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Elise
No paro de darle vueltas y más vueltas a la llamada que le hice a Markus el sábado por la noche. Albergaba la esperanza de despertarme con algún mensaje suyo, pero los días han pasado y ninguno de los dos ha dicho nada. Tengo el corazón encogido, y no sé qué pensar ni cómo actuar.
He llegado a la oficina martirizada no por el hecho de que sea lunes, sino por no saber cómo afrontar la creciente idea de que quiero volver a verlo pero soy demasiado cobarde para aceptarlo. Porque no estoy preparada para sufrir. No tan pronto.
Mi corazón da un salto cuando el aviso de Outlook aparece en la esquina de la pantalla del ordenador, anunciando un nuevo e-mail suyo.
De: Markus Schröder
Asunto: Proposición
Elise:
No suelo escribir correos así, pero esta vez necesito hacerlo.
No me avergüenza admitir que mis días sin ti ya no se sienten como días, sino como un invierno que no termina.
Te echo de menos, y saber que tú también me extrañas a mí, y que estamos tan lejos, me resulta mucho más difícil de lo que imaginaba.
Por eso, le he estado dando vueltas, y creo que reencontrarnos nos ayudaría a los dos.
Quiero verte… Si te apetece, podrías venir a Berlín unos días. ¿Qué te parece? Pasar las fiestas juntos, recorrer los mercadillos navideños, tomar vino caliente y hacer todo lo que te apetezca.
Te prometo que es una invitación sincera y sin presiones. Y, si te hace sentir más cómoda, tengo una habitación de invitados para ti. Por supuesto, Linux es bienvenido.
Piénsalo, por favor. Tal vez sea el momento de darnos otra oportunidad, ¿no crees?
M.
No sé cuántas veces leo su mensaje, solo sé que tengo el corazón en un puño y que una parte de mí desearía salir corriendo y entregarse a los brazos de este hombre.
Pero lo cierto es que estoy asustada, y que me prometí tomarme las cosas con calma.
Así que decido recurrir a la voz de la experiencia: Nora.
Me levanto de mi sitio y, mientras camino hacia la recepción, voy abriendo el correo desde el móvil, dispuesta a enseñarle el mensaje. Cuando llego, mi amiga está discutiendo con un robot de metro cuarenta, ojos amables y voz de pito.
—¡No puedes hacer eso! No es… ¡humano!
—Estoy aquí para optimizar, no para humanizar.
—¿Hola? ¿Interrumpo algo? —pregunto. Las dos se giran para mirarme y la robot avanza.
—¡Hola! Mi nombre es Nora 2.0 y estoy aquí para ayudarte.
—Hola, Nora 2.0. Necesito a la Nora original.
—Insisto en que estoy aquí para ayudarte.
Miro con cierto horror a mi amiga, que se está poniendo roja de rabia.
—Esto me da grima —le digo—. Creo que hablaré con Roger para que la reajuste. Y ¿no tenían otro nombre? Me parece todo de muy mal gusto, la verdad.
—Gracias. Por fin una aliada. Pero debes saber que Roger lo hizo en plan gracia y Williams casi le aplaude con las orejas.
—¿Y la han soltado aquí contigo, así, sin más?
—Es mi nueva «compañera», Elise —dice entre dientes.
—Ya veo.
—Por favor, vamos a la calle a por un café. Necesito salir de esta oficina lo antes posible.
—Vale. —Acepto su oferta, y me apresuro con ella sin coger siquiera mi abrigo.
—¿Seguro que no vas a pasar frío? ¡Estamos en diciembre!
—Solo será un momento, y la cafetería está aquí al lado.
Ni que decir tiene que me arrepiento de mi decisión en cuanto pongo un pie en la calle, pero ya no hay marcha atrás. Una vez dentro, y ya sentadas, me aferro a la taza caliente en cuanto nos la sirven.
—Esto con Markus no pasaría —masculla Nora—. Él no hubiera permitido que le pusieran mi nombre a esa máquina del demonio. Tenía principios.
Estoy de acuerdo con ella.
—¿Qué te pasa? —Mi amiga me mira con el ceño fruncido al verme pensativa.
—Hoy me ha escrito otro correo.
—¿Para preguntarte qué tal has pasado el fin de semana? —Pone los ojos en blanco—. Porque lleváis así demasiados días. Sois un poco aburridos.
—No, esta vez es diferente.
—Por favor, dime que no estás usando el correo de la empresa para escribiros guarradas.
—¡Por supuesto que no! —Me escandaliza que lo insinúe siquiera.
—¿Entonces? —Ella me mira con curiosidad, y yo suspiro—. Me he perdido algo, ¿verdad?
—Bueno…
—Elise, ¿qué has hecho?
—El sábado por la noche, en un momento de debilidad, lo llamé y le dije que lo echaba de menos, y Markus me dijo que él también a mí.
Nora se queda callada, procesando la información que acabo de compartir con ella. Por un momento parece que va a hablar, pero vuelve a cerrar la boca.
—Vale… —concluye—. ¿Y cómo te hace sentir todo eso?
—Pues… ahora mismo me gustaría estar con él. Y… me ha enviado este e-mail hoy.
Le tiendo el teléfono. Ella lee en silencio, desliza de nuevo hacia arriba, lo relee. Se lleva una mano al corazón y luego me mira.
—Esto es precioso.
—Lo sé.
—Elise, no sé qué haces tomando café conmigo en lugar de estar en un taxi camino al aeropuerto.
—¡Tampoco te pases! Creo que tu vena romántica se está viniendo arriba.
—¡Tienes que ir a Berlín!
—¡Lo sé!
—Yo cuidaré al gato. Me lo llevaré a casa, con su arenero y todo eso, así que no te preocupes por él.
—Vale. Pero todavía no le he respondido.
—Pues más te vale hacerlo cuanto antes. Después de un correo así, no merece que lo hagas esperar.
—Estoy asustada, Nora.
—Lo que te pasa es que estás enamorada, Elise. Y tienes en ascuas a un hombre increíble que está loco por tus huesos.
—Sí, pero…
—¡Ni peros ni nada! ¿Y si te dijera algo que sé y que creo que deberías tener en cuenta? —Se muerde el labio.
—¿Qué? Venga, suéltalo ya.
—¿Sabías que el vídeo de YouTube ha desaparecido?
—¿En serio?
—Un tío de California llamó hace unos meses para hablar con Markus. Me dijo que quería confirmarle que ya había borrado el vídeo , pero que igualmente le mandaría un correo. Até cabos y… Ya no estabas en internet.
—¿Y por qué me lo cuentas ahora?
—Porque creo que deberías saberlo, Elise. Que le importabas incluso antes de que estuvieseis juntos. Y que hiciera algo así sin decirte nada y sin usarlo para acercarse a ti, en mi opinión, habla más de él que cualquier declaración de amor.
Me quedo en silencio, con la taza calentándome las manos y el corazón latiéndome fuerte. Me doy cuenta de que Markus ya me cuidaba cuando ni siquiera sabía si yo le permitiría acercarse.