Capítulo 16
Es última hora de la tarde y por segunda vez en el día Thulin llega con el coche ante la casa de ladrillo de Vanløse con la valla de troncos y el letrero de SE VENDE. Esta vez tiene que aparcar a varias casas de distancia. Sale del vehículo y cierra la puerta mientras escucha un mensaje de Bjørn
«Hola, es que se me ha ocurrido que no nos cuesta nada cuando salgamos pasar a recogeros a ti y a Le. Si te parece bien, hablamos luego. Ciao».
Su voz cálida y amable le produce mala conciencia.
Sin responderle, mete el móvil en el bolsillo y reconoce que está preocupada por si realmente va a poder ir a esa excursión.
Mientras camina por la acera, ve que unos cuantos vecinos curiosos han tomado posiciones en la nieve frente a la casa, como suele ser habitual cuando la policía acude en gran número.
Por la gran cantidad de coches patrulla y furgonetas de la policía científica, entiende que Nylander se ha tomado en serio la misión, y eso la tranquiliza un poco.
Las investigaciones sobre los movimientos de Silje Thomsen, que ella misma acaba de realizar junto con Raheem, no han hecho más que reforzar su impresión de que las respuestas se encuentran aquí, en la propia casa de la mujer.
Un responsable informático de la compañía de seguros de Nordhavn les había permitido acceder al correo del trabajo, a su calendario y a sus documentos.
Desde una esquina de la oficina, grande y diáfana, con plantas verdes y muebles ecosostenibles, ella y Raheem habían entrado en su ordenador, y este último había determinado muy rápidamente que el acosador no le había enviado a Silje Thomsen ni fotos ni mensajes al e-mail del trabajo.
Además, por su estación de trabajo digital daba la impresión de que era una persona cumplidora y trabajadora, al menos hasta el momento del mes de diciembre en el que empezó el acoso.
A partir de entonces comienzan a aparecer episodios de olvidos.
Un hilo de e-mails internos que se prolonga durante varias semanas daba testimonio de que un superior quisquilloso había observado sus descuidos, y la situación escaló cuando un cliente importante se había quejado de que había acudido a una reunión sin prepararse.
Aunque Silje Thomsen se había disculpado y tratado de explicarse varias veces, el jefe le había recomendado que hablara con el departamento de Recursos Humanos sobre su baja por enfermedad.
Una compañera de trabajo, a la que Thulin oyó hablar con los investigadores en una mesa contigua, corroboró que así había sucedido.
Estaba muy afectada desde que por la mañana un agente contactó con ella para preguntarle dónde pensaba que podría estar Silje Thomsen.
No sabía nada y llevaba más de dos semanas sin verla, pues Silje había cancelado varias citas para tomar un café porque no se encontraba bien.
La compañera había descrito a Silje Thomsen como una persona dulce y trabajadora, y una buena amiga con la que llevaba trabajando muchos años.
En la época previa al divorcio, se notó que su vida familiar no había sido precisamente idílica, pero, después de solicitarlo unos meses atrás, había florecido, aunque solo hasta que comenzó el acoso, y entonces todo dio un giro radical.
Se mostraba preocupada y nerviosa, y cada vez le resultaba más difícil cumplir con sus obligaciones.
A su compañera le había explicado que el acoso podía deberse al divorcio y ser obra de su exmarido, pero luego empezó a tener dudas.
Le había enseñado algunos ejemplos de la persecución a la que era sometida y le había dado mucha rabia que la empresa no hubiera intentado ayudarla algo más, pero ni ella ni otros trabajadores tenían ninguna pista de quién podría querer hacer daño a Silje Thomsen.
Tampoco sabían si en estos momentos tenía algún novio o alguien a quien viese con regularidad.
Y eso es todo lo que sacaron de la visita antes de que el móvil sonase con noticias del NC3.
Tal y como Thulin había pedido, los trabajadores del NC3 habían ido llamando a las puertas de la calle de Silje Thomsen para solicitar material gráfico del periodo comprendido entre las 17.
00 y las 20.00 horas del día anterior. En un primer momento, se habían centrado en las casas más cercanas a la de Silje Thomsen, pero, por la Ley de Protección de Datos, ninguno de los vecinos de su acera o de la de enfrente que disponían de sistema de alarma tenía la cámara de vigilancia mirando hacia la calle.
En cambio, varios residentes tenían cámaras de salpicadero en los coches aparcados en la entrada o delante de sus casas.
Las grabaciones de la cámara del coche del vecino de enfrente, aparcado en diagonal frente a la casa de Silje Thomsen, habían resultado especialmente interesantes.
En cuanto las grabaciones estuvieron alojadas en el servidor del NC3, Raheem se conectó desde uno de los portátiles que siempre llevaba consigo.
Juntos comenzaron a revisar el material, y el primer punto interesante fue a las 17.
19 del día anterior, cuando la cámara del salpicadero del vecino se activó al captar la silueta solitaria de Silje Thomsen.
Había nieve en el parabrisas a través del cual grababa la cámara y las imágenes eran tan oscuras como si fuera noche cerrada, pero Thulin pudo reconocer a Silje Thomsen a la luz de las farolas, cuando se iba acercando a su casa.
Desde la oscuridad, los copos de nieve caían sobre ella y dos veces se había dado la vuelta para mirar por encima del hombro, como si alguien la siguiera.
Había abierto la cancela y se había dirigido a buen paso hacia la entrada de la casa.
Al cerrarse la puerta tras ella, desaparecía de la imagen.
La casa en sí no se veía en la grabación, pero, si Silje Thomsen hubiera encendido la luz, se habría visto algo entre los troncos de la valla, y eso no ocurría.
En un primer momento, Thulin se extrañó, pero luego se dio cuenta de que seguramente había evitado encender las luces para no ser vista desde la calle, si realmente sentía que la seguían.
O también existía la posibilidad, claro está, de que le hubiera ocurrido algo malo dentro de la casa, poco después de haber entrado y enviado el mensaje a su hija.
Luego se detuvo la grabación, pero algunos minutos después la cámara se volvió a activar cuando una anciana con un perro pasó delante de la vivienda.
No aparecía en cambio el posible perseguidor al que buscaba Silje Thomsen por encima del hombro.
Después pasó algún coche y la siguiente vez en que la grabación se puso en marcha fue alrededor de las siete de la tarde.
Desgraciadamente fue porque una furgoneta de reparto se había detenido delante del coche que llevaba la cámara, impidiendo así que se viese la casa de Silje Thomsen.
Después de sacar cajas con productos del supermercado, que repartió con un carrito por distintos domicilios, el conductor se subió a su vehículo diez minutos después.
Cuando desapareció, la casa de Silje Thomsen seguía tan oscura e impenetrable como había estado todo el tiempo.
Las siguientes grabaciones no mostraban más que algunos peatones y coches que pasaban, y no ocurrió nada importante hasta las 20.
00, cuando un Mazda blanco aparcó delante de la valla de madera.
La hija de Silje Thomsen, de cabello oscuro, con la que Thulin había hablado esa mañana, salió del coche y se dirigió a la casa, seguida por el exmarido de Silje.
En la grabación se podía ver claramente a través de las rendijas de la valla de madera que se encendieron las luces de la casa, también en el primer piso, pero poco después se apagaron y el exmarido y la hija salieron por la puerta del jardín.
La chica con la cabeza gacha y el exmarido con gestos de enfado y el móvil pegado a la oreja, tras lo cual se subieron al Mazda, que se alejó a toda velocidad de la propiedad.
Thulin llamó inmediatamente al supermercado para hablar con el conductor de la furgoneta, cuyo número de matrícula pudo distinguir en las imágenes.
El único momento en el que Silje Thomsen podría haber salido de la casa por la puerta del jardín, por propia iniciativa o en contra de su voluntad, fue durante los aproximadamente diez minutos en los que la furgoneta impedía la visión.
Después de mucho tiempo de espera, desde la centralita la transfirieron al teléfono móvil del conductor, pero, cuando le explicó el motivo de su llamada, él la decepcionó al decirle que no había prestado atención a nada más que a su carrito y a las cajas que tenía que descargar rápidamente para cumplir con su horario.
Sin embargo, Thulin piensa que no es probable que Silje Thomsen abandonara la casa ilesa, por lo que, al entrar por la puerta del jardín, le sorprende ver en primer lugar a un grupo de técnicos de la policía científica que, llevando cajas de ruedas, están saliendo de la casa.
Reconoce un rostro familiar y se da la vuelta cuando el técnico, ya mayor, pasa junto a ella.
—Kyhn, ¿qué ocurre?
—Dice el jefe que hemos terminado —responde él antes de seguir adelante, sin que Thulin pueda obtener más información.
Thulin acelera y pasa junto a otros dos técnicos que se alejan.
En la escalera principal, se pone apresuradamente unas fundas de plástico en los zapatos y entra.
La casa está llena de técnicos e investigadores, pero da la impresión de que todo ha concluido y varios de ellos se dirigen hacia la puerta principal.
Se dirige decidida hacia la cocina y, cuando llega, reconoce a Budtz, que estuvo en la reunión con Nylander esa misma mañana.
—¿Por qué mandáis a la gente a casa?
Por la mirada que Budtz le lanza, se da cuenta de que él no está muy contento con el reencuentro, pero eso no la frena.
—Habíamos quedado en que se interrogaría al vecindario y se registraría la propiedad. Se comprobaría si se ha forzado algo, si se ha…
—Ya lo hemos revisado. Nadie ha visto nada y no se han encontrado signos de que se hayan forzado ni las ventanas ni las puertas.
—¿Y la cocina?
—¿Qué pasa con la cocina?
—¿Han examinado la cocina?
—No sé si habrán tenido tiempo…
—La última señal de vida de la mujer provino de esta casa y, según su hija, la cocina había sido limpiada, algo que su madre nunca hacía. ¡Hay que buscar sangre, huellas dactilares, todo!
—¿Eso no tendría que decidirlo yo?
Thulin mira a Nylander, que ha aparecido junto al marco de la puerta mientras se aparta el móvil de la oreja para apagarlo.
—¿Por qué estás mandando a casa a la gente? —exclama Thulin, frustrada.
—Porque Silje Thomsen parece haber sido localizada en buen estado.
Nylander continúa hacia la puerta de la calle sin decir nada más.
Los demás investigadores lo siguen y, por la puerta del jardín, Thulin ve a los últimos técnicos abandonar la parte trasera con sus equipos y dirigirse a la de delante.
Por un momento le cuesta entender bien la noticia, pero luego se da la vuelta.
Alcanza a Nylander en el jardín delantero, donde él y los demás policías siguen a los técnicos, pero Nylander no hace ademán de detenerse y ella tiene que acompañarlo para enterarse de todo.
—¿Qué quieres decir?
—Lo que he dicho. Su exmarido ha sabido de ella hace poco. Está en un avión rumbo a Milán y acaba de leer en las noticias que la estamos buscando.
—¿En un avión?
Thulin mueve la cabeza con sorpresa para indicar que lo que dice le resulta incomprensible.
—Salió antes de que se emitiera la orden de búsqueda —continúa Nylander con sequedad—. Según su exmarido, ella afirma que era él y no ella quien debía quedarse con la hija el fin de semana. Anoche se fue a casa de una amiga y no tiene intención de volver hasta el domingo.
—Una amiga. ¿Qué amiga?
—Puedes preguntárselo tú misma si hablas con ella.
—Pero ¿por qué no ha respondido a los mensajes y las llamadas?
—Porque no los ha visto, según escribe. Anoche se olvidó de decirle a su hija que había vuelto a cambiar la tarjeta SIM, y no se acordó de hacerlo hasta que vio el aviso de búsqueda.
—Entonces ¿el exmarido no ha hablado con Silje Thomsen?
—Dime, con toda tu sabiduría, ¿cómo podría haberlo hecho?
Cruzan la puerta del jardín y Nylander se vuelve hacia Thulin con un movimiento brusco.
—No, no ha hecho que el piloto aterrice de emergencia para poder enfadarse con su exmujer.
En cambio, mis hombres han confirmado que la mujer utilizó su tarjeta de crédito para comprar un billete de ida y vuelta a Milán, y se le ha pedido que se ponga en contacto con nosotros cuando aterrice. ¿Satisfecha?
Thulin está demasiado sorprendida como para articular palabra.
—En cualquier caso, es su exmarido —continúa Nylander—. Y ha retirado la orden de búsqueda, y por eso no vamos a gastar más cartuchos, a menos que Europol te haya confirmado que el acosador de Silje Thomsen es el mismo que el del caso de Caroline Holst.
Nylander la mira expectante con la mano en la puerta del coche. Thulin no responde. De esa parte debía encargarse Hess, pero no ha tenido noticias suyas y Nylander puede leer la respuesta en su rostro.
—Ha sido un placer. La próxima vez que nos eches de menos, basta con que envíes una solicitud de empleo.
Nylander sube al coche y cierra de un portazo. Luego se marcha, y lo mismo hacen los demás vehículos, uno tras otro. Thulin se queda mirándolos. Los vecinos fisgones del otro lado de la calle la observan con curiosidad antes de despedirse unos de otros y retirarse hacia sus casas.
Por un momento, Thulin considera la posibilidad de telefonear a Hess, pero no sabe de qué serviría.
Se le pasa por la cabeza que debería sentirse aliviada.
La madre divorciada se ha puesto en contacto y, si es así, tuvo que salir de la casa por la tarde, en el breve lapso en que la furgoneta les impedía ver.
Sin embargo, duda. Repasa mentalmente las posibilidades que tiene de comprobar la veracidad de los detalles que acaba de recibir, pero, cuando se da cuenta de que lo único que realmente la convencería sería una conversación cara a cara con Silje Thomsen, deja de preocuparse.
Se quita de los zapatos las fundas de plástico mojadas y se dirige hacia su coche mientras la oscuridad se cierne sobre el barrio.
Mira por última vez hacia atrás para ver la casa de Silje Thomsen, pero, en su lugar, le llama la atención por un momento la casona vecina con las lonas.
En una de las pocas ventanas del primer piso que no está completamente cubierta, puede ver la silueta de una persona que mira hacia fuera, pero desde la distancia no logra determinar si se trata de un obrero o de un vecino curioso.
Entonces, el sonido de su teléfono móvil la distrae.
El nombre de Bjørn en la pantalla le hace pensar en el viaje a Suecia; se sube al coche y responde a la llamada mientras abandona la calle residencial.