Capítulo 12
—¡Tranquila! Todos tenemos un ex del que no nos sentimos orgullosos.
A Thulin le parece que Raheem se sonríe burlón desde el asiento del pasajero, pero está demasiado enfadada como para contestar.
En su lugar, pone la sirena y saca el vehículo oficial de la fila que espera en Grønningen.
Raheem se tapa en broma la cara con las manos, pero los automovilistas que circulan en sentido contrario se echan pacientemente a un lado hasta que Thulin puede volver a seguir el tráfico en su propio carril y torcer a la derecha en la avenida Folke Bernadotte, en dirección a Nordhavn.
—Por otro lado, no me importaría oír lo que te llevó en su momento a caer rendida ante él —continúa Raheem la burla, pero ella no pica.
—Anda, llama a los nuestros como te pedí, gracias.
En ese momento suena el teléfono de Raheem, y cuando este responde la llamada, que por lo que puede entender es del NC3, se queda un momento sola con su frustración.
Es cierto que Nylander ha hecho lo que ella quería y se han puesto en marcha las actuaciones que sugirió.
Por eso Raheem y ella van ahora hacia el trabajo de Silje Thomsen, una compañía aseguradora de mediano tamaño en Nordhavn, donde estaba empleada como administrativa hasta que se dio de baja por enfermedad.
Hay que revisar el contenido del disco duro de su ordenador del trabajo en busca de cualquier información útil que arroje luz sobre su paradero o lo que le ha sucedido.
Algo que quizá sea aún más urgente de lo que Thulin se atreve a pensar.
Pero aun cuando la reunión, en ese sentido, ha ido como debía, no puede compensar el reencuentro con Hess.
Y no es porque dijese nada extraño, porque no lo hizo.
Cuando Raheem habló con él en el aparcamiento sobre la reunión que se iba a celebrar, lo siguió a regañadientes hasta la sala de reuniones.
Apenas la saludó o tan siquiera la miró.
En realidad, no dijo nada a nadie, ni tampoco explicó qué hacia allí.
Nylander, que tan solo lo saludó breve y formalmente al volver a verlo, se situó, junto con un investigador nuevo, Budtz, a quien Thulin no conocía, en uno de los lados de la mesa, frente a Thulin y Raheem, mientras que Hess se sentó solo en una de las cabeceras.
Ella sabe que tiene tendencia a ser callado y reservado, pero esta vez estuvo claramente introvertido, quizá incluso sombrío, y Thulin no pudo evitar preguntarse por qué se encontraba en Copenhague y cuánto tiempo llevaba allí.
Intentó no pensar en ello y comenzó su repaso.
Primero les presentó algunos ejemplos de las fotos que había recibido la mujer desaparecida de Vanløse desde principios de diciembre, y con la ayuda de Raheem fue pasando por la pantalla de la pared las granuladas imágenes de Silje Thomsen, con la expresión del rostro cada vez más crispada.
También les mostró las rimas obscenas inspiradas en una canción infantil que Silje Thomsen había recibido el día anterior, al parecer los últimos mensajes que le habían llegado antes de cambiar de número y comunicárselo a su hija.
Al instante, Nylander señaló que en ese mensaje había escrito «todo bien», y hasta que Thulin no comenzó a compararlo con el caso de Caroline Holst, no consiguió captar su atención.
Raheem había estado consultando el archivo.
Con su ayuda, Thulin mostró ejemplos de fotos de sí misma que había recibido la joven de diecinueve años en diferentes semanas hasta el momento en el que desapareció, en noviembre de 2021, después de una fiesta en el instituto.
Para Thulin había más similitudes que diferencias.
Como en el caso de Silje Thomsen, Caroline Holst había sido fotografiada en público, a través de vidrieras de cafeterías, tiendas y grandes almacenes.
Algunas habían sido tomadas a través de la ventanilla del coche a la puerta del instituto, o en bici de camino a o desde casa de alguna amiga de su edad o cuando iba al cine en el centro.
También había fotografías de la chica entrando y saliendo de una pequeña casa adosada en una calle muy transitada de Hvidovre, y Thulin dio por supuesto que era su propio domicilio.
La palabra «pillada» acompañaba a varias de las imágenes, aunque no de manera tan sistemática como con Silje Thomsen.
Caroline Holst no había cambiado el número de teléfono y en los retratos no parecía que el terror la hubiera afectado como a Thomsen.
Evidentemente Thulin no puede saber si era por eso, pero su experiencia en el NC3 le dice que las jóvenes generaciones están mucho más acostumbradas al comportamiento digital indeseado que los grupos de más edad, que no crecieron con el grooming, los ataques de hackers y la continua marea de fotografías de penes no solicitadas.
A Nylander la comparación de los dos casos le había hecho erguirse en la silla.
Su mirada se había iluminado de interés.
No era imposible que atisbase la posibilidad de colaborar en la investigación de uno de los casos de asesinato más mediáticos de los últimos tiempos y de ese modo conseguir paliar sus anteriores valoraciones erróneas.
Aun así, no dejó de hacer ver las diferencias entre los dos casos.
La edad de las mujeres, por ejemplo, y el hecho de que, al parecer, en los mensajes que le llegaron a Caroline Holst no aparecían las rimas obscenas.
En esto último, Thulin no tuvo más remedio que darle la razón.
En el material disponible en el archivo de la policía del distrito Oeste, Raheem y ella no se habían topado con ninguna canción infantil; Nylander aprovechó el silencio que se produjo a continuación para dirigir la mirada hacia Hess y pedirle su opinión.
Hasta entonces, Hess había permanecido sumido en sus propios pensamientos, con la cabeza gacha, mientras movía nervioso la pierna.
La pregunta de Nylander le hizo mirar con gesto ausente hacia la pantalla, que de nuevo mostraba los versos malsonantes que había recibido Silje Thomsen.
Con gesto contenido, había dicho que no podía dar una opinión porque no sabía nada de ninguno de los dos casos.
Luego, volvió a cerrarse en sí mismo y a mirar hacia la mesa.
Esa actitud enfureció a Raheem, que aprovechó la ocasión para repetir con tono cortante que justamente por eso debería poner en marcha a la Europol sin perder tiempo, para comprobar las similitudes en los datos de las IP y no tener que estar haciendo suposiciones.
Nylander le dio la razón a Raheem y le pidió a Hess que la Europol confirmase o refutase la relación lo antes posible.
Hasta entonces, el material debía tomarse con toda seriedad y tratarse de forma confidencial.
En paralelo a los interrogatorios en el trabajo de Silje Thomsen, un equipo de la policía científica y de investigadores registrarían su propiedad, interrogarían a los vecinos y también a los sospechosos en el caso de Caroline Holst. Antes de que concluyese la reunión, Thulin se apresuró a solicitar que se prestase especial atención a cualquier posible rastro en la cocina de Silje Thomsen, y, aunque era evidente que Nylander pensaba que no debería involucrarse más de lo necesario, tuvo la sensación de que se tomó su sugerencia en serio.
Para entonces Hess se había levantado y, antes de que Thulin y Raheem pudieran discutir allí mismo los detalles con él, ya había abandonado la sala con un comentario impreciso sobre algo que tenía que hacer.
En cuanto pudo, Thulin fue corriendo tras él.
En un primer momento, pensó que ya se había ido, pero entonces salió por la puerta de cristal del departamento de Personal y no le quedó más remedio que detenerse porque ella le cortaba el paso.
En el pasillo le dio los papeles que se había dejado en la mesa y le recordó que necesitaban respuestas lo antes posible.
Él hizo un gesto distraído y le agradeció los papeles.
En el silencio que siguió, lo miró expectante, confiando en que dijese algo.
Cualquier cosa que hiciera más tolerable su partida de un día para otro y su regreso a La Haya, sin más explicación que algún cliché sobre lo mucho que separaba sus vidas.
Pero en el momento en el que Thulin creyó que iba a abrir la boca, él se dio la vuelta y desapareció por las escaleras.
Desde la ventana lo vio subirse al coche y marcharse.
Thulin no tenía ninguna idea preconcebida de cómo se desarrollaría el reencuentro con Hess, pero en todo caso jamás lo habría imaginado así.
Cuando entra en el aparcamiento delante de la compañía de seguros de la Kalkbrænderihavnsgade sigue más frustrada de lo que le gustaría.
Por la conversación de Raheem comprende que le está resultando difícil convencer al responsable de logística del NC3 de que le dé la máxima prioridad al equipo de la calle residencial en la que se levanta la casa de Silje Thomsen, así que extiende la mano para hacerle saber que quiere que le pase el móvil para hablar con él.
—Un momento, te paso a la jefa —dice Raheem entregándole el teléfono a Thulin.
—Soy Thulin. Tenemos que disponer de todas las grabaciones en esa calle de ayer por la tarde entre las diecisiete y las veinte horas. Las cámaras de vigilancia, las de los salpicaderos de los coches, cualquier grabación que exista, ¡y las necesitamos ya!
Cuelga y le lanza el teléfono a Raheem, y, antes de que este llegue a decir algo, se apea del coche.
Si su corazonada es correcta, es urgente dar con Silje Thomsen.
En el resumen del caso de la adolescente Caroline Holst, se indicaba que pasaron casi dos meses desde que desapareció hasta que se halló el cuerpo, hundido en un lago de Selandia Occidental.
También se decía que probablemente fue asesinada y seccionada durante las primeras veinticuatro horas tras su desaparición.
Mientras avanza a paso rápido hacia el gran edificio alargado de cristal donde se encuentra la compañía de seguros, intenta no pensar en que la cuenta atrás ya puede haber comenzado.