El Cártel de Sangre (Serie Kat Drummond 2) 12. 12 #2
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Sonreí levemente. —Mi especialidad son los no muertos no vampíricos, así que intente imaginar cómo me sentí yo al empezar a estudiar lo suyo. Pero a pesar de la complejidad: tengo un plan. ¿Dijo que iba a dar una fiesta este fin de semana?

Miriam asintió.

—Frederick murió durante una fiesta. Una fiesta de naturaleza similar podría atraerlo hacia la mansión.

—¿Qué tipo de fiesta? —Miriam levantó una ceja con curiosidad.

—Nada demasiado intenso. Los fantasmas son criaturas imprecisas. El ambiente general de un evento puede atraerlo. Mientras las actividades generales de la fiesta sean las mismas, confío en que Frederick haga acto de presencia.

Miriam suspiró. —Esperaba haberme librado de él antes de la fiesta, pero parece que no hay más remedio. ¿De qué debería asegurarme?

Tomé otro trago de té y reflexioné. —Alcohol y su consumo, y baile. Esas fueron las dos cosas que destacaron en la historia.

Miriam asintió. —El alcohol ya estaba previsto, gracias a esta bodega casi mágica, y el baile se puede organizar. ¿Algo más?

Negué con la cabeza. —Eso debería bastar, señorita LeBlanc.

Terminé mi té y ambas nos levantamos.

—¿A qué hora debo llegar para la fiesta? —pregunté.

—A las siete de la tarde. Espero que el hecho de que oscurezca antes no ahuyente al fantasma.

—Estará bien —dije, y le estreché la mano—. Tengo ganas de que llegue la fiesta y de eliminar sus problemas con el fantasma.

—Yo también, señorita Drummond —dijo ella, acompañándome fuera hacia un taxi que esperaba.

Cuando iba a entrar, me detuvo.

—Siéntase libre de traer a un acompañante. Puede que sea trabajo, pero no deja de ser una fiesta.

Sonreí, a pesar de la ansiedad que esa frase provocó en mi cuerpo.

¿Un acompañante ?

Un acompañante.

¡Un acompañante!

—¿A qué viene tanto lío? —preguntó Treth—. Trae a Andy y ya está. Puedes compensar lo de la última vez.

Si hubiera podido dirigirle una mirada fulminante a Treth, lo habría hecho. Debió de sentir ese deseo, pues se calló.

Había llegado a casa dando vueltas al caso de exorcismo sin pensar en las últimas palabras de Miriam... hasta que cerré la puerta principal de mi apartamento. Entonces me sonrojé y dejé de moverme.

—¿Qué pasa, Kat? —chilló Duer, bajando en picado. Incluso Alex debió de notar algo, pues ignoró al pixie y se sentó frente a mí, agitando la cola.

Me mordí el labio. No era para tanto. ¿Por qué me comportaba así? Solo era un trabajo. Ni siquiera tenía por qué traer a un acompañante. Podía ir sola. En plan profesional. Solo negocios.

Pero sentía que esa no era la decisión correcta.

Le debía otra cita a Andy. Y si por casualidad Trudie se enteraba, con su casi omnisciencia, de que había dejado pasar una oportunidad perfecta para compensar a Andy, probablemente me asesinaría con el cadáver de un unicornio que acabaría de matar ella misma.

Pero ¿era esta una oportunidad perfecta?

Me pasaría la fiesta gritándole a un fantasma y tirándole sal. No era precisamente romántico.

Pero podía contarle a Andy de qué iba el tema. Con total sinceridad. Él vendría sabiendo perfectamente lo que conllevaría la fiesta. Y, además, me vería en acción.

Ese último pensamiento me arrancó una sonrisa involuntaria. Me sorprendí sintiendo un orgullo prematuro y me di cuenta de que seguía parada junto a la puerta principal.

—¿Kat? —preguntó Duer.

Sentí que Treth también preguntaba, observando intensamente desde su cámara incorpórea. ¿Por qué miraban? Ah, claro, sigo aquí parada...

Caminé hacia delante, paso a paso. Satisfecho, Alex se enroscó entre mis piernas. Duer me siguió. Me dirigí al sofá y me desplomé. Reflexioné un poco más y luego, con la resolución de un chasquido, saqué mi teléfono móvil.

—¿De verdad vas a hacerlo? —preguntó Treth, espantado.

—Sssshhh —dije, escuchando el tono de llamada.

—Yo no he dicho nada —dijo Duer. Le hice un gesto para que se callara.

—¿Diga? —respondió Andy.

—Hola, Andy. Soy Kat.

—Hola, ¿qué tal?

—Bien, bien... —dije.

Una pausa. ¡Oh, Vortex, una pausa!

—Entonces... —dijo Andy. Le interrumpí antes de que la pausa pudiera reaparecer.

—Tengo un trabajo este sábado. Se trata de exorcizar a un fantasma. La cosa es que es una fiesta. Hace falta la fiesta para atraer al espíritu y todo eso. Beber, bailar y esas cosas. Necesito que sea lo más convincente posible para que el fantasma se vea atraído...

—¿Nos necesitas a todos allí emborrachándonos para exorcizar a un espíritu?

—No a todos. Solo... solo a ti. Tengo sitio para un acompañante.

—Oh...

—¡No pasa nada si estás ocupado! No es importante. Estoy segura de que habrá gente suficiente para engatusar al espíritu...

—¡Me encantaría ir!

Se me cortó la respiración. ¿Por qué? ¿Por qué me comportaba así? ¿Era que realmente me gustaba Andy?

—¡Genial! —conseguí decir al fin—. Te enviaré los detalles.

—Fantástico. Tengo muchas ganas de bailar contigo.

Colgamos.

Bailar...

Con Andy.

En realidad, olvida eso... bailar, a secas.

Yo nunca bailaba. Bueno, se podría pensar en mi estilo de lucha como una especie de baile. Claro, incluso lo he llamado melodramáticamente danza de la muerte alguna vez. Pero estoy bastante segura de que hay una gran diferencia entre el vals y agitar una espada.

—Yo... —dijo Treth con vacilación—. Puedo enseñarte a bailar.

—¿Qué? —dije, genuinamente sorprendida. Duer ladeó la cabeza. Seguía sin creer mis explicaciones sobre Treth.

—Puedo enseñarte a bailar —repitió, con un poco más de confianza.

—¿Qué sabes tú de bailar?

—Nada que un humano pudiera hacer —respondió Duer.

—Tú no —dije, mandándole callar. Él se encogió de hombros y se fue volando a hacer lo que sea que hagan los pixies. Probablemente esnifar vodka y miel mientras cultiva setas donde cree que no las encontraré.

—Yo solía bailar. Cuando tenía cuerpo, quiero decir.

Levanté la ceja y me senté hacia delante, con las manos entrelazadas frente a la cara.

—¿En serio?

—Oye, ¿necesitas ayuda o no?

¿Punto sensible?

—De acuerdo, Treth. Acepto.

Sentí que afloraba una pequeña sonrisa de mi compañero de cabeza incorpóreo.

—¡Estupendo! Bien, levántate. En posición de firmes.

—¿Esto es baile o el ejército?

—Ambas cosas.

Me puse en pie. —Espero que sea algún baile de la Tierra.

—He visto suficiente baile en las películas para saber que nuestros bailes se parecen mucho.

Asentí.

—Empecemos con un paso de corte. Creo que vosotros lo llamáis vals. Levanta los brazos, como si estuvieras agarrada a alguien.

Lo hice. Duer ladeó la cabeza. Estaba sentado en el borde de su casita de pájaros, observando. El cultivo de setas debía de estar volviéndose aburrido.

—¡Así no! No estás luchando con un no muerto, estás agarrada a alguien a quien aprecias. La mano izquierda sobre su hombro, con suavidad. No le agarres. Sí, así.

Me mordí el labio, resistiéndome a soltar una respuesta sarcástica. Normalmente lo haría, pero esto era importante.

—La otra mano entrelazada con la suya, a un lado. Bien, así.

Me sentía ridícula. Debía de tener la cara roja como un demonio. Por una vez, incluso me importaba lo que Duer pensara de mí. ¿Qué pasaría por su cabecita en este momento? No podía parar ahora, sin embargo. Estaba demasiado metida en ello. Mejor terminar.

—Ahora, el pie izquierdo atrás...