El caos que nos une (Lo que nos une 1) 90
88%

90

Elise

No puedo creer que me dejase arrastrar por Max a comprar un vestido para lo de mañana.

Aunque, por otra parte, menos mal que fui con él, porque jamás me habría atrevido a elegir un diseño como este por mi cuenta.

Todavía me siento incómoda al pensar en el precio, pero él insistió en encargarse «por las molestias y el esfuerzo».

—Es demasiado —le digo a Nora a través de la videollamada que mantengo con ella desde el vestidor de Markus.

Si alguien me hubiese dicho hace unos meses que me hallaría en esta situación, en un lugar como este, no lo habría creído.

—Entonces, ¿es un Dior auténtico? —Nora sigue sin dar crédito.

—Sí. Yo también puse esa cara, pero Max aseguró que, aunque su madre las tache de galas benéficas, en realidad son puestas de largo camufladas.

—Estoy mirando por internet y, si vieras lo que cuestan las entradas, se te quitaría cualquier atisbo de culpabilidad.

—Mejor no me lo digas. No quiero saberlo.

—¡Deberías disfrutar de todo eso! —Resoplo ante su comentario y ella me pone ojitos—. ¿Me dejarás probármelo cuando regreses?

—No creo ni que me atreva a meterlo en la maleta. Si lo pierden, me muero. Y tampoco creo que deba quedármelo. Es demasiado… caro. Seguro que más adelante puedo venderlo o algo.

—¡Elise! ¿Puedes hacerme el favor de vivir el momento? Llevas un Dior, joder. ¡Diviértete un poco!

—Es que… no sé si voy a poder con esto. No soportaría un segundo vídeo circulando por internet.

—Max te ha prometido que no tendrás que decir ni hacer nada.

—Sí.

—Entonces piensa que lo haces por Markus.

—Estarán sus padres y…

Resoplo una vez más mientras me examino de arriba abajo en el espejo.

—La verdad es que no sé cómo no investigaste más allá del LinkedIn. Cualquier otra mujer en tus circunstancias habría hecho un estudio digno de la CIA.

—Está claro que soy un bicho raro.

—Los Schröder son como una minirrealeza. ¡Es increíble!

—No exageres.

—No estoy exagerando. —Suspira—. El príncipe que renuncia a su corona por amor… ¡Es de película! Solo por eso, Markus ha ganado millones de puntos para mí.

—Eres demasiado fantasiosa. Necesito un poco de racionalidad, ¿entiendes?

Oigo a Linux maullar justo cuando Nora pone los ojos en blanco.

—Lo sé, gatito, tu humana es una plasta que no se deja llevar ni una vez en la vida.

Escucho ruido al fondo del ático y la voz de Markus llamándome. El trabajo se le complicó y, como yo tenía que cargar con el vestido, le dije que me buscara ya en casa, pero no esperaba que apareciera tan pronto.

—Tengo que colgarte —susurro—. Markus acaba de llegar.

—De acuerdo. ¡Suerte!

—Gracias. Un beso.

—Otro grande para ti.

Cuelgo y respiro hondo, centrada en el ahora.

—¿Elise? —escucho.

—¡Estoy aquí! —Salgo del vestidor justo cuando él entra al dormitorio.

—¿Qué llevas puesto?

—Eh…, es para mañana. —Estoy nerviosa, y él lo nota.

—¿Qué? —Su gesto se crispa.

—Por favor, no te enfades. Tu hermano me lo ha contado todo y… sé que es importante para ti, y para tu familia, así que quiero intentarlo. Quiero ir contigo mañana. Quiero apoyarte y que formemos un buen equipo.

Baja la mirada, se pasa la mano por la cicatriz, suspira. Luego me observa y vuelve a observarme, con una mezcla de rendición y ternura.

—No pienso perderte de vista en toda la noche, te lo prometo.

—Vale.

—Y, si en algún momento te abrumas demasiado y quieres irte, me lo dices y nos marchamos.

Asiento con la cabeza, risueña, y por fin él se muestra un poco más relajado.