El Cartero de Ballard CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

Mayo trajo consigo una propuesta que ninguno de los dos había anticipado, aunque por razones completamente distintas a las que cabría esperar después de la conversación en la acera de abril.

Dash llegó una tarde al apartamento de Marlow con una expresión que mezclaba entusiasmo y nerviosismo, una carpeta bajo el brazo que dejó sobre la mesa de la cocina con un golpe seco.

—La junta directiva me ha ofrecido un ascenso —dijo, sin más preámbulo—. Director de Operaciones para la nueva división de la Costa Este. Con sede en Boston.

Marlow se quedó con el tenedor a medio camino de la boca, procesando la noticia con una lentitud que no era habitual en ella.

—¿Boston?

—Sería una subida salarial considerable, y la oportunidad de construir un departamento entero desde cero, con mi propio criterio, sin tener que reportar a alguien como Greer cada decisión pequeña. Es el tipo de oportunidad que normalmente tarda diez años en llegar.

—¿Y qué les has dicho?

—Que necesitaba pensarlo. Que tenía que hablarlo con alguien antes de decidir nada.

El silencio que siguió se extendió más de lo cómodo, ambos mirándose desde lados opuestos de la pequeña mesa de cocina, conscientes de que aquella conversación tenía el peso suficiente para cambiar el rumbo de todo lo construido en los últimos siete meses.

—No puedo dejar mi trabajo así sin más, Dash. Llevo seis años construyendo una ruta, una relación con la gente de mi barrio que no se traslada de un día para otro a otra ciudad. Y mi madre, mi abuela... no puedo simplemente irme a vivir a tres mil kilómetros de distancia como si nada.

—Lo sé. Por eso no he aceptado todavía. Pero tampoco quiero rechazarlo sin más, sin al menos pensarlo en serio, porque es la clase de oportunidad de la que después uno se arrepiente si la deja pasar sin más por miedo.

—¿Miedo a qué?

—A cambiar de vida. Lo mismo que sentí cuando pensé en dejar la cocina corporativa para estudiar gastronomía después de que muriera mi madre. El miedo de siempre, de hacer algo distinto a lo seguro.

Marlow se levantó, sirviéndose más agua que en realidad no necesitaba, solo para tener un momento para ordenar sus pensamientos antes de hablar de nuevo.

—No quiero ser yo la razón de que rechaces algo importante para tu carrera. Pero tampoco puedo fingir que la idea de mudarme a Boston no me da vértigo.

—No tienes que decidir nada todavía. Tengo dos semanas para responder. Solo... quería que lo supieras desde el principio, no quería guardármelo y soltártelo de golpe cuando ya tuviera una decisión tomada.

Esa noche durmieron abrazados, pero con una distancia nueva entre ellos, invisible pero presente, la clase de distancia que aparece cuando dos personas se dan cuenta, de golpe, de que el futuro que han estado construyendo juntos todavía tiene demasiadas variables sin resolver.