Capítulo 54
La estrecha sala de fotocopias, ocupada en gran medida por las estanterías de los viejos casilleros, no es especialmente adecuada para una conversación, pero es el único espacio de esa parte del edificio en el que quizá puedan hablar sin ser molestados.
Thulin abre la puerta y, una vez comprobado que la habitación está vacía, entra y la sostiene para Aksel, que da rienda suelta a su sorpresa.
—¿Qué narices hace él aquí? No me dijiste que estabais trabajando juntos.
Ella cierra la puerta cuando él ha entrado y se vuelve, enfadada.
—Venga, ¿qué quieres? Ahora no tengo tiempo para todo eso.
—¿Qué dice Le? Y Bjørn ¿qué dice?
—No son tan infantiles como tú. ¿Qué es lo que quieres?
—Naia, si permites que regrese, me voy a volver loco. Está mal de la cabeza y no sabe…
—¡Aksel!
Su exclamación le hace callarse, aunque por su mirada puede ver que no de buena gana. Él está de espaldas a la oscura ventana que hay al fondo de la pequeña habitación y mira frustrado a su alrededor.
—No puede ser que tengamos que reunirnos aquí. Debe de haber algún lugar donde podamos sentarnos a tomar un café, porque esto va a llevar un buen rato.
—Estoy muy ocupada, así que, si tienes algo que decir, dilo aquí.
Por un momento la mira fijamente, pero, cuando se da cuenta de que ella es más obstinada que él, abre resueltamente su mochila.
—Bien, entonces ocúpate tú misma de leerlo lo antes posible.
Aksel saca una carpeta de su mochila, la coloca sobre la fotocopiadora y la empuja hacia ella.
—¿Qué es eso? —pregunta Thulin, impaciente.
—Es un expediente que he tomado prestado del archivo. Tienes que echarle un vistazo. Como descubrirás, no es la primera vez que un criminal se dedica a jugar al escondite con sus víctimas.
Thulin lo mira y se da cuenta de que habla en serio. A Aksel le gusta referirse a otros casos, pero es la primera vez que lo hace con ella y que le trae un expediente.
—¿Qué caso es? ¿Crees que puede ser importante?
—Sí, eso creo. Léelo, y léelo detenidamente.
Ella mira la carpeta y la aproxima con curiosidad. Al examinarla más de cerca, ve que la carpeta está desgastada por los bordes y tiene una inscripción emborronada en la portada, como si alguien hubiera posado una taza manchada con café derramado sobre ella.
—Gracias, Aksel. Lo leeré lo antes posible, pero podría haberlo buscado yo misma en el ordenador.
—No —dice Aksel—, porque tiene treinta años y no está digitalizado.
Thulin, sorprendida, mira alternativamente al expediente y a Aksel, que la observa sin pestañear.
—¿Quieres que lea un caso de hace treinta años?
—Quizá algo más —replica Aksel, impasible—. Es un caso de la época en que tu padre y yo estábamos en la unidad operativa.
Thulin siente que su impaciencia regresa. En la calle, el aire se llena del sonido de las sirenas de la policía, y se da cuenta de que deben de ser Budtz y los demás investigadores saliendo del aparcamiento. Sin embargo, su impaciencia se mezcla con cierta preocupación por Aksel.
—¿Cómo te fue en Múnich? ¿Lo has pasado bien?
—No me he dado ningún golpe y Múnich fue bien hasta que descubrí lo que estaba pasando aquí.
—¿Y te apresuraste a volver a casa para hacerme leer un caso de hace treinta años en el que trabajasteis tú y mi padre?
—Sabía que reaccionarías así. Siempre eres escéptica cuando hablamos de tu padre. Por eso es importante para mí conseguir que te centres en el caso y no en él.
Por un momento, ella no sabe qué decir, y el silencio hace que Aksel aproveche la oportunidad para acercarse y abrir la gastada carpeta.
—Bueno, podemos echar un vistazo rápido. Hay algunos detalles que son importantes. No conozco todos los del caso actual, pero por lo que he leído en la prensa y por lo que me ha contado uno de mis colegas…
—¡Basta, Aksel!
Él deja de hojear y ella espera a que él levante la vista antes de continuar.
—Sé que lo haces con buena intención, pero no es el momento adecuado.
—Tienes que superar tus sentimientos. Tu padre era una buena persona. Sé que sientes que te abandonó por su trabajo, pero…
—Eso ahora no importa una mierda. ¡Es que ahora mismo no estoy para perder el tiempo con vuestras historias de ladrones!
Aksel la mira. Si está dolido, lo disimula bien. Su mano sigue sobre la carpeta del caso, y la empuja hacia ella mientras la mira, esta vez con más insistencia.
—Léelo, Naia. Aunque sea tu padre.
En ese momento llaman a la puerta y Hess asoma la cabeza y los descubre.
—Disculpad.
—No pasa nada. Ya hemos acabado —dice Thulin.
Aksel no reacciona. Mira a Thulin y, cuando se da cuenta de que ella no va a recoger el expediente, lo hace él mismo. Sin decir nada, pasa junto a Hess en la puerta y sale de la habitación con el expediente en la mano y la cabeza alta, en una postura orgullosa.
—¿Qué quería? —pregunta Hess mientras Aksel se aleja por el pasillo sin mirar atrás.
—Nada. ¿Has hablado con Raheem?
Hess deja de seguir a Aksel con la mirada. Luego le tiende el abrigo que lleva en la mano.
—Algo va mal. Debemos ir a Store Kongensgade.
Empieza a caminar a grandes zancadas hacia la salida de los vehículos de personal y ella tiene que acelerar el paso para seguirlo.
—¿Por qué?
—Raheem no sabe dónde se encuentra Torsten Vangsø en este momento, pero ha podido ver que el hombre estaba en el bosque de Hareskoven. Al mismo tiempo que su exmujer y nosotros.