Capítulo 61
La sala de control rebosa de frenética actividad.
Por todas partes hay investigadores hablando por el móvil o sentados frente a las pantallas, intercambiando información apresuradamente con sus colegas al otro lado de las mesas.
La investigación de los sucesos en el juzgado de familia se mezcla con la búsqueda de Torsten Vangsø y su exmujer, y a Hess le frustra no conseguir respuestas a sus preguntas porque su conversación con Thulin se ve constantemente interrumpida por compañeros que reclaman su atención:
—Thulin, preguntan si se deben seguir registrando los coches en los ferris.
—Sí, que lo mantengan.
—Pues que sigan igual y que llamen a Nylander si es importante.
Cuando su mirada atareada vuelve a fijarse en Hess, él continúa su intento de ponerse al día.
—Pero ¿cómo pudo suceder? ¿Cómo pudo acercarse a ella?
—Ven conmigo. Lo puedes ver en las grabaciones.
Thulin da media vuelta sin más explicaciones y Hess se apresura a seguirla por la sala mientras se pregunta qué querrá decir con «las grabaciones».
De camino a la jefatura, ya había intentado llamarla, pero no se lo había cogido, y él sabía que era porque el departamento estaba patas arriba.
En diversas plataformas de noticias, había leído a la carrera lo que había sucedido, y el contenido lo había conmocionado.
Todos los medios informaban de que, solo unas horas antes, un hombre había irrumpido en el juzgado de familia de Ellebjergvej, en Valby, donde había apuñalado al subdirector de la institución antes de tomar un rehén y huir en un coche.
Varios medios de comunicación, que habían hablado con algunos de los trabajadores, creían saber que el autor del crimen era un cliente y que la persona secuestrada era su exmujer, y Hess había supuesto que se trataba de Torsten y Ditte Vangsø.
En su mente aún tenía presentes el piso de Store Kongensgade y las paredes llenas de fotografías de Ditte Vangsø, y estaba impaciente por llegar para obtener respuestas a sus preguntas.
Cuando llegó a la jefatura, la multitud de periodistas y reporteros de televisión que esperaban frente a la entrada era mayor que nunca, y dentro del departamento reconoció el ambiente tenso y ajetreado que se respira en las grandes operaciones.
Nylander no se encontraba allí porque estaba informando a la dirección y preparándose para una rueda de prensa, pero Hess había localizado a Thulin en la sala de control, que era claramente el centro neurálgico de la operación.
Estaba de pie, estudiando el panel con fotos de detalles del apartamento de Store Kongensgade, y era evidente que toda su atención se centraba en averiguar adónde había llevado el exmarido a Ditte Vangsø.
A pesar del trajín, Thulin le había comunicado su alegría por el despertar de Jon, y él lo había agradecido, pero también sabía que no podían detenerse en eso ahora.
Lo primero que Hess había preguntado era si había alguna novedad sobre el paradero de la pareja desaparecida, pero no era así, y luego había dado rienda suelta a su indignación por que Torsten Vangsø hubiera podido entrar en el edificio, cuando Ditte Vangsø estaba bajo protección policial.
—Los agentes encargados de protegerla se quedaron vigilando en la planta baja, junto a la entrada principal y en las escaleras de la recepción.
Pero el exmarido sabía que había una puerta para el personal al otro lado del edificio y consiguió entrar con un cuchillo.
Cuando los agentes se dieron cuenta de lo que había pasado, ya era demasiado tarde —explica Thulin.
—Pero cómo podía saber el exmarido…
—Mira primero este vídeo. Discúlpame un momento.
Se requiere su presencia de nuevo en otro lugar de la bulliciosa sala, por lo que Hess pulsa el botón de reproducción del ordenador que ella ha preparado para que él pueda ver el vídeo mientras ella está fuera.
Las imágenes en blanco y negro de las cámaras de vigilancia del juzgado de familia están granuladas, pero es fácil distinguir lo que ocurre.
De un coche oscuro, aparcado en la parte trasera del edificio, se baja un hombre justo cuando una mujer sale por una puerta no muy lejos de allí.
El hombre corre hacia la mujer y hacia la puerta y, con un cuchillo en la mano derecha, obliga a la mujer, que muy probablemente sea una trabajadora, a volver a entrar.
En la siguiente cámara, que graba el interior de una estrecha escalera, Hess reconoce claramente al individuo.
Torsten Vangsø parece decidido y, con los ojos desorbitados, empuja a la empleada por las escaleras hasta el cuarto piso, donde desaparecen por una puerta.
En la siguiente toma, la lleva a empellones delante de él por un pasillo, al tiempo abre las puertas de las oficinas de los tramitadores y mira dentro.
Cuando abre la tercera puerta, ve algo que le hace detenerse y desaparece en la oficina, mientras la empleada sale corriendo.
Poco después, vuelve a salir al pasillo, ahora acompañado de Ditte Vangsø.
Le pone el cuchillo en el cuello y la arrastra hacia la escalera por la que ha subido, pero poco después se ve obligado a detenerse, ya que un hombre con gafas se acerca desde el otro extremo del pasillo.
Hess reconoce al subdirector, que parece que quiere empezar una negociación tranquila, pero, con un movimiento repentino del brazo, Torsten Vangsø le asesta una cuchillada.
El subdirector se agarra el cuello y la sangre brota entre sus dedos.
Se tambalea hacia atrás, se apoya en la pared y desaparece de la imagen.
Aunque las grabaciones no tienen sonido, Hess puede imaginar fácilmente los gritos y el caos que debió de desatarse entre los empleados, que corren aterrorizados de un lado a otro del pasillo.
Torsten Vangsø empuja entonces a la paralizada Ditte Vangsø delante de él, mientras bajan las escaleras y salen por la entrada del personal hacia el coche.
Desde la cámara situada en la parte trasera del edificio, Hess puede ver cómo él la obliga con el cuchillo a entrar por la puerta del conductor hasta el asiento del copiloto, tras lo cual él mismo se sienta en el coche y lo arranca.
Según la hora que marca el vídeo, el hombre sale del encuadre solo tres minutos y cuatro segundos después de su llegada y desaparece.
Son imágenes terribles de ver, y Hess, profundamente impresionado, duda un momento de su convicción de que Torsten Vangsø no es el criminal al que llevan buscando dos semanas.
Pero, hasta ahora, el autor de los crímenes se ha mostrado calculador, paciente y meticuloso hasta el más mínimo detalle, mientras que el suceso que acaba de presenciar da testimonio de un hombre espontáneo y violento, dominado por sus emociones.
Las grabaciones plantean además una gran pregunta, que Hess le formula confundido a Thulin cuando ella vuelve a aparecer a su lado.
—¿Cómo pudo saber el exmarido que Ditte Vangsø estaba allí?
Thulin ya ha seleccionado una foto en su pantalla.
—Porque Torsten Vangsø recibió esto en su cuenta de Messenger, unos treinta minutos antes de llegar a la entrada del personal del juzgado de familia.
Hess se acerca para mirar la foto. Está tomada desde lejos, pero reconoce la delgada figura de Ditte Vangsø, que se dirige en la oscuridad hacia la entrada principal del edificio funcionalista con dos policías detrás de ella.
—Alguien quería que Torsten Vangsø supiera dónde estaba su exmujer. Enviarle esa foto probablemente haya sido lo mismo que incitarlo a cometer un acto violento.
Hess puede oír en la voz de Thulin que está furiosa y lo entiende perfectamente. La foto es preocupante. Su motivo aparentemente inocente no cambia el hecho de que ha desencadenado una avalancha incontrolable y, aunque la imagen es la pieza del rompecabezas que le falta a Hess, también le inquieta.
—¿Raheem ya ha analizado la foto?
—Todavía está en ello, pero en principio parece ser de las que ya conocemos, y no se puede rastrear al remitente.
—¿Y han comprobado lo que hay en las grabaciones de las cámaras de vigilancia del exterior del edificio?
—Sí, pero la foto de Ditte Vangsø está tomada desde el otro lado de la calle, donde no hay cámaras. Tampoco hemos encontrado testigos que…
—No, no. Me refiero a las grabaciones después de que el exmarido se marchara.
—¿Después?
Thulin lo mira y Hess se apresura a explicarse.
—La persona que envió la foto no podía estar segura de lo que haría Torsten Vangsø al recibirla. Si fue el autor de los crímenes, tenía que estar cerca para ver qué le sucedía a Ditte Vangsø.
Hess ve que Thulin ha entendido lo que quiere decir y que se gira hacia un detective mientras señala su ordenador.
—Comprueba las cámaras de vigilancia que hay ahí fuera, las que apuntan al aparcamiento o a la calle, cuando los Vangsø salen. Averigua si hay alguien esperando o si hay algún vehículo aparcado. Cualquier cosa que parezca sospechosa.
Hess se ha levantado de la silla frente a la pantalla del ordenador y el investigador la ocupa con movimientos rápidos.
Nota que la misteriosa foto le ha preocupado aún más, pero, independientemente de si el autor es el remitente o no, lo más importante ahora es centrarse en encontrar a Ditte Vangsø lo antes posible.
—¿Puentes, transbordadores, fronteras, todo en marcha? —le pregunta a Thulin, y ella asiente con gesto frustrado.
—El problema es que el exmarido también cuenta con todo eso.
—¿Qué quieres decir?
—Torsten Vangsø no es de los que conducen por la autopista cruzando los dedos para tener suerte. Lleva mucho tiempo vigilando a su exmujer y, aunque el secuestro parece haber sido un acto impulsivo, ha dispuesto de varias semanas para pensar en lo que haría cuando la tuviera en su poder.
—¿Y qué ha pensado? ¿Qué es lo que quiere?
Con toda intención, Hess intenta apretarle a Thulin las clavijas. Sabe que ella, por su trabajo en el NC3, ha tenido que emplear sus habilidades en casos difíciles que involucraban el acoso a mujeres, y es esa experiencia la que quiere que use ahora.
Thulin vuelve la mirada hacia las diferentes fotos que los técnicos han tomado del apartamento de Torsten Vangsø, que cuentan claramente la historia de su obsesión por su exmujer y por su vida, pero niega con la cabeza.
—No lo sé. Es obvio que él se cree un romántico. Sigue durmiendo en su cama, lleva su alianza, tiene su foto de boda en un marco y seguramente huele su ropa. Cada día se centra en su ausencia, mientras en su mente oscila entre el amor y la venganza.
—¿Qué es lo que quiere entonces?
—Él quiere recuperarla, pero para ello tiene que convencerla. Mostrarle los sentimientos que alberga. Impresionarla.
—Tiene dinero, así que puede hacerlo de muchas maneras —plantea Hess.
—Sí y no. Sabe que no se siente atraída por su riqueza. Ha dedicado tiempo a imaginar qué podría convencerla de que siguen estando hechos el uno para el otro.
—¿Y cómo podría lograrlo?
Hess ve que Thulin, en medio del ajetreo de voces tensas y apresuradas, tiene una idea importante. Su mirada se posa en la foto de boda que se encontraba junto a la cama y se detiene un momento en el rostro sonriente de Ditte Vangsø.
—Rebobinando en el tiempo y buscando un lugar donde él sabe que ella fue feliz.
Su propia frase la hace volverse hacia él y sacar su móvil.
—Llama a la madre de Ditte Vangsø. Yo llamaré a su novia. Tenemos que saber dónde conoció Ditte Vangsø a su exmarido. Dónde le pidió matrimonio, dónde se comprometieron, se casaron, tuvieron hijos, etcétera. Todos los lugares que pueden haber significado algo importante para ella y para él.
Hess saca su móvil para hacer lo que le pide. El brillo en los ojos de ella le ha dado esperanza.
—Thulin, hay algo que tenéis que ver.
Hess y Thulin miran al investigador que está sentado frente a la pantalla del ordenador, revisando las grabaciones de las cámaras de vigilancia. En su rostro, Hess puede leer que se avecina otra mala noticia.