.