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Elise
Reconozco que la ópera no ha estado tan mal como temía. No me ha desagradado; es más, algunas partes me han gustado bastante. Y Sabine se ha mostrado amable y simpática.
Markus pone los ojos en blanco y yo no puedo evitar sonreírle a mi novio, negando con la cabeza.
—¡Está bien! —Max deja la servilleta a un lado del plato antes de mirar a mi jefe—. John, ya está, ¿vale? Iré a Londres a verla. Que tu robot se ponga en contacto con mi secretario para organizarlo. Y ahora, si me disculpas…
Se levanta y sale casi corriendo. Yo miro divertida a Markus y me inclino hacia él para susurrarle:
—El método de desgaste funciona.
—Totalmente —responde, conteniendo la risa—. Williams tiene su propio lema: insistir hasta vencer. Y sé que a Max la idea de la secretaria robótica le espanta.
Y, en ese momento, entre las luces doradas, la ostentación, el bisbiseo de las conversaciones y el tintinear de las copas, Markus me roza la mano bajo la mesa.
No dice nada, solo me mira fijamente a los ojos.
Sonreímos los dos, y ese gesto basta para recordarme que estoy con la única persona con la que deseo estar.
—Te estaré eternamente agradecido por el gran esfuerzo que has hecho esta noche.
—Por ti haría lo que fuera, mi amor —le respondo, y él suspira, sin apartar su mirada de la mía.
—¿Y si nos fugamos a casa? —me propone en voz baja—. No creo que nadie nos eche de menos. Hemos cumplido nuestra parte, ¿no crees?
—Ese plan me parece demasiado tentador como para dejarlo pasar.
—Lo sabía…
—¿En qué estabas pensando? ¿Bomba de humo?
—Bomba de humo —confirma.
Ambos nos levantamos y, fingiendo naturalidad, nos alejamos de la zona cogidos de la mano.
Una vez en el pasillo principal que conduce a la salida, nuestros pasos se aceleran.
—¡Markus! —Escuchamos la voz de Max detrás de nosotros.
—¡Hoy ya no! —grita él, girándose y despidiéndose con un ademán.
Max niega con la cabeza y mete las manos en los bolsillos, resignado.
Markus me quita el bolsito con la mano libre, y así puedo agarrarme la falda del vestido antes de echar a correr.
Reímos los dos, dispuestos a refugiarnos en la cálida libertad de cualquier lugar donde podamos ser simplemente nosotros mismos.