El caos que nos une (Lo que nos une 1) 97
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Markus

Elise se ha marchado, y se ha llevado consigo el manto cálido que parecía arroparme desde que llegó. Mire donde mire, todo es más gris, más triste. Incluso la luz del día se me antoja gélida.

A las pocas horas de que despegase su vuelo, la nieve comenzó a caer con mucha más fuerza, como si el cielo quisiera colapsar la ciudad entera. Y no puedo evitar pensar que este frío cortante es un castigo por haberla dejado ir sin ni siquiera intentar convencerla de que se quedara un día más.

Pero ¿qué podía hacer?

Nuestras vidas están en países distintos. Y, por mucho que me pese, también en mundos bastante diferentes.

El timbre me saca de mis cavilaciones. Confuso, imaginando lo imposible, camino hasta la entrada.

Abro.

Es Max.

—Joder, qué frío hace hoy.

—Hola —lo saludo, dejándolo pasar.

—Hola. ¿Se ha ido ya?

—Sí.

—¿Y cómo estás?

No contesto. Avanzo hasta el salón y me dejo caer en el sofá. Él me sigue, cuelga el abrigo sobre una silla y me observa en silencio unos segundos.

—Sabes que, con la que está cayendo, no podrás volver a tu casa así como así —le digo.

—Esperaba que me prestases una de las dos habitaciones que te sobran.

—La que quieras. —Hago un gesto con la mano, indicando que me da igual.

Max se acerca al carrito de las bebidas y prepara un par de whiskys .

—Bueno… —me tiende uno—, ¿y qué vais a hacer ahora?

—Elise buscará trabajo en Berlín, pero mientras tanto se quedará en Londres.

—¿Y por qué no le has ofrecido algo tú? Trabajas con ese tipo de perfiles, ¿no?

—Lo hice, pero dijo que necesita encontrar su propio camino.

Max bebe y yo lo imito.

—Pues la aplaudo por eso. Me parece bien.

—Será tu opinión… —Doy otro trago.

—Es importante que cada uno conserve su independencia.

De nuevo, guardo silencio.

—¿Y si John le ofrece un puesto mejor? —me pregunta.

—¿Por qué iba a hacerlo?

—Porque me da la sensación de que considera a Elise uno de los diamantes de su equipo.

—Williams es de los que deja escapar el talento. Tiene buenas ideas, sí, pero no sabe ayudar a sus empleados a construir una carrera. Está demasiado enfocado en su propio ombligo.

—Pero ¿y si por una vez fuera distinto? ¿Ella aceptaría?

—No lo creo. —Me quedo pensativo—. ¿Por qué me haces esas preguntas?

Max se encoge de hombros.

—No sé. Conjeturas mías.

—Para ser simples conjeturas, estás muy insistente.

—Lo siento, no era mi intención.

Bebe un sorbo y se sienta a mi lado mientras yo empiezo a preguntarme si no sabrá algo que no me ha dicho.

—Bueno, ¿qué?, ¿te hace una peli? ¿O prefieres que empecemos alguna serie en Netflix?

Decido no ponerme paranoico. Sin duda mi humor no es el mejor en estos momentos.

—Una peli está bien.

—Vale, ve poniendo la que quieras. Yo voy a preparar las palomitas.

Se dirige a la cocina y decido hacerle caso. Distraerme es, probablemente, la mejor opción ahora mismo, y él lo sabe, por eso ha venido.

¿Acaso yo no haría lo mismo por mi hermano?