El Cartero de Ballard CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

Enero llegó con esa luz pálida y horizontal que en Seattle sustituía a la nieve la mayoría de los inviernos, y con él llegó también la costumbre, ya completamente asentada, de que Dash recogiera a Marlow al final de su ruta los viernes, esperándola con el coche en doble fila frente al último buzón de su recorrido en Ballard.

—Un día de estos te van a poner una multa por esperarme así —le dijo Marlow, subiendo al coche y dejando el termo vacío en el portavasos.

—Vale la pena. Además, ya conozco al agente que patrulla esta zona los viernes. Le caigo bien desde que le llevé café el mes pasado.

—Sobornas a la policía de Seattle. Qué orgullosa estaría tu padre.

—Mi padre estaría más preocupado por si el café tenía suficiente cafeína.

Aquella noche cenaron en un restaurante pequeño de Fremont, uno de esos sitios sin cartel llamativo en la fachada que solo se conocen por recomendación, y durante el postre, un pastel de chocolate que compartieron con dos tenedores porque ninguno había querido pedir uno entero, Dash le contó que había decidido hablar con su jefa, Greer, sobre las discrepancias en los pedidos del conservante.

—¿Y qué dijo?

—Que lo investigaría. Pero algo en su forma de decirlo no me convenció. No pareció sorprendida, Marlow. Pareció... cautelosa. Como si ya supiera algo y estuviera decidiendo cuánto contarme.

—¿Crees que ella está implicada?

—No lo sé. Greer lleva diez años en la empresa, ha sido siempre razonable conmigo.

Pero el director de la planta de Tacoma, un hombre llamado Foster Mercer, lleva semanas evitando mis llamadas.

Antes me devolvía las llamadas el mismo día.

Ahora tardo tres o cuatro en conseguir una respuesta, y siempre son respuestas cortas, casi cortantes.

Marlow removió el café que no había pedido pero que Dash sí, dándole vueltas a la cucharilla sin necesidad real, pensando en cómo abordar lo que llevaba días queriendo decirle.

—¿Has pensado que quizás deberías guardar copia de todo lo que has encontrado? No en el ordenador de la empresa, me refiero. En algún sitio personal.

Dash la miró, sorprendido por la sugerencia.

—¿Por qué dices eso?

—Porque si de verdad hay algo raro pasando, y alguien se da cuenta de que estás investigando, lo primero que harán será borrar pruebas o restringirte el acceso. Lo he visto en documentales de crímenes corporativos. Mi abuela los ve sin parar, prácticamente soy una experta por absorción.

—Tu fuente de información legal son los documentales de crímenes de tu abuela.

—Mi fuente de información es bastante fiable, te lo aseguro. Pearl no se pierde un capítulo.

Dash se rió, pero la sugerencia se quedó con él, y esa misma noche, antes de dormir, copió en un disco duro externo todas las hojas de cálculo, los correos relevantes y las capturas de pantalla de los pedidos discrepantes que había ido reuniendo durante semanas.