18. 18
—Kat —oí que murmuraba una voz incorpórea en la oscuridad.
Podía oírla, pero no lograba precisar de quién se trataba.
Era la voz prototípica. Un fragmento genérico de comunicación, como si alguien me hubiera enviado una nota impresa con un mensaje vago.
¿Sería el nigromante, perturbándome en sueños igual que hacía en vida?
Había muchísimas magias oscuras que podían usarse para infestar los sueños de alguien.
¿O sería Trudie, llamándome a través del abismo negro que ahora existía entre nosotras?
¿Acaso ya estaba muerta y era su espíritu el que me hablaba?
O quizá solo era alguien intentando despertarme…
—Kat —repitió la voz, cobrando identidad y emoción.
Sentí una mano en mi hombro, pero no la vi.
Tenía la sensación de tener la cabeza metida en un tornillo de banco.
No había dormido lo suficiente y ahora me estaban arrancando del sueño.
Esperaba que la adrenalina bastara para frenar un dolor de cabeza de mil demonios.
—Kat —dijo la voz de nuevo, con ansiedad. Abrí los ojos de golpe y vi a Pranish cerniéndose sobre mí, con las manos en mis hombros. Duer flotaba a su lado, con aspecto curioso y preocupado. Su brillo palpitaba frenéticamente, señal de que él también estaba ansioso.
—¿Pranish? ¿Cómo has entrado?
—Tengo una llave de repuesto —dijo, sacándola del bolsillo para demostrarlo.
Había olvidado que le había dado una a él además de a Trudie.
Mi apartamento era casi una sala común para ellos.
A menudo necesitaba que pudieran acceder a la vivienda cuando estaba en cacerías largas, o cuando estaba demasiado comatosa para abrir yo misma después de que me hubieran sacado de algún apuro.
—No respondías al teléfono —dijo Pranish. Me incorporé y me froté los ojos y la cabeza. Me sentía tal y como Conrad había dicho que me veía. Mierda. Miré la hora en el móvil. Las ocho de la mañana. También tenía cinco llamadas perdidas de Pranish y un mensaje de Conrad. Lo abrí:
—El Consejo me está dando largas. Amenazan con sacarme del escalafón si sigo presionando. ¡Lo siento, Kat! Es lo mejor que he podido hacer. ¡Buena suerte!
No podía enfadarme con Conrad. Lo había intentado con todas sus fuerzas. Sentí un creciente afecto por él solo por haberlo intentado. El Consejo, por otro lado...
¿A qué juego jugaban esos parásitos? ¿Acaso desmantelar el crimen organizado de los vampiros era un trabajo demasiado legítimo para que ellos lo autorizaran? ¿Sería un dólar destinado a eliminar una red de tráfico de personas demasiado dinero que no iría a la exterminación de grifos y dracos?
Lo típico, joder. El Consejo no hacía su trabajo en los barrios bajos y tampoco lo hacía en la ciudad. Era un milagro que siquiera mantuviera informados a los Magos Titán y a Adamastor dormido.
—Estamos solos —dije sombríamente.
—¿Para qué?
¡No le había contado las noticias de anoche!
—La tienen los vampiros, Pranish. El puto cártel de los vampiros. Van a sacrificarla esta noche para alguna movida de su secta.
Pranish se tapó la boca y palideció. Yo continué.
—Conrad ha intentado ver si podía ayudar, pero al Consejo le importa un bledo, como de costumbre.
—¿Y si... y si se lo pedimos a Andy?
Andy. No había pensado en él. Desde su extraño comportamiento en el Eternity Lounge, me había sentido un poco distante con él.
Pero seguía siendo mi amigo, y de Trudie.
Y su padre era consejero. Había movido hilos para meterme en el club.
Podría ayudarme con esto. Podría conseguir que el Consejo pusiera una recompensa total por el Cártel de la Sangre.
Podría hacer que Puretide y Drakenbane se pelearan por recolectar unas cuantas cabezas de vampiro.
¡Trudie estaría a salvo en cuestión de horas, si no de minutos!
Llamé a Andy. Lo cogió al segundo tono.
—Hola, Kat.
No respondí de inmediato. Sonaba diferente. No tan confiado como de costumbre. Vacilante. Cansado. ¿Estaría él también investigando la desaparición de Trudie? Sentí que renacía un poco de afecto por él.
—Andy, sé lo que le ha pasado a Trudie. Se la llevaron los vampiros. He intentado que Conrad hiciera que el Consejo pusiera una recompensa por ellos, pero le están dando largas.
Sin respuesta.
—¿Andy?
—Ehm, sí. Joder, Kat. ¿Cómo sabes todo eso?
Sonaba raro. Muy raro. Como si tuviera una resaca monumental y estuviera buscando una excusa para colgar.
Intenté calmarme, pero mi voz aun así salió como un siseo de reproche. —Me he pasado todo el día y toda la noche investigando, así es como lo sé. Moviste hilos en el Eternity Lounge. Por favor, hazlo de nuevo. La vida de Trudie puede depender de ello.
Una pausa. Una pausa larga. Estaba a punto de repetirme cuando por fin contestó .
—Lo siento, Kat. No puedo.
Estuve a punto de decir: «¿Y por qué cojones no?».
Pero en su lugar dije: —¿Puedes al menos venir a apoyarnos? Si no podemos conseguir que las agencias se encarguen de esto, tendremos que hacerlo nosotros mismos. Tenemos hasta esta noche para salvarla.
—Lo siento. Pero no puedo.
Entonces sí que lo dije: —¿Y por qué cojones no?
Respondió con el mismo tono cansado: —Es... personal. Lo siento, Kat. De verdad. No puedo hacer nada hoy.
—¿Vas a dejar que Trudie muera? —no pude evitar gritar.
Sin respuesta. Le oí respirar, lentamente.
Colgué.
Estaba echando humo. ¿Qué narices era más importante que salvar a mi amiga? ¡A su amiga! La vida de una persona estaba en juego y ¿él estaba más preocupado por gilipolleces personales?
Pranish se movió y giré la cabeza hacia él. Debía de tener una cara tan furiosa como me sentía, porque se sobresaltó.
—Andy se niega a ayudar.
La expresión de Pranish se ensombreció.
—Aunque no tenemos que hacerlo solos —dije, llamando a Brett—. Tengo cazadores que podrían ayudar.
—¡Katty! —respondió Brett, e inmediatamente me arrepentí de mi decisión. Brett era un buen cazador, pero le encantaba tomar el pelo—. Llamando fuera del horario comercial. ¿Significa esto que quieres ir a tomar un café?
—Un cártel de vampiros ha secuestrado a mi amiga. Necesito ayuda para salvarla antes de que salga la luna llena esta noche.
Una pausa.
—Guy y yo estaremos en tu casa lo antes posible.
Colgó antes de que pudiera darle las gracias.
Brett era irritante. Era arrogante. Estaba tan pagado de sí mismo que resultaba infantil. Pero conseguía que las cosas se hicieran. Me había ayudado antes. Me había salvado antes. Quizá debería empezar a ser un poco más amable con él. Era una buena persona.
—Hola, Katty —dijo cuando llegó en su todoterreno negro con el power metal a todo volumen; Guy estaba revisando sus dos pistolas ametralladoras en el asiento del copiloto. No pude evitar poner los ojos en blanco. Quería ser amable, pero no hasta que dejara de decir esa chorrada de «Katty».
Guy bajó del asiento del copiloto y me lo ofreció. Pranish se acercó al vehículo.
—Yo también voy. Llevo semanas acumulando hechizos de combate.
Arqué una ceja con curiosidad ante eso. —¿Por qué?
Pranish se encogió de hombros. —¿Por qué no?
—Nunca diría que no a los refuerzos. Especialmente contra los vampiros. No tenemos a Cindy ni a ningún mago de luz de Puretide con nosotros, así que un mago será bienvenido —dijo Brett.
Asentí. Me daba un poco de aprensión que viniera Pranish, no quería perder a otro amigo, pero no tenía derecho a detenerlo. Trudie también era su amiga.
Todos entramos en el coche y Brett bajó el volumen del equipo de música. Estaba sonando Through the Fire and Flames de Dragonforce. Sin duda, una canción para motivarse. Corría el rumor de que era la canción que escuchaba Thor cuando desterró a Fafnir de Berlín.
—Y bien, ¿a dónde nos dirigimos?
—Una experta en vampiros ha dicho que podríamos encontrar a un miembro del Cártel de la Sangre en un bar del Casco Antiguo. El Quantum.
Guy se removió en su asiento. Brett y yo nos giramos para mirarlo .
—Un bar de vampiros. El año pasado perdí una recompensa allí. Un vampiro de mala muerte que vendía mordiscos a adolescentes estúpidos —dijo—. El problema es que el bar es propiedad privada. Sin una orden judicial, que entonces no conseguí, no se nos permite entrar sin permiso.
—Entonces asaltamos el lugar —dijo Brett. No oculté mi sorpresa y miré al hombre y su mandíbula cuadrada de barba de varios días. Hablaba en serio.
Guy no parecía muy convencido con la idea. A menudo tenía la impresión de que él era el más razonable de la pareja. No solo eran compañeros en Drakenbane, sino también compañeros de piso. Al menos se complementaban bien.
—Vámonos y discutimos el plan por el camino —dijo Brett, introduciendo la dirección del bar en su GPS y arrancando.
—Podríamos entrar y actuar como clientes —ofreció Pranish.
Guy negó con la cabeza. —No funcionará. El dueño solo deja entrar a vampiros.
—¿No son los vampiros una especie prohibida? —pregunté.
Guy frunció el ceño. —Zona gris. No son persona non grata .
Técnicamente, están bajo la protección del Espíritu de la Ley.
Pero como casi nunca hay un vampiro inocente, sus derechos desaparecen un poco.
Pero se es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
El propietario del Quantum es muy bueno manteniendo al Consejo fuera de sus asuntos.
Durante el trayecto al Casco Antiguo, discutimos otros planes.
Se descartó capturar a clientes antes de que entraran porque los vampiros solían entrar por accesos subterráneos.
No sabíamos dónde salía ninguno de esos túneles de vampiros, así que no podíamos esperar dentro de ellos.
Guy preguntó por qué no pedíamos al Consejo una recompensa por el Cártel.
Le expliqué que los del Consejo eran idiotas.