Capítulo 3 #2
Sin embargo, Thulin había insistido al principio en mantener oculta la relación, especialmente porque, aprendiendo de errores anteriores, no quería que Le se viese afectada si se rompía.
Pero, cuando las visitas a Bjørn fueron siendo más frecuentes, se hizo raro.
O al menos poco práctico. Él no tenía ninguna reserva y, después de dos meses y una nueva y dulce declaración de amor, incluso le confesó que estaba preparado para irse a vivir juntos.
Thulin se sintió abrumada. No discutió la posibilidad, desde luego, porque en aquel momento esa idea ni se le había pasado por la cabeza.
No podía librarse de sus sentimientos por él y sus palabras la habían animado a salir de la clandestinidad.
Cuando le soltó la bomba a Le, resultó que en realidad ya se había dado cuenta de la relación hacía mucho tiempo y la había aceptado sin más.
Le no conocía especialmente bien a Valdemar, que iba a la otra clase, y, mientras todo eso no interfiriese en su vida, le daba, por lo que Thulin pudo deducir, completamente igual.
Aun así, a Thulin le dolió en el alma que un día a la puerta del colegio no saludara a Bjørn adecuadamente, a pesar de que él había estado muy amable y se había dirigido a ella como a una adulta, algo a lo que, por regla general, no podía resistirse.
Así que tampoco era que la situación no afectase a Le, a pesar de que intentase parecer fría.
La vida a los doce años puede ser suficientemente complicada por sí sola, le recordó Bjørn, y Thulin tampoco se veía capaz de reprocharle a Le que se mostrase reservada.
Por eso había contemplado la excursión de esquí a Suecia como una oportunidad ideal para relacionarse con Bjørn y Valdemar de una forma menos artificial.
Le se había resistido con el argumento de que debía ir a un encuentro de skaters y la misma tarde anterior había dado un portazo en su habitación como protesta por la perspectiva de tener que ir.
Aksel, que estaba de paso ayudando a sellar las ventanas de la cocina, la había defendido, por supuesto, y le había recordado a Thulin cómo era ella a su edad.
—Totalmente insoportable. Y, sin embargo, no es de extrañar que la chica lo haya pasado mal después del lío que tuviste con el idiota ese el otoño pasado.
A Thulin no le había gustado que le recordasen ni el otoño, ni al «idiota».
Además, Aksel, el policía jubilado que había formado parte de su vida desde que ella tenía la edad de Le, no era quién para comentar su vida amorosa.
Al doblar una esquina del pasillo, mientras escribe un mensaje para decirle a Le que la excursión sí que se va a realizar, se da cuenta de las ganas que tiene de que sea un éxito y que sirva para unirlos a los cuatro un poco.
Es un sentimiento al que no está acostumbrada y, aunque parezca extraño, le hace ilusión, a pesar de la perspectiva del viaje en autobús, los chavales gritando y los padres parloteando.
—Hay que ir a un registro. Se ha denunciado la desaparición de una persona. Salimos en cinco minutos —oye decir a Raheem cuando se cruza con él en el corredor. Raheem es su compañero habitual en el NC3, pero Thulin no hace ademán de detenerse.
—Tengo una reunión con Krause, ahora voy —responde al pasar y continúa hacia al despacho que hay al final del pasillo, donde trabaja Krause.
Se trata del jefe del equipo que se dedica a investigar el acoso en la red, la captación de menores y el abuso sexual digital.
Es un área de trabajo que no ha dejado de crecer desde que ella comenzó.
La pandemia del coronavirus contribuyó a ello, con un creciente número de denuncias y casos.
Luego siguieron la oleada del #MeToo, la guerra de Ucrania y la crisis económica, y ninguna de ellas hizo mella en los acosadores y los agresores de internet.
Al revés, el bombardeo sigue en aumento, ahora con ataques de hackers y ransomware, que son problemas en constante crecimiento a los que Thulin y sus compañeros deben adaptarse.
Por otra parte, tiene su propio despacho y un horario fijo, se libra de las llamadas nocturnas de algún jefe autoritario y fue agradable dejar atrás las carreras, las sangrientas escenas del crimen y el continuo sentimiento de culpa por Le.
—Sí, pasa —responde Krause cuando ella llama con los nudillos en la puerta abierta de su despacho.
—Siento el retraso —dice Thulin sin asomo de que así sea.
—Está bien. Siéntate.
—¿No puede esperar? Raheem me ha dicho que hay un registro y tengo un montón de trabajo.
La preocupación de Thulin por el registro no es muy sincera, para ser honestos. Está más interesada en poder ir a su despacho a buscar ropa de esquí en Vinted.
—Va a ser poco tiempo. Siéntate.
Se sienta a regañadientes delante del gran escritorio, y Krause hace lo propio en la silla de cuero frente a ella.
—¿Cómo va todo? —pregunta mientras la mira con gesto adusto y un atisbo de lo que, con buena voluntad, podría considerarse interés.
Thulin no recuerda que Krause le haya preguntado nunca algo así.
Es un poco mayor que ella, una persona técnicamente preparada y ambiciosa que conoce a fondo todo tipo de criminalidad digital.
En cambio, no aprovecha nada de los cursos de recursos humanos a los que de vez en cuando le manda la dirección.
—Bien, gracias. —Por un momento sopesa si espera que también ella se interese por él, pero Krause asiente satisfecho.
—Ya sabes que me alegra tenerte en el departamento.
Soy consciente de que tus cualidades podrían ser útiles en muchos otros lugares, pero quiero que sepas que pretendo que el NC3 llegue a ser algo grande.
Doscientos trabajadores no es una defensa seria contra los criminales online, pero vamos a crecer al doble antes de un año.
Pero lo malo es que también se van a reorganizar otras áreas.
Por ejemplo, la dirección tiene puestas grandes expectativas en el renacimiento de la Unidad Móvil Operativa, y están saqueando otros departamentos; una competencia desleal.
—Ajá, vale —dice Thulin, comprensiva.
—Sí, es una mierda.
Krause sigue hablando sobre el problema, pero Thulin sigue sin tener la menor idea de adonde quiere llegar con su cháchara.
Todos los jefes policiales compiten con los demás departamentos, y la reaparición de la Unidad Móvil Operativa, una unidad de élite para investigar casos de asesinato, es la última ocurrencia que ha producido sudores fríos en la gente de logística, pues ese prestigioso cuerpo puede atraer mucha mucha atención.
Thulin no tiene ninguna opinión sobre si el regreso de la unidad es una buena o mala idea.
Hasta donde puede recordar, siempre ha tenido sus propias razones para mantener una relación complicada con esa parte de la policía.
—Y volviendo a nuestro asunto, tengo que decirte que he recibido una solicitud —dice Krause interrumpiendo sus valoraciones políticas—. La Unidad Operativa quiere que vayas a trabajar con ellos como investigadora en su nuevo grupo de homicidios. Y yo necesito saber qué te parece.
Thulin mira a Krause. Ha oído lo que le decía, pero es tan inesperado que por un momento se queda observándolo fijamente.
Una cosa es que haya decidido que no quiere trabajar en casos de asesinato, y otra muy distinta que la oferta venga de la Unidad Operativa, que para Thulin es como preguntarle a una víctima con quemaduras de tercer grado si estaría dispuesta a trabajar de bombero.
—¿Que la Unidad Operativa ha solicitado que yo vaya como investigadora? —repite para estar segura de que ha entendido bien.
—Sí —responde Krause sin ningún entusiasmo—. Por desgracia, los entiendo muy bien. Igual que te comprenderé a ti si aceptas. No me entusiasma que nos dejes, pero desde luego te he elogiado y les he dicho que…
—No me interesa.
Krause guarda silencio y la mira.
—¡Que no te interesa!
Tiene ganas de rematar la jugada con un «ni de coña», pero se contenta con levantarse.
—¿Algo más?
—Thulin, no van a preguntar dos veces.
—Pues eso que se ahorran.
Krause se levanta y dice algo así como que le agradece su respuesta. A esas alturas, ella ya está en la puerta y, mientras recorre el pasillo a buen paso, decide llamar a Bjørn para decirle que acepta la ropa de esquí que espera que tenga en el armario.