El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 26
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Capítulo 26

Una vez delegadas las tareas más urgentes a su asistente en el mismo pasillo, Nylander sube las escaleras de mármol hacia la oficina del director de la policía.

Rara vez utiliza el ascensor y en estos momentos, además, necesita los minutos extra que le proporciona el trayecto a pie para concentrarse en el informe que dentro de unos instantes deberá dar a la dirección sobre el caso.

Es desde luego importante controlar también la estrategia de prensa y, aunque a ese respecto hay muchas cosas en las que pensar, dedica su energía a convencerse de que involucrar a Thulin y Hess ha sido una decisión correcta.

Todavía les guarda rencor desde que el maldito caso Hartung lo desacreditó, y lo único que alivia un poco la situación es pensar en las razones egoístas que tiene para recurrir a las cualidades profesionales de los dos.

El asesinato de Silje Thomsen y la sospecha de que se trata del mismo autor que asesinó a Caroline Holst han causado un gran revuelo.

El hecho de que el caso de Caroline Holst esté aún sin resolver sigue siendo una herida abierta para los familiares y para la opinión pública, y los rumores sobre otro horrible asesinato cometido por el mismo autor han vuelto a desatar las críticas.

Las feministas y las fanáticas del #MeToo se han movilizado y han señalado la incompetencia de la policía cuando se trata de resolver delitos cometidos contra mujeres.

Las demandas de seguridad y garantías jurídicas han marcado los debates y las crónicas desde el asesinato, y los políticos, por supuesto, han comenzado a sumarse al coro.

Las campañas de «Ya Basta» adornan de repente sus perfiles en las redes sociales, donde lo habitual es que solo se preocupen por las victorias de la selección nacional y las especialidades regionales para ponerse al nivel del pueblo.

Incluso el Ministerio de Justicia, que recientemente se había atrevido a defender a la policía del distrito Oeste, ha dado un giro de ciento ochenta grados y ha emitido ahora una declaración crítica.

Nylander no ve ningún motivo para darle importancia a que la víctima sea mujer u hombre.

De hecho, se producen más asesinatos de hombres que de mujeres, algo que nadie destaca nunca, pero se ha dado cuenta de que el sensacional giro que ha dado el caso es la oportunidad que estaba esperando.

Durante demasiado tiempo ha tenido que dar explicaciones y justificar que siga ocupando el cargo de jefe de homicidios y, aunque ha hecho todo lo posible por aprender de las críticas, hace tan solo una semana pensaba que tal vez sus esfuerzos habían sido en vano.

La resistencia parecía demasiado grande y persistente, y quizá sería preferible dar a los buitres lo que estaban esperando.

Pero entonces Silje Thomsen desapareció y se encuentra de pronto al frente de una investigación que, aunque tenga una fuerte presión, le da también la oportunidad de recuperar el terreno perdido.

Tras el hallazgo de los restos mortales de Silje Thomsen en los Prados de Kalvebod, se ha dado cuenta, sin embargo, de que la investigación no va a dar resultados de inmediato.

El exmarido de la víctima, Rolf Bergmann, tiene una coartada, y los primeros hallazgos de los investigadores, forenses y técnicos son escasos.

Ya antes le preocupaba que su equipo no estuviera tan preparado como antes, porque varios investigadores se han trasladado a otros departamentos a medida que el suyo perdía prestigio.

Tener que reconocer que Thulin y Hess lograron más por su cuenta en el domicilio de Silje Thomsen que su propio equipo en un registro a gran escala es ya muy sintomático.

Por eso Nylander reclutó a Thulin para el grupo de trabajo sin perder tiempo y, en paralelo, pidió a su asistente que se pusiera en contacto con Hess para ver si podía robarle algo de tiempo a Europol.

Sin embargo, pronto le informaron de que Hess había rechazado la oferta alegando que se encontraba en el país porque su hermano estaba ingresado en un hospital.

Con la esperanza de que, aun así, pudiera aportarles algunas teorías, Nylander había pedido a sus investigadores que intentaran que Hess se familiarizara con los expedientes del caso, pero este no había dado señales de vida en ningún momento.

Por eso a Nylander le sorprendió todavía más verlo esa mañana en el oscuro aparcamiento, esperando bajo la nieve.

Estaba más desastrado y distraído de lo habitual, pero, por otro lado, era un tipo peculiar, y Nylander había aceptado de inmediato cuando Hess mostró interés en el caso.

Y, sin embargo, la reunión del grupo de trabajo había sido un poco decepcionante.

Ni Hess ni Thulin le habían impresionado, pero quizá era pedir demasiado, y Nylander se consuela de momento pensando que puede mencionar a la dirección que los ha incorporado como refuerzos.

A medida que se acerca a la puerta del despacho del director, nota un optimismo cada vez mayor que quiere transmitir a sus jefes.

Después de todo, las circunstancias del caso apuntan al típico asesino vengativo con una infancia difícil y una relación traumática con su madre, y si la división logra encontrar al autor de dos asesinatos de mujeres, uno de los cuales es el de Caroline Holst, tendrá, de eso no le cabe duda, mucha importancia.

Las discusiones sobre su idoneidad como jefe acabarán y, de hecho, está seguro de que esto impulsará su carrera, y no puede evitar pensar en que los críticos, especialmente algunos miembros de la dirección, tendrán que tragarse sus palabras y tal vez hacerle sitio.

Baja el picaporte de la puerta del despacho y, tras una profunda inspiración, entra procurando que la expresión de su rostro sea la adecuada para la ocasión.