Capítulo 50
A través del parabrisas, Ditte observa el bosque, que parece muy cambiado con respecto a la última vez que estuvo allí.
Fue en enero con Lena y unos días antes había comenzado a nevar, pero ahora la nieve pende pesada de los árboles y, aunque es la primera hora de la tarde, poco a poco va oscureciendo.
—¿Dónde está, mamá?
—Seguro que viene en un ratito. Quedaos sentadas.
Ditte se baja del coche y cierra la puerta al salir.
Se da la vuelta y mira alrededor. La nieve cruje bajo sus zapatos en la calma del bosque.
El aparcamiento se ve solitario, pero la única farola permanece encendida, como suele estar.
El tráfico de la circunvalación y de los cercanías que van y vienen de la estación de Ballerup se puede percibir como un débil rumor en la lejanía.
Se gira hacia la entrada del aparcamiento esperando a cada momento ver el coche en el que vendrá Lena.
Ditte recuerda que, cuando se vieron por última vez, Lena llevaba un Mini Cooper verde que le habían prestado en su trabajo, pero ninguno de los automóviles que pasan pone el intermitente y entra en la zona de estacionamiento.
El viaje hasta allí ha ido bien y ha llegado con tiempo de sobra, pero empieza a inquietarla un poco que Lena aún no haya aparecido.
O tal vez sea solo porque tiene muchas ganas de verla.
Durante un momento intenta controlar su impaciencia, pero luego se rinde a ella y entra en el nuevo perfil de Lena en Messenger.
He llegado. ¿Dónde estás?
Por suerte, un momento después recibe una respuesta.
Lo siento. Me he retrasado y he tomado un desvío equivocado. Estoy parada junto al viejo roble.
Ditte se sorprende y se irrita un poco, aunque Lena haya añadido emojis con ojos de corazón y otro que se encoge de hombros con gesto de disculpa.
Ditte conoce muy bien la pequeña área de estacionamiento que hay junto al viejo roble, pero la entrada está al otro lado del bosque y hay que volver a la carretera de circunvalación para llegar hasta allí.
Escribe rápidamente sus protestas, porque se suponía que iban a encontrarse donde siempre, es decir, en el aparcamiento, y Lena le responde rápidamente.
Lo sé. Lo siento. Dejaré el coche y cruzaré el bosque, es más rápido. Enseguida llego.
Ditte sabe muy bien a qué se refiere Lena. Hay senderos que van a través del bosque desde el viejo roble hasta el aparcamiento; al fin y al cabo, solo tardará entre cinco y diez minutos.
—¿Dónde está Lena, mamá?
La hija de Ditte ha bajado la ventanilla.
—Resulta que se ha equivocado de camino, pero ya viene, cariño. Todo va bien.
Sonríe tranquilizadora a su hija y descubre que Lena le ha escrito un nuevo mensaje.
¿Quizá podrías venir a mi encuentro? Así podríamos charlar un rato solas las dos.
El mensaje va seguido de un corazón y un emoji de un beso, y Ditte no puede evitar sonreír.
Le recuerda sus paseos juntas, que ahora le parecen lejanos.
Paseos que Ditte echa de menos y espera que vuelvan.
Por otro lado, no le gusta alejarse de sus hijas.
Lo piensa un momento, pero luego se decide.
Se acerca, abre la puerta del coche y les dice a las niñas que Lena y ella no se han entendido bien, por lo que tiene que ir al bosque a buscarla.
—¿Podemos acompañarte?
—Es mejor que os quedéis aquí. Solo serán cinco minutos.
Ditte cierra la puerta del coche. La decisión le resulta agradable y siente mariposas en el estómago al pensar en Lena. Se apresura hacia el sendero que conduce al bosque mientras le envía un mensaje a Lena.
Vale, voy de camino