Capítulo 25
—Los análisis de sangre y del tejido pulmonar muestran indicios de que en un momento dado la víctima fue anestesiada con cloroformo.
Puesto que la víctima solo pesaba unos cincuenta y siete kilos, la anestesia duraría entre una y dos horas, probablemente.
Una hipótesis sobre la cronología, que hay que tomar con cautela, podría ser que la víctima fue anestesiada en su cocina; en cualquier caso, hay rasguños y arañazos en las piernas que podrían indicar que, en estado inconsciente, fue arrastrada desde la cocina, a través de la nieve y los matorrales, hasta la propiedad vecina y luego subida por unas escaleras.
Las palabras del forense hacen que Thulin piense en su propio recorrido a través de la oscuridad desde el jardín trasero de Silje Thomsen hasta llegar al primer piso del caserón vecino, y esa suposición le parece plausible.
El pequeño y delgado forense de origen finlandés está informando a Nylander, sentado a la cabecera de la mesa y asintiendo con impaciencia a las palabras que acompaña en la pantalla gigante con imágenes de primeros planos forenses de la parte inferior de las piernas de Silje Thomsen.
—¿Y qué puedes decirnos sobre las lesiones que ha sufrido?
Thulin está atenta a la pantalla, flanqueada por Raheem, por los investigadores de Nylander y por el técnico jefe de la policía científica.
Todos ellos conforman el grupo de trabajo de diez o doce personas.
Todavía no entiende la presencia de Hess, o, para el caso, que Nylander haya querido que participara.
Hess está sentado a cierta distancia de ella y lo más alejado posible de la pantalla; a pesar de la breve observación inicial de Nylander de que Hess se ha incorporado a la investigación con efecto inmediato, no parece que esté allí voluntariamente.
Tiene los zapatos empapados, bolsas debajo de los ojos y la mayor parte del tiempo la mirada fija en un cuaderno en blanco que hay sobre la mesa, frente a él.
Los hematomas y el pegamento en las muñecas y los tobillos indican que la víctima fue atada a la silla con cinta adhesiva resistente, y hay rasguños en la piel que sugieren que intentó liberarse cuando se despertó de la anestesia.
Fue amordazada con cinta adhesiva del mismo tipo.
Las manchas de sangre encontradas en el suelo y las paredes probablemente provienen de los desgarros y de las lesiones causadas por golpes en la cara y la nariz.
El forense hojea rápido sus papeles y, con una pulsación en el teclado, inicia una nueva serie de imágenes en la pantalla que hacen que Thulin se vuelva con repugnancia.
—En el garaje, donde se ha encontrado la mayor cantidad de sangre, la víctima recibió varios golpes en el cráneo con un objeto pesado.
El primer golpe probablemente le fue propinado desde detrás y afectó a la zona posterior de la cabeza; esto debió paralizar parte de su motricidad, pero no la dejó inconsciente.
Hay fracturas y lesiones en las manos y los brazos que apuntan a que intentó defenderse de los posteriores golpes, hasta que uno mortal la alcanzó en el lado izquierdo de la frente.
Thulin aparta la mirada de la imagen forense detallada, que muestra el cráneo hundido, y se enfurece al conocer los daños que tuvo que sufrir. Mientras tanto, escucha a Nylander preguntar:
—¿Puedes decirnos qué tipo de objeto pesado?
—Probablemente un pequeño mazo de unos dos o tres kilos, o bien la cabeza de un hacha. Esta última posibilidad es más factible, teniendo en cuenta lo sucedido posteriormente.
Nuevas fotos vuelven a provocar en Thulin ganas de apartar la vista, y un murmullo recorre la sala. Ella se obliga a mirar mientras el forense señala la pantalla.
—Las cuatro extremidades han sido seccionadas.
Los seccionamientos en la ingle y los omóplatos parecen aleatorios; las marcas de los cortes indican que el autor del crimen tuvo dificultades y que no conoce cómo está conformado el cuerpo.
Las partículas microscópicas en la piel y las heridas nos indican que los restos mortales han estado en contacto con plástico duro y azul.
Diría que podrían ser barriles de plástico o algo similar.
A Thulin le corre un escalofrío por la espalda, sobre todo al pensar que el autor del crimen probablemente ha sido tan despiadado como para descuartizar el cadáver por razones prácticas.
Es evidente que transportar un cadáver es arriesgado.
Los barriles azules de plástico se pueden justificar si te paran.
—¿Dices que el autor del crimen tuvo dificultades? —pregunta Nylander para romper el silencio tétrico de la reunión.
—El descuartizamiento ha exigido dedicación, a falta de una palabra mejor.
—¿Cuánto tiempo?
—A juzgar por el número de cortes, al menos entre treinta y cuarenta minutos.
—¿Violación? —pregunta Nylander.
—No hemos encontrado ningún indicio.
—¿Y ADN del autor del crimen: semen, sangre, pelo, cualquier cosa?
—No hemos encontrado nada —informa el forense.
Thulin comprende perfectamente que Nylander siga insistiendo en los resultados de la autopsia.
Hace un momento, el jefe de la policía científica había presentado sus conclusiones.
El hombre se había tomado su tiempo para explicar que las puertas del garaje subterráneo de la casa vecina mostraban claros signos de haber sido forzadas, probablemente con una palanca, lo que indicaba que el autor del crimen debía de haber accedido a la casa por ese camino, pero, por lo demás, había poca información útil al respecto.
Aparte de la silla de la habitación del primer piso, en la que solo habían encontrado las huellas dactilares de Silje Thomsen, la casa vecina estaba llena de huellas, pero ninguna de ellas aparecía en el registro de personas con antecedentes, mientras que en la vivienda de Silje Thomsen no habían encontrado ni una sola huella que no perteneciera a la propia Silje, a su hija o a su exmarido.
Thulin se pregunta por un momento cuánto tiempo habrá tardado el autor del crimen en prepararse, y su mirada se detiene en Hess, que sigue sin decir nada.
Cuando él se endereza en la silla y levanta la vista, establecen un breve contacto visual, antes de que él vuelva a bajar los ojos hacia su cuaderno.
—Thulin.
Se da cuenta entonces de que Nylander ha vuelto su mirada impaciente hacia ella. Se recompone y, con la ayuda de Raheem, que proyecta el material gráfico en la pantalla, toma la palabra.
—Antes de su muerte, Silje Thomsen recibió un total de cincuenta y tres mensajes de acoso de un remitente desconocido.
El hostigamiento se divide en dos fases.
En la primera fase, que comienza el 5 de diciembre, el acosador envía fotos de Silje Thomsen con la palabra «pillada», aparentemente para indicar que se trata de un juego del escondite y hacerle saber que la vigila.
La segunda fase comienza el día en que Silje Thomsen desaparece y consiste en una serie de fotos con la palabra «pillada» y una canción infantil del escondite con algunas rimas adicionales inventadas.
El último «pillada» que recibe, mientras está en su propia casa, es posteriormente borrado de su teléfono y de la nube.
Teniendo en cuenta esa foto, es plausible pensar que el acosador es el autor del crimen, y es probable que la haya borrado para impedir que descubramos que el ataque se produjo dentro de la casa.
Raheem se ocupa de que en la pantalla aparezca la foto de Silje Thomsen, de pie en la oscuridad en su salón, mirando a través de las persianas. El criminal debía de estar detrás de ella, en el rincón. La foto sigue causándole malestar a Thulin, pero, antes de que pueda recomponerse, la interrumpen.
—¿Y cómo demonios no comprobasteis al momento que esa foto había sido borrada?
Es Budtz el que ha preguntado con un tono acusador. Thulin ve que Raheem tiene que controlarse al contestar.
—Porque no podíamos ver que se había borrado. Si se borra una foto de la nube, recuperarla lleva tiempo.
—Pero ¿lo comprobasteis? ¿No habría cambiado eso las cosas?
—¡Sí, lo comprobamos!
—¿Significa el borrado que el autor del delito sabe más de informática que la mayoría? —quiere saber Nylander.
—No necesariamente —objeta Thulin—. Casi todo el mundo sabe que hay una copia de seguridad en la nube y, dado que el autor del delito se apoderó del teléfono de Silje Thomsen, ha tenido libre acceso a iCloud a través de sus ajustes.
—¿Alguna idea de cómo pudo hacerse con los números de teléfono nuevos?
—El autor del delito tenía en su poder las antiguas llaves de la casa de la hija. Al igual que en el caso de la última foto, supongo que podría haber entrado en la casa cuando no había nadie y haber encontrado el embalaje de la tarjeta SIM de Silje Thomsen.
—Pero ¿qué nos podéis aportar?
—El criminal utilizó mensajes de texto para comunicarse, y los mensajes debieron de mandarse desde un teléfono móvil, ya que el autor envió fotos al mismo tiempo que perseguía a Silje Thomsen.
El teléfono móvil podría haber estado equipado con una tarjeta de prepago anónima con datos, pero eso es solo una suposición, ya que envió sus mensajes a través de un navegador Tor, que encripta y hace imposible rastrear al usuario.
—Cuéntanoslo en cristiano. ¿Qué conocimientos técnicos hacen falta para un navegador Tor? —dice irritado Nylander, ante lo que Raheem se encoge de hombros.
—Bueno, hay que saber que existe. Pero si sabes comprar una tarjeta de prepago anónima en una gasolinera y luego buscas en Google y descargas el navegador Tor, en teoría puedes ser invisible al instante.
—Pero ¿no tenéis nada?
—Como ya he dicho, cuando se utiliza el navegador Tor no se puede ver la dirección IP y, por lo tanto, el remitente no es rastreable…
—Pero el autor tomó fotos de Silje Thomsen en espacios públicos; podrá verse en las grabaciones de alguna cámara de vigilancia.
Raheem proyecta en la pantalla las grabaciones de cámaras de vigilancia de un gran almacén, mientras Thulin explica.
—El problema es que las fotos se han tomado solo en lugares donde no había cámaras o donde había mucha gente. Esto significa que no podemos ver en las grabaciones quién ha tomado la foto en cuestión. Además, la mayoría de la gente lleva siempre el móvil en la mano, pero seguimos investigando…
—¿Habéis comprobado si el exmarido aparece en las grabaciones, si podría haber tomado las fotos?
Thulin mira a Budtz, que la ha interrumpido. A pesar de que Rolf Bergmann tiene una coartada, percibe en las miradas a su alrededor que a varios de los presentes en la sala les cuesta descartarlo como sospechoso.
—Sí —responde Thulin—. Y no, no aparece, por lo que hemos visto.
—Entonces ¿cuál es la conclusión? Hay más de cincuenta fotos y mensajes enviados por el autor del delito, ¿y no tenéis nada?
Aunque es Budtz quien hace la pregunta, nota la mirada crítica de Nylander, que los observa expectante, desplazando la vista de ella a Raheem alternativamente. Se siente agredida, pero intenta mantener la calma.
—Como hemos escrito en el informe, Silje Thomsen se citó con varias personas a través de Tinder después de su divorcio.
No sería la primera vez que el acoso y el asesinato se desencadenan por el rechazo y la obsesión, así que es importante investigar a esas personas.
Además, por supuesto, también intentamos buscar en las denuncias.
—¿Denuncias?
Nylander entrecierra los ojos y Thulin se dispone a explicar la teoría que ha encargado investigar a Raheem y sus compañeros.
—Tanto Silje Thomsen como Caroline Holst denunciaron el acoso en su comisaría. Si el autor es un acosador en serie, como todo parece indicar, es probable que también haya acosado a otras mujeres. Si esas mujeres también lo han denunciado, puede que alguna de ellas sepa algo que nos resulte útil.
—Pero ¿habéis encontrado a alguien?
—El problema es que hay casi dos mil denuncias de acoso al año —interviene Raheem—. Y no están recogidas en un único registro, así que necesitamos buscar manualmente en las respectivas comisarías para…
—En resumen: no tenéis a nadie. Gracias, recibido. Bien, en marcha.
Nylander se levanta abruptamente para indicar que la reunión ha terminado y no parece nada satisfecho al mirar a los participantes.
—Quiero que os centréis en las citas que ha encontrado el NC3.
Comprobad también a los compañeros de trabajo de la víctima, los vecinos del barrio, los albañiles, los delincuentes sexuales condenados, etcétera.
Pongámonos manos a la obra y mantened la boca cerrada ante la prensa.
Thulin y Hess, quiero hablar con vosotros un momento.
Todos empujan ruidosamente las sillas hacia atrás y se levantan.
Thulin intercambia una mirada con Raheem y ve que él está tan frustrado como ella por la forma en que acaban de despacharlos.
Tiene ganas de protestar, pero, cuando se acerca a Nylander, decide utilizar el tiempo de palabra de forma constructiva.
—Es importante que los familiares de Caroline Holst vean las fotos de las personas con las que Silje Thomsen salía y se relacionaba. Si Caroline Holst tenía contacto con alguno de ellos, es posible que los familiares recuerden su nombre o su rostro.
—Bien. Hess y tú podéis empezar con eso. Os pongo a los dos juntos porque sé que trabajáis bien en equipo. Me informaréis directamente a mí.
Hess se ha levantado y se ha acercado a Thulin. Ella lo observa sorprendida y puede ver en sus ojos que él también lo está. Por un momento, no sabe cómo reaccionar, pero luego se dirige a Nylander con una mirada decidida.
—No puedo. Estoy en el NC3 y tengo…
—No, ahora no. Poco antes de la reunión, he acordado con Krause que formes parte de la investigación, al tiempo que actúas como enlace con el NC3.
Está bien que empecéis con los familiares de Caroline Holst, pero hay que centrarse en la investigación del asesinato de Silje Thomsen.
No estamos trabajando en el caso de Caroline Holst. Es competencia de la comisaría del distrito Oeste y no debemos meternos en su circo. ¿Entendido?
Nylander les lanza una mirada cortante a ambos, sin esperar respuesta, y se dirige hacia la puerta con su montón de papeles bajo el brazo antes de que Thulin pueda reaccionar.
—¡Espera un momento!
Su exclamación, en un tono perentorio, hace que Nylander y un par de investigadores se vuelvan hacia ella. Por su cabeza pasan argumentos obvios para oponerse a seguir sus directrices, pero ninguno de ellos llega a salir de su boca.
Nylander la mira impaciente. Por las ventanas, Thulin ve el cielo grisáceo sobre la ciudad. El último destello de sol desaparece y comienzan a caer los primeros copos de nieve del día.