El caos que nos une (Lo que nos une 1) 89
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Elise

Cuando estoy a punto de salir a la calle, todavía le doy vueltas a la conversación que hemos tenido hace apenas un rato en su despacho. Tal vez por eso no soy consciente de que Williams está accediendo al edificio en este preciso instante.

—¡Elise! —exclama mientras me sujeta la puerta para que pase—. ¡Qué sorpresa!

Sí, puede que su rostro muestre cierta sorpresa, pero también parece contrariado, y yo, confusa, ya que, según tenía entendido, su reunión con Markus era más tarde.

—¡Hola! —saludo, nerviosa.

—No esperaba verte por aquí. Dime, por favor, que no has venido a una entrevista de trabajo.

—¿Una entrevista? No, claro que no. Solo estoy para… ya sabes, visitas personales… —Intento restarle importancia.

—En ese caso, no indagaré más.

Algo me dice lo contrario…

—Bueno, pues… me alegro de verte.

—Eh, sí, solo una última cosa. —Duda—. Verás, ya sé que estás en tus vacaciones, pero la coordinación de agendas de Nora 2.

0 está fallando y ha anotado todas mis reuniones una hora antes, es decir, como si estuviera en Londres.

No parece gestionar muy bien los husos horarios, algo que debería ser básico, y Roger está un poco perdido ante la resolución del problema. ¿Tal vez podrías echarle una mano?

—Vale, sí. Le contactaré. —Me ahorro decirle que a Roger no le va a hacer ni pizca de gracia, pero sé que es lo que Williams espera escuchar.

—Perfecto, ¡eres maravillosa!

—¿John? —Escucho detrás de mí una voz que me suena bastante.

—¡El hermanísimo en persona! —Mi jefe saluda al recién llegado, que es nada más y nada menos que Max.

—¿Cómo estás? —se interesa este.

—Bien, cerrando un par de asuntos por la ciudad. ¿Y tú?

—Ya ves, sobreviviendo al caos de las fiestas.

—Perdonad… —interrumpo, incómoda—. Creo que debería irme.

—Espera, Elise. —Max me frena con amabilidad—. Dame un momento, por favor.

Me quedo quieta, observando como los dos se despiden con un apretón de manos y un par de frases de cortesía.

—Bueno, un placer haberos visto a ambos —dice Williams al fin, antes de cruzar la puerta.

Cuando se aleja, Max me mira, con esa media sonrisa que no sé cómo interpretar.

—No esperaba encontrarte aquí.

—Me lo dicen mucho esta mañana.

Él se ríe por mi comentario.

—Venía a ver al cabezota de mi hermano, pero casi que te prefiero a ti.

—¿Perdón? —Parpadeo, sin entender nada.

—Necesito que me hagas un favor.

—Markus va a buscarme en un par de horas… —le advierto, todavía más confundida.

—Perfecto, me sobra tiempo. —Cruza los brazos—. Está evitando mis llamadas, y en casa están furiosos porque se niega a asistir al evento de mañana.

—¿Qué? —Me siento completamente perdida.

Max suspira.

—Supongo que no te ha contado nada, ¿verdad?

—Max, no tengo ni idea de lo que me estás hablando.

—La fundación de nuestra madre organiza varios eventos durante todo el año, pero el de mañana es el más significativo.

Se trata de un concierto benéfico en la Ópera, seguido de una cena de gala.

Asiste gente importante: empresarios, filántropos, algún que otro político e incluso ciertos famosos. Pero Markus se niega a ir.

—¿Por qué?

—Porque no quiere exponerte. Cree que sería demasiado para ti en estos momentos. Y, bueno, mamá está que echa humo… Conmigo también, porque no he conseguido convencerlo.

—¿Exponerme? —susurro. Tengo un nudo en la garganta—. ¿Acaso Markus se avergüenza de mí?

—No, por supuesto que no. No me malinterpretes.

Markus no se avergüenza de ti, Elise. Precisamente es todo lo contrario.

Le importas tanto que está dispuesto a enfrentarse a todos con tal de proteger lo que tiene contigo.

Sabe que no llevas bien el estar en lugares abarrotados y ser el centro de atención, por eso actúa así.

—Guarda unos segundos de silencio, como si buscara las palabras adecuadas—.

Lo que ocurre es que puede salirle el tiro por la culata.

Nuestra familia, el consejo, los inversores…

no entienden su forma de rebelarse. Tenemos compromisos, y si no participa en ellos, puede poner en riesgo no solo su posición, sino también parte de lo que ha construido. Y yo no podré ayudarlo.

—Yo… —No sé ni qué decir. Trato de procesar todo lo que Max me ha contado—. Te aseguro que no tenía ni idea.

—No pretendo que lo convenzas de volver a ese mundo —me aclara—. Pero tal vez podrías apoyarlo para encontrar un punto medio. Que no tire por la borda lo que tanto esfuerzo le ha costado erigir.

—¿Cómo puedo ayudar?

—Colaborando, Elise, y haciéndole ver que no tiene que renunciar a todo eso para estar contigo. Por ejemplo, podrías empezar con lo de mañana. Si aparecéis juntos, todos se tranquilizarán. Después, que deje claro que solo asistiréis a eventos contados.

—¿Y por qué tiene que ir conmigo? —repito, sorprendida.

—No irá de otra forma. Además, a la gente le agradará, y demostrará compromiso y amor. Ya sabes, los valores más tradicionales. Ese mundo es así. Y tú estarías a su lado, ayudándolo a encontrar ese equilibrio que tanto vais a necesitar ambos, créeme.

—No tendré que hablar en público ni nada de eso, ¿no?

—¿A qué te refieres?

—Verás, Markus no va desencaminado al pensar que podría ser demasiado para mí.

Pero, si es por él, al menos esta vez quiero intentarlo.

Tienes que comprender que mostrarme ante tanta gente supone un esfuerzo grandísimo para mí.

Por ejemplo, llevo fatal hablar en público.

Puedo con reuniones con clientes individuales o grupos pequeños, pero Williams nunca me manda a charlas ni congresos desde que, hace tres años, terminé vomitando en una papelera en mitad de una presentación.

—Vaya… —Max arquea las cejas—. ¿De verdad?

—Sí. El vídeo estuvo mucho tiempo colgado en YouTube, hasta que tu hermano lo eliminó. —Aprieto los labios—. No me siento orgullosa de ello, y creo que Williams deseó que se lo tragase la tierra. No ha vuelto a sugerirme ir a ninguna parte hasta hace poco, y ya estoy pensando cómo escaquearme…

—Vale. —Creo que está flipando—. Entendido. Te aseguro que no tendrás que hablar con nadie más allá de un saludo.

—En ese caso, dime qué debo hacer.

Max sonríe. Aunque por dentro sigo temblando, Markus me importa demasiado como para permitir que tome una decisión así por mí.

Voy a hacerlo porque lo quiero.

Y porque estoy dispuesta a apostar por nosotros. Tanto como él o más.