El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 35
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Capítulo 35

Aunque aún es media tarde, Thulin ve a través de las ventanas con cuadrícula que la oscuridad comienza a cernirse sobre la zona de Kartoffelrække, junto a los lagos de Østerbro.

La oscuridad no hace que la búsqueda del abogado sea más sencilla, y ese hecho la estresa casi tanto como el grupo de hermosas fotos familiares que hay en el alféizar de la ventana y que muestran a Philip Lund y su mujer, felices con sus pequeños gemelos.

Impaciente, comprueba su móvil para ver si Raheem le ha enviado ya respuesta a las preguntas que le hizo, pero, en lugar de eso, ve que Nylander la ha telefoneado dos veces.

Se anota mentalmente que debe devolverle la llamada lo antes posible y luego dirige de nuevo la mirada a la joven de cabello moreno que Hess está interrogando, sentados a la mesa de la cocina.

—Pero ¿dijo su marido si iba a ir a alguna otra parte o si venía directamente a casa? ¿O le dijo que…?

—No, me dijo que iba a salir de la casa de campo al instante. Tiene que haberle ocurrido algo. ¿Por qué no hacen nada? ¿Por qué no van a buscarlo a la casa?

Yasmin Lund mira a Hess con ojos llorosos y resentidos, mientras desde el primer piso les llega el llanto de los niños mezclado con el intento contenido de la madre de Yasmin por calmar a los gemelos.

Hace aproximadamente dos horas que Thulin y Hess descubrieron que Philip Lund no se encontraba en la casa de verano de sus suegros en el norte de Selandia.

De camino hacia allí, habían intentado en vano localizarlo por teléfono y, cuando llegaron por las sinuosas y nevadas carreteras, lo primero que pudieron constatar fue que no había ningún coche a la vista, tampoco el Toyota RAV4 de su suegro, que, según su esposa, Philip Lund había tomado prestado para despistar a su perseguidor.

La casa de verano estaba cerrada con llave, por lo que se dividieron y rodearon el edificio en forma de herradura hasta que se encontraron de nuevo al otro lado de la vivienda.

A través de las ventanas no se veía nada inusual en el interior, pero aun así forzaron la puerta y entraron.

Registraron minuciosamente todas las habitaciones, pero, aparte de unos guantes de hombre que podrían ser de Philip Lund sobre la mesa del comedor, no había ningún rastro de él.

Lo único que se había podido observar eran unas huellas de ruedas casi cubiertas por la nevada y unos pequeños huecos en la nieve que podrían ser de pisadas y conducían al lugar, junto a los altos abetos, donde habría sido natural que aparcara el coche.

Se llamó a la policía local y Thulin acordonó la entrada a la casa de campo, por si fuera necesario avisar a los técnicos de la policía científica.

Los agentes les ayudaron a registrar la zona, pero en las casas más cercanas no había señales de vida.

Thulin se había puesto en contacto con Yasmin Lund, que no había sabido nada de su marido desde que le había transmitido el mensaje de la policía.

Una llamada a Raheem les proporcionó rápidamente la información de que el teléfono de Philip Lund se había apagado a las 13.

37, es decir, solo unos cuarenta y cinco minutos antes de que Hess y Thulin llegaran a la casa de verano.

Esta información llevó a Thulin a pedirle a Raheem que dejara lo que tenía entre manos y revisara los mensajes de Philip Lund, pero aún no había recibido respuesta.

—Seguimos investigando los alrededores de la casa y estamos poniendo en marcha la búsqueda de su marido y del coche —le responde Hess.

—Pero ¿por qué lo buscan aquí? ¿Por qué tienen a su gente hablando con los vecinos?

Yasmin Lund señala las ventanas que dan a la estrecha calle, en la que se nota claramente que viven familias con niños.

Las aceras estrechas están llenas de juguetes y bicicletas nevadas, y en medio de la calle hay una casita de juegos que un automóvil apenas puede rodear.

A ambos lados de la estrecha calle hay aparcados coches caros y demasiado grandes, y los pequeños y cuidados jardines delanteros con exclusivos muebles de jardín, que hibernan junto a las cálidas y abundantes tiras de luces, dan testimonio de que aquí viven principalmente personas adineradas.

Durante el camino de vuelta desde el norte de Selandia, Thulin y Hess estuvieron de acuerdo en que había que enviar inmediatamente personal a la calle de Philip Lund.

Si se trataba del mismo autor que había perseguido a Silje Thomsen, había motivos para comprobar todas las casas del entorno, por si había vigilado a Philip Lund de cerca, o en último término por si lo mantenía retenido en algún lugar de las cercanías.

En todo caso, no es una preocupación que Thulin desee compartir con Yasmin Lund y mira con calma a la asustada mujer.

—En estos momentos no podemos dar más detalles, pero es importante que nos ayude. ¿Tiene alguna idea de quién pudo fotografiarla esta mañana con sus hijos delante de la guardería?

—No, ya se lo he dicho.

—Una persona, un coche…

—En absoluto. Tenía prisa y Philip acababa de enviarme un mensaje sobre el vídeo que había recibido toda la oficina.

—¿Y las otras veces en las que tomaron fotos de su marido? En las ocasiones en las que estaba con él, ¿se fijó en algo extraño?

—No, no sé quién puede ser.

—¿Y su marido? ¿Qué dijo al respecto?

—Al principio creyó que era algún amigo que le tomaba el pelo. Luego pensó que se trataba su exmujer y por fin que podría ser alguna contraparte que se hubiera sentido maltratada en algún proceso, pero no lo sabe.

—¿Su exmujer? —interviene Hess antes de que Thulin pueda continuar.

—Sí, pero ya no lo cree.

Thulin intenta volver a encarrilar a Yasmin Lund.

—Pero ¿está segura de no haber visto en el barrio a nadie nuevo? ¿Alguien que estuviera rondando sin ningún motivo…?

—Pero ¿por qué creyó que era su exmujer? —interrumpe Hess, lo que impacienta a Thulin, aunque se contiene.

—Su relación no es buena y llevan muchos años así.

—¿Por qué no?

—¿De verdad que tiene importancia ahora?

—Me gustaría saberlo.

Thulin se da cuenta de que Hess no va a rendirse y, aunque cree que sería más importante abrir el foco y no centrarse en la exmujer de Philip Lund, mira con aire alentador a Yasmin Lund, quien cede con cierta displicencia.

—Cuando nos conocimos, él seguía casado. Nos enamoramos, y no creo que haga falta decir más. Hemos intentado tener una buena relación con ella, pero aún no lo hemos conseguido.

—¿Se le ocurre algún otro enemigo de su marido? —pregunta Thulin.

—No, ya lo he dicho. Philip no ha hecho nada. ¡No entendemos nada y por eso lo hemos denunciado!

De repente, llaman a la ventana y Thulin ve a Nylander en el pequeño jardín delantero, junto a la calle, haciéndole gestos para que salga. No parece muy contento, así que ella se levanta rápidamente y se dirige a la puerta principal mientras oye a Hess continuar con las preguntas.

Al salir, cierra con cuidado la puerta y se apresura a decir algo para adelantarse a los reproches de Nylander.

—Siento no haber podido devolver la llamada.

—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué estamos haciendo una batida? —La mirada de Nylander es fría y tiene los dientes apretados.

—Raheem localizó una denuncia similar a las otras. Un hombre de cuarenta y tres años acosado casi del mismo modo que Silje Thomsen y Caroline Holst. Hemos intentado contactar con…

—¡Para el carro! ¿Un hombre de cuarenta y tres años?

Nylander la mira escéptico. Thulin se da cuenta de que ha olvidado el escepticismo con el que ella misma recibió la noticia cuando hace solo unas horas conoció la denuncia.

—Sí. Desde diciembre ha estado recibiendo fotos de sí mismo con un mensaje con la palabra «pillado». Hace un par de horas desapareció de una casa de campo y desde entonces ha tenido el móvil apagado.

—Pero buscamos a un criminal que ha matado a dos mujeres. ¿Por qué de pronto iba a querer acosar a un hombre de cuarenta y tres años?

—Todo apunta a que es el mismo patrón.

—¿Hay indicios de algún delito?

—No, pero tampoco los había en el caso de Silje Thomsen, así que para asegurarnos hemos puesto en marcha una operación.

—¿Habéis encontrado algo?

—Aún no. Le he pedido a Raheem que compruebe los datos de mensajes del hombre y vamos a iniciar una investigación de…

—Quiero ver el material en el que os basáis.

Thulin nota que Nylander está aún más irritado de lo que ya estaba.

Por las noticias de la radio del coche, sabe que acaba de dar una rueda de prensa en la que ha hablado de la relación entre los dos asesinatos de mujeres y ha asegurado al público que se está trabajando duro en el caso, y se pregunta si es por eso por lo que se muestra tan cerril.

—Por supuesto. Pero es importante que lo más rápido posible…

—Han asesinado a dos mujeres. Probablemente la misma persona. Tenemos a gente despellejándonos de aquí a Christiansborg y ninguno de ellos va a aplaudir con las orejas si enredamos los dos asesinatos con el caso de un hombre de cuarenta y tres años desaparecido.

—No enredamos nada. Tenemos que saber todo lo relativo a este desaparecido y preguntar a la gente de su alrededor si saben algo.

—¡Jefe!

Uno de los investigadores se ha acercado con un teléfono móvil que le alcanza.

—Ahora no —bufa Nylander y lo despacha con un gesto de la mano.

—Pero dicen que es importante.

Nylander suspira y se aleja molesto de la puerta de la casa junto con el agente, que le explica algo antes de darle el teléfono móvil. Thulin aprovecha la ocasión para comprobar si Raheem se ha puesto en contacto con ella, pero es Aksel quien le ha enviado un mensaje.

No has ido a esquiar. He leído sobre el caso en las noticias. ¡Llámame!

Está pensando en llamar a Aksel ahora mismo para zanjar el asunto, pero entonces Hess sale por la puerta de la casa y se une a ella.

—¿Qué dice Nylander?

—Se muestra escéptico.

—No debería hacerlo. La mujer de ahí dentro dice que su marido se divorció hace un par de años y está en guerra con su exesposa.

—¿Y qué?

—¿No te suena a Silje Thomsen?

Thulin no tiene tiempo de responder antes de que Nylander regrese apresuradamente de su llamada al móvil. Ha sacado las llaves del coche y no reduce la velocidad al pasar cerca de ellos.

—Tengo que irme. Terminad aquí y avisadme si descubrís algo.

—Pero ¿qué pasa con la investigación de su…?

—No tengo tiempo —dice por encima del hombro—. Rolf Bergmann ha mentido sobre su coartada. No estaba ni en el trabajo ni con su hija cuando su exmujer fue asesinada, así que hay que volver a interrogarlo.

Nylander ha abierto la puerta de su coche y se ha subido, pero Hess se acerca a la puerta y pone la mano sobre ella antes de que pueda cerrarla.

—La vida del abogado desaparecido corre peligro.

—Pues adelante, pero yo tengo que irme ya. Al parecer, hay indicios de que Bergmann también conocía a Caroline Holst.

Pasa un momento antes de que el comentario haga que Hess suelte la puerta. Nylander la cierra de un portazo, arranca el motor y se marcha a toda velocidad. Cuando Thulin se da la vuelta, ve a Yasmin Lund delante de la puerta de entrada mirándolos asustada.