El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 46 #3
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Capítulo 46 #3

Fue Lena quien insistió en que sería demasiado arriesgado quedar en su casa y, en su lugar, sugirió el apartado hotel de playa, que en invierno estaría desierto.

Ditte aceptó de inmediato. Por un lado, sabía que Lena haría todo lo posible por comprobar que el lugar fuera seguro y, por otro, estaba deseando verla, sin importarle dónde fuera.

Toca el teléfono para activarlo y, cuando se ilumina la pantalla, ve que ha recibido una solicitud de mensaje en Messenger de un perfil con el que no está conectada.

Ditte siente un nudo en el estómago, pero entonces descubre que el nombre del remitente es una combinación del nombre y el apellido de Lena, y que la primera parte del mensaje está escrita en mayúsculas.

¡ATENCIÓN! ¡ATENCIÓN!

Ditte, soy Lena. ¡Te escribo porque se ha puesto en contacto conmigo el administrador que dice que mi perfil de FB ha sido hackeado! No sé si es él, pero no me escribas a mi perfil normal. Repito: no me escribas allí. ¡Solo aquí!

El mensaje va seguido de varios de los habituales emojis de Lena con las manos juntas y corazones, pero el texto hace que Ditte pierda la concentración.

Cuando vuelve a mirar por el parabrisas, tiene que dar un volantazo para enderezar el coche y, al acercarse a la salida de un área de descanso, gira bruscamente y frena en seco para reducir la velocidad.

—¿Qué haces, mamá?

—Nada. Solo será un momento.

En cuanto llega a una plaza de aparcamiento en el área de descanso desierta, apaga el motor. El mensaje la mira fijamente desde la pantalla y el miedo, que vuelve a apoderarse de ella hasta hacerla temblar, la lleva a coger el teléfono del soporte y salir al frío.

—Mamá viene en un momento, dos segundos.

Cierra la puerta de un portazo y rodea el coche para que ellas no vean su inquietud, y luego se pone a estudiar el texto detenidamente.

Los emojis y la forma en que está escrito el mensaje podrían ser perfectamente de Lena, pero que Lena de repente escriba desde un perfil recién creado porque un administrador le ha avisado de que la han hackeado le parece sospechoso.

Cualquiera podría crear en cuestión de segundos un perfil falso con el nombre de Lena, y a Ditte le parece probable que su exmarido fuera capaz de hacer algo así.

Por otro lado, puede que el mensaje sea realmente de Lena. Si alguien sabe algo de informática, ese es su exmarido, y, si ha hackeado el perfil de Lena, seguro que también ha leído sus mensajes y está al tanto de que han quedado en Dragør, así que ¿por qué iba a escribirle ahora?

Vuelve a examinar otra vez el mensaje, pero, como sigue sin saber si es cierto, decide lanzar un globo sonda.

OK. ¿Te puedo llamar?

Pulsa «Enviar» con un índice tembloroso y, en los segundos siguientes, se pregunta si tendrá el valor de llamar y arriesgarse a que su exmarido coja el teléfono. Antes de que pueda terminar de pensar, llega una respuesta.

Hola cariño, me alegro de que escribas. No llames ahora. Estoy con la poli, que quiere saber dónde estás. ¿Qué les digo?

La idea de que Lena pueda estar hablando con la policía en ese momento hace que Ditte deje a un lado sus sospechas por un momento. Si realmente es su Lena quien escribe, no debe dudar de lo que tiene que hacer. Ditte siente un cálido cosquilleo de enamoramiento en el estómago.

No digas dónde estoy. No digas nada.

¿Qué quieren?

Envía el mensaje y, mientras el ruido del tráfico de la autopista ahoga la discusión que comienza entre las niñas en el coche, intenta concentrarse en lo que debe hacer. Llega un nuevo mensaje.

OK. Aún no lo sé. Lo siento mucho por ti y por las niñas. Te quiero y espero que todo esto termine pronto. ¿Irás a la reunión de las 17.00?

La declaración de amor y la pregunta posterior sobre la reunión hacen que Ditte se relaje. Debe de ser Lena, porque, aparte de sí misma y del tramitador, solo Lena sabe de la reunión y la hora en el juzgado de familia.

Sí. Tengo que aparecer. Sigo necesitando que cuides a las niñas mientras tanto.

Claro. Haré lo que sea para ayudar. ¿Dónde y cuándo nos vemos?

Ditte piensa, pero no se le ocurre ningún lugar. Habría sido estupendo disponer de una habitación en Dragør, donde las niñas pudieran dormir en camas de verdad y ella pudiera estar con Lena, pero si le ha preguntado es porque ella tampoco cree que sea seguro reunirse allí.

¿Qué tal en nuestro lugar? ¿En el bosque?

La propuesta es obvia. El bosque por donde ha dado tantos paseos secretos con Lena.

Caminatas íntimas en las que Ditte le había contado a Lena todos los secretos de su vida, mientras las hojas de los árboles cambiaban de color con el paso de las estaciones.

El bosque había sido su refugio común, al menos hasta que comenzó el acoso y un día apareció una foto de Ditte en el aparcamiento a la entrada del bosque con el mensaje: «Pillada».

Es como si Lena pudiera oír lo que está pensando, porque inmediatamente llega un nuevo mensaje.

O en otro sitio. Tú decides.

Ditte se toma un momento para meditarlo, pero oye que las niñas están discutiendo en voz alta dentro del coche, así que tiene que tomar una decisión.

Nuestro sitio está bien. Yo también te quiero

Ditte sale del chat y entra en el antiguo perfil de Lena para bloquearlo inmediatamente. Se asegura de que el bloqueo ha funcionado, para no volver a escribir a Lena en el perfil equivocado, y corre a subirse al coche y seguir conduciendo.