El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 24
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Capítulo 24

Desde su asiento en la parte trasera del taxi, Thulin puede vislumbrar la gran multitud de periodistas, reporteros de sucesos y fotógrafos que se han congregado frente a la entrada de la comisaría.

Algunos se abrigan del frío, otros teclean frenéticamente en el teléfono móvil o miran con impaciencia hacia el edificio, y Thulin reconoce algunas caras de su época como investigadora en el departamento de Homicidios.

Paga al taxista, sale al aparcamiento cubierto de nieve sucia y se apresura hacia la entrada.

La reunión del grupo de trabajo comenzará en unos minutos y su plan de llegar con tiempo se ha ido al traste cuando esta mañana, al salir de casa, descubrió que la batería de su coche oficial eléctrico había muerto con la helada de la noche.

Tardó veinte minutos en conseguir un taxi y, si ya al despertarse estaba nerviosa con el caso, el retraso lo empeoró aún más.

«Thulin, ¿puede confirmar que se trata del mismo autor que en el caso de Caroline Holst?».

«¿Es cierto que Silje Thomsen fue descuartizada?».

«¿Por qué no hace nadie una declaración?».

«Thulin, ¿cómo valora la investigación policial?».

Con habilidad, esquiva a los periodistas que la han reconocido y deja las cuestiones críticas flotando sin respuesta en el aire limpio y helado.

Desde el asesinato de Silje Thomsen hace cinco días, se ha filtrado a la prensa que la investigación parte de la hipótesis de que el autor es el mismo que en el caso de Caroline Holst. La noticia ha asaltado todas las plataformas con titulares de última hora como «El asesino de Caroline Holst, detrás de un nuevo homicidio» y «El acosador de Caroline ataca de nuevo», y la caza del asesino de mujeres ha desplazado por un tiempo los boletines sobre la amenaza de una guerra mundial inminente y otros escenarios apocalípticos.

Los críticos, como es lógico, han empezado a arremeter contra la policía y, aunque Thulin comprende perfectamente los reproches, se guarda su opinión para sí misma mientras pasa junto a los últimos informadores.

La atención de la prensa suele complicar mucho el trabajo, pero esta vez se recuerda que también hace que todos los implicados en la investigación trabajen más rápidamente, y eso es lo que ahora se necesita.

Una vez a salvo dentro del edificio, avanza por uno de los pasillos mientras comprueba si Bjørn le ha respondido. No lo ha hecho, pero Aksel sí que le ha enviado un mensaje.

Bullseyes y buen humor en Múnich. He intentado llamarte. ¿Qué tal la excursión a esquiar?

Aksel adjunta una foto suya con dos camaradas de avanzada edad delante de una diana, en un local que parece una cervecería, y Thulin se apunta mentalmente que tiene que llamarlo.

No ha hablado con él desde que las llevó al aparcamiento del colegio de Le para coger el autocar.

Esa misma tarde, él, junto con otros jubilados del club de dardos, tomaba el tren nocturno que los llevaría a la ciudad del sur de Alemania, donde estarían unos días visitando un club hermanado y viendo un partido de fútbol, así que Thulin aún no ha tenido posibilidad de aclararle que no pudo ir a Isaberg.

Tampoco va a ser ahora, porque, mientras sube las escaleras, tiene que contentarse con escribirle:

He estado ocupada, te llamo más tarde

Decir que ha estado ocupada es quedarse corto.

La misma noche en que se encontraron los restos mortales de Silje Thomsen en los Prados de Kalvebod, ella y Raheem regresaron a Vanløse para colaborar en la investigación.

Una vez más, habían recopilado material de vídeo de los residentes de la calle y, en particular, habían examinado las grabaciones de las cámaras de salpicadero del tráfico hacia y desde la casa vecina de Silje Thomsen, pero los resultados habían sido escasos.

Contra todo pronóstico, no habían encontrado ninguna cámara que hubiera grabado el vehículo que debió de entrar y salir del caserón vecino el día de San Valentín.

En cambio, más de treinta vehículos diferentes habían sido grabados circulando por la calle desde media tarde hasta primeras horas de la noche.

Cualquiera de ellos podría ser el que subió por la rampa del garaje con el cadáver descuartizado de Silje Thomsen en el maletero.

Y lo peor era que, con la oscuridad, casi ninguna matrícula se podía identificar.

Además, por las declaraciones recogidas por los agentes en el barrio, Thulin había visto que los vecinos interrogados tampoco habían notado ninguna actividad en la propiedad vecina.

La casa llevaba mucho tiempo deshabitada y a oscuras, y solo un vecino creía haber visto el destello de un coche bastante grande que se alejaba de la entrada una noche un par de semanas atrás, pero supuso que se trataba de obreros y no había prestado atención a la matrícula, la marca o el color del coche.

Thulin sabía ahora que no podían haber sido los obreros.

La gente de Nylander se había puesto en contacto con el propietario actual, que residía en el extranjero, y había averiguado que las obras de renovación de la propiedad se habían interrumpido hacía varios meses, debido a una disputa económica con el anterior propietario por la infección de moho y hongos que habían detectado.

Luego la empresa constructora quebró y el edificio quedó como una casa fantasma esperando su destino.

De vuelta al NC3, Thulin y Raheem se habían concentrado durante los últimos días en la caza digital del criminal.

La primera tarea consistía en intentar rastrear las numerosas fotos y mensajes de acoso hasta su remitente, pero Raheem tuvo que reconocer que todas las pesquisas seguían siendo en vano, e incluso la división cibernética de Europol había tirado la toalla.

Los mismos frutos dio la investigación de los mensajes que el autor había enviado en nombre de Silje Thomsen y que simulaban haber sido enviados desde un avión en ruta a Milán.

Se habían escrito y enviado iniciando sesión en su iMessage a través de iCloud, algo a lo que Silje Thomsen probablemente había tenido que dar acceso bajo coacción, y dado que el billete de avión se había pagado con la tarjeta de crédito de Silje Thomsen, ninguno de los dos elementos aportó pista alguna sobre la identidad del autor.

Para hacerse una idea general de qué enemigos podría tener Silje Thomsen, Thulin se había lanzado a revisar sistemáticamente sus bandejas de entrada, todos sus hilos de mensajes y sus redes sociales.

Durante ese proceso, le quedó claro que Silje Thomsen había mantenido otra correspondencia llamativa, además de la que tenía con el autor del delito: concretamente con su exmarido, Rolf Bergmann.

La mayor parte de su correspondencia a lo largo del tiempo podía leerse en su contexto en iCloud, ya que ninguno de los dos había cambiado de número de teléfono antes de que Silje Thomsen lo hiciera en diciembre.

A partir de la larga cadena de mensajes, Thulin había podido deducir que Silje Thomsen y Rolf Bergmann se habían casado en la iglesia de Vanløse hacía doce años.

En el tiempo posterior a la boda, la pareja había estado entretenida añadiendo información sobre el primer hijo que esperaban, y las múltiples declaraciones de amor mutuo se mezclaban con la alegría y la preocupación relacionadas con el embarazo, la compra de una casa y la economía.

La casa de ladrillo del barrio residencial era en realidad demasiado cara y demasiado grande para sus necesidades, pero, como la pareja pensaba tener más hijos, la habían comprado.

Por lo que Thulin podía deducir, su convivencia había transcurrido sin problemas hasta que, a los dos años, a su hija le diagnosticaron asma grave y alergia, lo que supuso varias hospitalizaciones.

Como Silje Thomsen y su marido habían llegado recientemente del norte de Jutlandia, no podían recurrir a la ayuda de sus familias, y la enfermedad de su hija había exigido toda su energía y atención.

Habían tenido que turnarse para quedarse en casa sin ir a trabajar durante los largos periodos en los que la niña estaba postrada en cama.

Solo cuando la niña superó lo peor de la enfermedad y empezó a ir al colegio, la pareja comenzó a intentar tener un segundo hijo, pero la concepción no fue tan fácil como la primera vez.

Silje Thomsen y su marido se vieron obligados a someterse a pruebas, que revelaron que Silje Thomsen padecía problemas de ovulación.

Durante los tres o cuatro años siguientes, se sometió a un agotador tratamiento de fertilidad que le provocó varios abortos espontáneos, hasta que, con gran pesar, se vieron obligados a abandonar su pretensión de ampliar la familia.

Thulin tenía la sensación de que, en el tiempo que siguió a esos intentos, la pareja había buscado fortalecerse concentrándose en la magnífica vida que disfrutaban a pesar de todo.

Pero, aunque habían acordado darle prioridad a la pareja, las declaraciones de amor se volvieron menos frecuentes.

Especialmente por parte del marido. Las escapadas románticas de fin de semana y la celebración de fechas señaladas habían sido sustituidas por una ocasional terapia de pareja, que a su vez se había visto afectada por nuevos problemas, como cuando el hombre, que trabajaba como auditor contable, fue despedido de su trabajo, o cuando a su hija le diagnosticaron dislexia en la escuela.

Las excusas del marido eran cada vez más frecuentes: «Tengo que entrenar», «Voy a ir a montar en bici con un compañero», «Debo quedarme hasta tarde en el trabajo».

Silje Thomsen se había mostrado comprensiva, pero, más o menos un año antes, comenzó a expresar su desesperación por el hecho de que él pareciese estar alejándose de su pequeña familia, y los mensajes entre los dos cada vez contenían más ataques y defensas, con texto en mayúsculas, como si las tuvieran que gritar para ser escuchados.