El caso Holst (El caso Hartung) Capítulo 23
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Capítulo 23

Por fin consiguen llegar hasta el pasillo frente a uno de los bares.

Aquí también hay mucha gente, pero, en cuanto hay espacio, Yasmin se da la vuelta, lo agarra y le da un beso.

No es un beso cotidiano como los que ya se han acostumbrado a darse entre cambios de pañales, berridos de bebés y discusiones acaloradas, sino un beso de verdad, y Philip siente la lengua de ella entre sus propios labios.

—Ha sido una buena idea —grita ella para vencer el ruido de la música, que en el pasillo se impone totalmente.

Lo mira con sus hermosos ojos marrones, que brillan con sincera alegría, y él se ríe y asiente.

Aunque ambos están ebrios de música y alcohol, Philip puede ver en su mirada que esta noche ella está tan aliviada como él al descubrir que su deseo mutuo sigue intacto a pesar de los retos a los que se enfrentan.

Ella lo besa de nuevo y le dice que va a buscar un baño. Con un movimiento discreto, le roza con la mano la entrepierna antes de dejarlo con una sonrisa inocente y desaparecer entre el grupo de personas que han salido a tomar el aire o a por algo de beber.

Philip todavía siente su calor mientras hace cola en la barra y deja que la sensación de felicidad se extienda por su cuerpo por primera vez en mucho tiempo.

Todavía se tienen el uno al otro y a su pequeña familia.

Las cosas son complicadas, pero él las resolverá; al acosador que salió de la nada y comenzó a envenenar y aterrorizar su vida hace algún tiempo, ha conseguido finalmente quitárselo de encima o ahuyentarlo.

Para San Valentín se esforzó especialmente en encontrar alguna actividad para los dos con la que marcar un nuevo comienzo, y, cuando a un compañero se le hizo imposible aprovechar las entradas que tenía para el concierto, que estaban ya agotadas, Philip se las compró inmediatamente porque sabía que haría feliz a Yasmin.

La cola del bar se reduce y Philip saca el móvil para enviarle un mensaje antes de que le toque pedir: «¿Qué quieres? ».

Casi al momento, vibra el teléfono… con el icono de una berenjena.

Philip se sonríe ante su humor procaz, que le encanta.

Antes de que pueda responder, ella le envía una foto. Pulsa el icono y, para su sorpresa, descubre que es una foto de su canalillo. Está tomada desde arriba, sentada en el inodoro y apretando ligeramente sus pechos para que se hinchen.

Philip se ríe para sus adentros, porque le recuerda cuando se conocieron y empezaron a enviarse mensajes subidos de tono.

«T quiero», escribe él, y la sensación de felicidad vuelve a invadirlo.

«Ven entonces», responde ella con otra berenjena, y esta vez la acompaña con un primer plano de sus labios poniendo morritos.

Philip sale de la cola y se dirige hacia donde ella ha desaparecido. «¿Dónde estás?», escribe, sin que pueda evitar sonreír como un adolescente recién enamorado, porque es una noche maravillosamente loca, tan diferente de las que lleva sufriendo durante demasiado tiempo.

«Al final, ¡pero date prisa!».

Rodeado de las voces de miles de personas que acompañan las canciones en el estadio, Philip se va abriendo paso entre la gente que hay en el pasillo, que serpentea a lo largo de las entradas al estadio. Aunque trata de localizar el baño en el que ella debería estar, no ve nada.

«T busco, donde estas??», consigue teclear mientras avanza.

El teléfono, que lleva en la mano, no tarda en vibrar. Impaciente por leer la respuesta, pulsa la foto antes de darse cuenta de que no es de ella.

Ya apenas oye la música. Se le paralizan las piernas y los escalofríos le recorren el cuerpo al reconocer el motivo.

La foto fue tomada hace un momento en el pasillo. Una multitud caótica se agolpa frente a la barra, pero el remitente ha dibujado un círculo irregular alrededor de él y Yasmin, que están en medio de la multitud besándose. Debajo hay una pequeña palabra que él conoce demasiado bien.

«Pillado».