14. 14
Andy me dejó en casa en su Mercedes después de la fiesta.
No hablamos por el camino. Solo un rápido —Felicidades— de su parte por haber terminado la cacería, y luego un largo y sombrío trayecto hasta casa.
Al menos Miriam se había quedado satisfecha.
Dijo que le pagaría a Conrad y que se aseguraría de que yo recibiera mi parte.
También dijo que podía contactar con ella para hablar sobre vampiros en cualquier momento.
Yo había sonreído, levemente. Se lo agradecí.
Me topaba con vampiros a menudo en mi trabajo y tenerla como consultora me ahorraría mucho tiempo en los archivos.
No obstante, estaba cansada. Física y emocionalmente.
No sabía por qué. No había sido una cacería extenuante ni de lejos.
Claro, la historia de Frederick era conmovedora, e incluso sentí algo de pena por él, pero había pasado por cosas peores.
Entonces, ¿qué era lo que me había dejado tan agotada?
Cuando Andy se detuvo frente a mi bloque de pisos, casi esperaba que se inclinara y me besara. En cambio, paró el coche, salió y me abrió la puerta. Todo un caballero.
—Gracias por la invitación, Kat —dijo.
—Siento el alboroto —balbuceé, evitando el contacto visual.
—No pasa nada. Sabía en lo que me metía cuando te pedí salir la primera vez .
Fruncí el ceño. No creía que supiera de verdad en lo que se estaba metiendo.
—Bueno, buenas noches, Kat.
Se subió de nuevo a su coche. Sin abrazo. Sin beso. Me despedí con la mano, despreocupada, pero en cuanto dobló la esquina, pisé fuerte el suelo y solté un taco bien alto.
—Me ha parecido que ha ido bien —dijo Treth.
Gruñí en respuesta y me encaminé a mi apartamento. Tanto Alex como Duer me recibieron en la puerta; la novedad de mi llegada estableció una tregua temporal entre los dos rivales.
—¿Cómo ha ido? —chilló Duer. Alex maulló, como haciendo la misma pregunta.
—Duer... —comencé, dejando mi bolsa en el suelo—. ¿Cómo sé si le gusto a un chico?
—Bueno, si a mí me gustara alguien, le daría pétalos de flores. Si me gustara mucho, compartiría mi miel y mi vodka con ella. Pero eso solo si me gustara muchísimo.
—¿Eso es lo que hacías con tu familia?
—Cada día —dijo Duer muy serio—. Buenas noches, Kat.
Bueno, aquello no servía de mucha ayuda. Me agaché para acariciar a Alex. El gato ronroneó y se enroscó entre mis piernas.
Ojalá aquel fantasma no nos hubiera interrumpido a Andy y a mí...
—Estoy bastante seguro de que le gustas a Andy, Kat —dijo Treth.
Me levanté para abrirle a Alex una lata de comida para gatos. Treth continuó.
—Lo ha dejado bastante claro. Los hombres somos criaturas sencillas. Cuando somos tan abiertos como él, significa que estamos seguros de nuestros sentimientos.
—¿De verdad? —pregunté, con un deje de vulnerabilidad en la voz por el que me maldije.
—De verdad. Andy no habría intentado cortejarte si no le gustaras. Y aceptó la segunda cita después del problema con el mímico.
—Lo sé, pero no puedo evitar sentir que la he cagado esta noche...
Me dejé caer en el sofá con un pesado ¡pum! Alex comía su comida en lata con avidez y oí los leves ronquidos de Duer desde la pajarera. Envidiaba su capacidad para quedarse dormido tan rápido y tan profundamente.
—El momento era perfecto —suspiré—. Y entonces ese maldito fantasma tuvo que venir a arruinarlo todo. La ley de Murphy. Menuda mala suerte la mía.
—No parece el tipo de tío que cambiaría toda su visión sobre algo por algo así.
—No creo que lo conozcamos lo suficiente como para decir eso...
Vacilé. Había dicho «conozcamos». Como si Treth también estuviera incluido en esto.
Y recordé la irritación que había sentido hacia él antes.
Que lo quería lejos. No para siempre, solo en aquel momento.
Pero Treth no podía irse. Era parte de mí.
Nos gustara o no, estábamos los dos en esto. Pero, ¿era justo para él?
Treth suspiró profundamente. Uno de sus raros suspiros. Era uno de esos momentos en los que sonaba verdaderamente humano. Exasperado. No solo un espíritu o un producto de mi mente retorcida.
—Kat, hay cosas más importantes que la misión.
—Nunca pensé que te oiría decir algo así. —Quise soltar una risita, pero no pude. Me recliné en el sofá, hundiéndome más en el tapizado.
—Las misiones no son buenas por sí mismas.
Existen para algo mayor. Para proteger a la gente.
Para encontrar un sentido. Para encontrar el amor.
Estamos atrapados el uno con el otro, Kat, pero no quiero que eso signifique que no puedas tener una vida.
Que no puedas encontrar el amor. Puede que Andy sea o no el indicado, pero quiero que lo descubras por ti misma.
Podemos hacer que mi penosa existencia funcione.
El amor es demasiado importante para dejar que misiones o espíritus molestos se interpongan en su camino.
Fruncí el ceño. —¿Estás seguro, Treth?
—Oye. Es tu cuerpo.
Sonreí levemente, pero con sinceridad. —Gracias, Treth.
Me levanté, lo bastante revitalizada como para ocuparme de mis rutinas antes de dormir.
Luego me desplomé en la cama, demasiado cansada para leer pero demasiado despierta para conciliar el sueño.
Así que, en su lugar, reflexioné. Reflexioné sobre el amor.
Sobre la noche. Sobre Andy. Y pensé en lo que significaba todo aquello junto a mi raison d’être , mi misión de cazar monstruos.
¿Podría hacerlo funcionar? ¿Y era realmente justo para Treth si lo hacía?
No me parecía del tipo voyerista. Claro, le gustaba observar cosas mundanas. Pero...
Realmente no conocía a mi espíritu inquilino tanto como debería.
—Treth —susurré finalmente.
—¿Qué, Kat?
—¿Alguna vez te has enamorado?
Vacilación. Y luego un rápido —Sí.
Fue el tipo de respuesta cortante que me pedía que no indagara más en ese tema. Nunca he sido de las que obedecen.
—¿Y qué hay del sexo?
—Duérmete ya, Kat.
Con una sonrisa pícara, finalmente me quedé dormida.
Me desperté con esa sensación terrible que tienen los adictos al trabajo cuando no tienen nada que hacer.
Había estado preparándome para el caso del Jinete Espectral durante un tiempo, y antes para la cacería del mímico.
Hacía tiempo que no estaba realmente libre de trabajo, y eso me inquietaba.
Aunque pueda quejarme del trabajo en ocasiones, me quejo aún más cuando no tengo ninguno.
Tenía que ir a ver a Conrad para conseguir otro encargo, pero por desgracia era domingo.
Hasta el pesetero del señor Khoi se tomaba el día libre.
Así que, en lugar de los asuntos más comprensibles y cuantificables de la caza de monstruos, pensé en los problemas más angustiosos y eternamente irresolubles de las relaciones.
¿Estaba Andy molesto por lo que pasó? Y si era así: ¿estaba lo suficientemente molesto como para tirar la toalla conmigo? ¿Había algo que yo pudiera hacer al respecto?
—Normalmente ya te habrías zampado los fideos a estas horas... —dijo Treth.
Gruñí en respuesta. No de forma agresiva ni burlona.
Sin ganas. Mi cabeza no estaba en el juego.
Bueno, es que no había juego. Esa era parte del problema.
Los juegos tenían reglas. Tenían parámetros.
En general, todo el mundo sabía cuáles eran las reglas.
Y las reglas no cambiaban. ¿Las relaciones? Eso era un tema totalmente distinto.
—¿Cuál es el plan para hoy? —preguntó Treth.
No respondí. Seguí jugueteando con mis fideos. Eran de sabor ramyun picante. Esperaba que el calor me despertara de este muermo.
¡Venga ya, Kat! —me dije—. Deja de lamentarte y haz algo.
¿Hacer algo?
—¿Qué podría hacer? —dije en voz alta.
—Da el primer paso. Toma la iniciativa —dijo Treth.
—¿Estrategia de caza?
—También sirve.
Apreté el tenedor con más fuerza.
Sí. La iniciativa. Y esta vez, sin nada que se interpusiera. Sin trabajos que me reclamaran. Un domingo relajado...
Alargué la mano hacia el móvil en la encimera. Llamaría a Andy. Le preguntaría si podíamos terminar donde lo habíamos dejado anoche. Una bonita cita de domingo...
Mi teléfono sonó. Un bzzzt bzzzt porque seguía en silencio.
En el identificador de llamadas ponía Pranish. Tendría que rechazarlo con delicadeza. Le agradecería el hechizo pero rechazaría cualquier actividad que quisiera hacer hoy. Necesitaba el día de hoy para mi cita.
—Hola, Pranish... —comencé.
—¡Kat! —dijo él, con una voz que resonaba con una ansiedad que no le había oído desde que lo salvé de un poltergeist.
—¿Qué pasa, Pranish?
—Ella... no ha contestado. Pensé que estaría bien sola. No lo sabía. No podía.
—¿Quién no ha contestado? ¿Qué ha pasado? —Mantuve la voz calmada pero dejé traslucir solo un ápice de enfado. Soy un poco impaciente, como habréis adivinado.
—Trudie ha desaparecido. Ha... ha habido algún tipo de ataque en el club. Ella... Trudie se ha ido.
Casi se me cae el teléfono.
—¿Hola? —dijo Pranish, al ver que no respondía.
Me froté la barbilla con la mano libre. Respiré hondo. Y luego hablé lo más tranquila que pude.
—Ven a buscarme. Llévame al club.
Debí de sonar de lo más aterradora, porque Pranish colgó de inmediato. Esperaba que se acordara de cerrar la puerta de su casa con llave. Por lo que pudiera valer.
—Unos minutos para vestirme —dije. Todavía estaba en pijama. Una camiseta cómoda y pantalones cortos de dormir. Podía dejarme la camiseta puesta. No me importaba precisamente la moda en este momento.
—Necesitarás fuerzas —dijo Treth, probablemente señalando mi comida sin terminar.
—No hay tiempo. Y se me ha quitado el apetito.
Él asintió.
—¿Qué vas a hacer?
—No soy detective —dije—. Pero soy una cazadora. Y si eso significa cazar a una amiga para asegurarme de que está a salvo, estoy segura de que puedo adaptarme.