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Markus
El sudor me pica en los ojos, pero lo ignoro y me lanzo de nuevo. Un golpe sordo resuena en el tatami. Antes de darme cuenta, me veo en el suelo.
—¡Como sigas así, vas a lesionarte, joder! —me reprende Max.
Me tiende una mano para ayudarme a ponerme en pie, pero la rechazo y me levanto yo solo, dispuesto a continuar. Mi hermano hace un gesto para frenarme.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa hoy?
—Nada.
—No te lo crees ni tú… —Se acerca a la esquina para secarse la frente con la toalla blanca y aprovecha para dar un sorbo a la botella de agua.
—Es Elise —confieso al fin, y me acerco yo también para secarme un poco e hidratarme también. Lo necesito.
—¿Y me lo vas a contar o cómo va esto? —Max suspira.
—Yo… le escribí un correo y no me ha contestado.
—¿Tú te estás escuchando?
—Sí —mascullo, y me repaso la cicatriz—. Te lo explico.
—Por favor.
Se cruza de brazos para prestarme toda su atención y, mientras le voy relatando las novedades de los últimos días, se muestra comprensivo, asintiendo de vez en cuando pero sin interrumpirme.
Sé que en su cabeza lo está analizando todo al milímetro.
Saco el teléfono de la bolsa de deporte, busco el mensaje y se lo enseño.
Max lo lee y, cuando debe de estar llegando al final, sonríe.
—¿Qué? —le pregunto.
—Acaba de responderte.
—¡Dame eso! —Casi me abalanzo sobre el móvil.
Max parece divertido por la situación mientras yo leo atentamente.
—¿Y bien, Romeo? ¿Viene o no?
De: Elise Müller
Asunto: RE: Proposición
Hola, Markus.
Perdona que haya tardado un poco en contestar.
Tu correo anterior ha significado mucho para mí.
Yo también quiero verte, y estoy deseando ir a Berlín contigo.
¿Te puedo llamar luego para concretar los detalles?
Por cierto, gracias por no tirar la toalla conmigo.
Y gracias infinitas por lo del vídeo de YouTube. Sé que fue cosa tuya.
Un abrazo.
Elise
—Bueno… —Max ladea una sonrisa—, por tu gesto de bobalicón deduzco que son buenas noticias.
—No empieces.
—Vale, pero, ya que viene, hazlo bien.
—¿Qué quieres decir?
—Estás enamorado, Elise te importa de verdad, y por ese motivo tienes que enseñarle todo.
—No es el momento.
—No tendréis muchos momentos, en una relación a distancia.
—Por ahora, sí. Necesitamos tiempo, así que la llevaré a mi casa, le enseñaré la ciudad…
—Hacer de guía turístico no la enfrentará a la realidad.
—Max, no quiero abrumarla.
—Dime una cosa: ¿se te ha pasado por la cabeza la idea de proponerle matrimonio más adelante?
Soy incapaz de abrir la boca.
—Respóndeme al menos.
—No lo sé. —Al final, confieso—: Sí.
Él asiente con la cabeza, serio.
—Es nuestro mundo, Markus, y tiene que conocerlo. Si vas en serio con ella, debe saberlo. No todo son maravillas, también implica ciertas responsabilidades. Y, por cierto, te garantizo que mamá no te permitirá librarte de la cena de Nochebuena.
—¿Llevarla a Dahlem? ¿Estás loco? Nuestros padres van a alucinar.
—¡Es la casa en la que nos criamos! Además, te aseguro que, si te ven llegar con una persona que te hace sentir así, estarán hasta aliviados.
—No sé…
—Mira, has conseguido evadirte unos cuantos meses, pero ya es hora de que te enfrentes de nuevo a los compromisos. Yo no quiero seguir cargando con todo.
Suspiro, abatido por sus palabras.
—Tienes razón, y lo siento. No te he dado las gracias por lo que has hecho y estás haciendo por mí.
—No tienes que agradecérmelo, pero espero que sigas mi consejo. Debes exponer a Elise. Si después de eso continúa mirándote igual, entonces sabrás que es la mujer indicada.
—Tal vez siga tu consejo parcialmente, pero no puedo prometerte que vuelva a las cenas benéficas de la fundación, los eventos sociales… No lo veo. Debo terminar con todo eso. No quiero que Elise cambie para encajar. Necesito proteger su bienestar emocional y lo que hay entre nosotros tal y como es.
Max aprieta los labios.
—Me la vas a jugar, ¿verdad?
—Siento fastidiarte así.
Levanta las manos.
—Pero lo vas a hacer igualmente, sin medir las consecuencias que una decisión como esa te acarreará, así que déjalo. Mejor no digas nada más. Te conozco demasiado bien.
—Y, aun así, me aguantas.
Por fin esboza una sonrisa.
—No pienso salvarte el culo cuando mamá te atrape con su agenda de compromisos sociales. Tendrás que explicárselo tú solito.
—Me parece justo.
—Joder, me debes unas cuantas por esto.
—Lo sé.
—En fin, solo espero que sepas lo que estás haciendo y que realmente te salga bien con ella.
Luego me da un abrazo y un par de palmadas en la parte superior de la espalda, que yo le devuelvo.