Capítulo 51
Es difícil ver el sendero del bosque cuando hay nieve, y la oscuridad que cae como un velo sobre el mundo no le facilita a Ditte dar con el camino.
Gracias a Dios ha paseado por aquí muchas veces y sabe en qué dirección tiene que ir.
Va cada vez más deprisa a medida que se aproxima a Lena y por el camino incluso le ha enviado un mensaje más: «Por cierto, estoy horrible. Ni me vas a reconocer».
«Bobadas. Tú siempre estás bien», ha respondido Lena, lo que ha hecho feliz a Ditte, aunque a lo mejor no sea cierto.
Pasa junto a la pila de troncos cubiertos de nieve que lleva ahí desde que tiene memoria y se da cuenta de que se ha adentrado bastante en el bosque. Mira un poco a los lados mientras camina.
«¿Me ves?».
«Aún no. Abro bien los ojos», responde Lena, y Ditte supone que ella también va con el teléfono en la mano.
Ditte acelera aún más. Poco después llega al cruce, donde se unen los cuatro senderos y hay un gran cubo de basura, y se detiene para mirar a su alrededor.
Según recuerda, el cruce está a mitad de camino del viejo roble, y empieza a extrañarse.
Lena ya estaba caminando hacia ella antes de que ella misma comenzara a andar, así que es extraño que aún no haya llegado.
Quizá se haya perdido. Mira hacia todos los lados, pero no ve a nadie, solo senderos y árboles cubiertos de nieve, con las ramas inclinadas hasta el suelo por la pesada carga, que se extienden hasta donde alcanza la vista.
«Estoy en el cruce, ¿dónde estás tú?», escribe.
«De camino», responde Lena de inmediato.
En la penumbra, Ditte mira concentrada hacia el sendero, que va en línea recta. Seguramente podría ver a Lena desde lejos, pero el camino está vacío. Ditte mira a los lados para ver si Lena ha elegido otra ruta, pero tampoco está allí.
Decide girar a la derecha por el sendero para poder ver mejor entre los árboles.
«Tienes que haberte equivocado. ¿Me ves ahora?», escribe, y, con la esperanza de que Lena la vea, empieza a agitar una mano en el aire.
«No».
Ditte ya no se siente segura. Las niñas están solas dentro del coche en el aparcamiento, ella tiene una reunión en el juzgado de familia y, de repente, ya no le ve la gracia. Decide volver al cruce y tomar el camino de la izquierda, por si Lena se ha desviado.
«¿Me ves ahora?».
«No», vuelve a responder Lena lacónicamente.
Ditte pierde la paciencia.
—¡Lena! ¿Dónde estás?
Su grito resuena entre los árboles cubiertos de nieve, pero no obtiene respuesta.
—¡Lena!
Solo hay silencio, pero entonces su teléfono vuelve a sonar y Ditte mira la pantalla con alivio al ver que Lena la ha oído.
Ahora iré y te comeré… Pillada.
Ditte se queda mirando las palabras. Es como si la sangre se le congelara en las venas.
Aguanta la respiración y, por un momento, está segura de que va a desmayarse.
El mensaje con el breve texto va acompañado de una foto de ella misma, de pie en el bosque, en el camino cubierto de nieve. Gira sobre sí misma de inmediato.
A su alrededor solo hay árboles cubiertos de nieve.
Respira a bocanadas y durante unos segundos no puede moverse.
Entonces echa a correr hacia el cruce. No está lejos, y desde el cruce puede girar por el sendero hacia el aparcamiento, pero en ese momento siente que una figura se pone en movimiento dentro del bosque y la sigue.
Ditte cambia de dirección y se aleja del sendero hacia la espesura.
Zigzaguea entre los árboles en dirección al aparcamiento, mientras las ramas cubiertas de nieve le azotan la cara.
Piensa en detenerse y esconderse, pero su perseguidor podría ver sus huellas en la nieve, así que, en lugar de eso, intenta acelerar el paso febrilmente.
Es ágil buena corriendo, pero la nieve es espesa y, por el sonido de las ramas rotas detrás de ella, intuye que su perseguidor es más rápido.
Ditte está a punto de caer cuando, con largas zancadas, salta por una elevación y llega a un pequeño arroyo. El cauce no está helado, por lo que el agua fría le entra en los zapatos, pero ella lucha por alcanzar el otro lado y subir la pendiente. Cuando llega arriba, una idea la hace detenerse.
Puede oír cómo se acerca su perseguidor, pero la idea que se le ha ocurrido la hace volver hacia el arroyo.
Jadeando, baja rápidamente por la pendiente, esforzándose por pisar las huellas que acaba de dejar.
El sonido de los pasos en la nieve y de las ramas moviéndose se aproxima, y, cuando por fin llega de nuevo al arroyo, comienza inmediatamente a seguirlo tan rápido como puede.
Ha avanzado unos cinco metros cuando oye a su perseguidor caer rodando por la elevación hacia el arroyo.
Con el corazón latiendo con fuerza y la respiración difícil de controlar, se agacha detrás de un árbol que crece cerca del agua.
Oye que su perseguidor vadea las aguas poco profundas del arroyo y continúa alejándose pendiente arriba, pero, justo cuando Ditte empieza a creer que su plan ha tenido éxito, todo se queda en silencio.
Contiene la respiración y escucha, pero no oye nada.
Durante lo que le parece una eternidad, permanece sentada y se aprieta contra el árbol.
En su mente, se aferra a la esperanza de que su perseguidor haya descubierto demasiado tarde que sus huellas han desaparecido.
Piensa que lo más seguro es quedarse detrás del árbol, pero de repente se da cuenta de que, a lo lejos, se oye algo inesperado. Sirenas de policía.
El sonido de la ayuda que puede estar en camino le infunde valor.
Se levanta sin hacer ruido y comienza a alejarse aún más.
Vuelve a caminar por el agua para no dejar huellas y se esfuerza por moverse en completo silencio.
Una burbujeante sensación de victoria y salvación se apodera de ella, pero cuando, con un exceso de confianza, mira por encima del hombro, acaba chapoteando un poco en el agua con un pie.
En ese mismo instante, oye que su perseguidor vuelve a ponerse en marcha.
Ditte corre todo lo que puede a través del arroyo. En cuanto ve un camino que sube, salta al suelo cubierto de nieve del bosque. No tiene ni idea de hacia dónde corre, pero sigue adelante sin más, entre los árboles.
De repente, se encuentra de nuevo en un sendero, y la sorpresa le hace disminuir el ritmo y mirar a su alrededor con desconcierto.
Inmediatamente avista al hombre en el sendero; se encuentra a unos cincuenta metros de distancia.
Antes de que pueda reaccionar, él se vuelve hacia ella y la descubre.
Grita su nombre y comienza a correr hacia ella, que aterrorizada huye en dirección contraria.
Puede oír que él sigue chillando, pero no se detiene.
Casi ha llegado de nuevo al cruce cuando, de repente, otra persona sale corriendo del bosque delante de ella.
Es una mujer, fuerte y rápida de movimientos, pero Ditte lucha con todas sus fuerzas para liberarse de su fuerte abrazo.
Solo cuando el hombre también llega, empieza a darse cuenta de que los dos pueden ser realmente policías, tal y como siguen afirmando.
Poco a poco, Ditte abandona la lucha y comienza a llorar.