El caos que nos une (Lo que nos une 1) 84
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Markus

Cuando las puertas de la terminal de llegadas se abren otra vez y por fin la veo, el corazón me golpea el pecho con tanta fuerza que me cuesta respirar.

Avanzo unos pasos, hasta la cinta que separa la zona de espera, justo cuando sus ojos me encuentran. Me sonríe y, en ese instante, todo el ruido del aeropuerto desaparece a mi alrededor, como si solo existiera ella y este momento.

Elise corre hacia mí, arrastrando una maleta fucsia que rebota a su paso. La recibo con los brazos abiertos y la envuelvo con cuidado de no aplastar el pequeño ramo de rosas rosadas que sujeto en una mano.

Durante unos segundos no decimos nada. Su rostro se esconde en mi cuello, y siento su respiración cálida contra mi piel.

Cuando por fin se separa lo justo para mirarme, me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado.

Sus rasgos están más afilados y tiene las ojeras marcadas, pero su mirada añil sigue siendo la de la chica que dejé en Londres.

Y me prometo que voy a protegerla de todo, que voy a cuidarla siempre.

—No me puedo creer que esté aquí —susurra.

—Créetelo. —Le tiendo el ramo y su sonrisa se ensancha. Se lleva las flores a la nariz.

—Gracias. Son realmente bonitas.

La miro para grabar el momento en mi memoria. Porque sé que este es un punto de no retorno. Pienso ganarme su amor hasta el final, y la haré feliz cada día de mi vida.

—Te llevaré a casa.

Ella asiente con la cabeza y permite que me haga con su maleta. Con la mano que me queda libre, atrapo la suya mientras Elise disfruta del momento y del ramo de flores, que no para de llevarse a la nariz.

Una vez en el coche, activo la calefacción y ajusto la temperatura hasta que el aire empieza a caldear el interior.

Me aseguro de que los asientos también se calienten y Elise se acomoda en el del copiloto, con las manos extendidas frente a las rejillas de ventilación y el ramo en su regazo.

Un leve olor a rosas se mezcla con el del cuero del coche.

Nos adentramos por las carreteras de Berlín en un silencio agradable, roto únicamente por nuestras respiraciones y el leve sonido del motor.

Estoy deseando llegar y verla en mi entorno. Por fin.