El caos que nos une (Lo que nos une 1) 80
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Markus

No hemos vuelto a hablar desde la noche del sábado, cuando me llamó.

Ninguno se ha atrevido a enviarle al otro ni un triste mensaje, tal vez por miedo a estropear más lo que teníamos.

He sido incapaz de pegar ojo desde entonces, dándole vueltas y más vueltas a la situación.

Por primera vez en años me siento tan inseguro y sin saber qué hacer…

Pero está claro que no puedo quedarme parado.

Intuyo que estoy a punto de recuperarla, que la tengo al alcance de mis dedos y solo necesito un pequeño impulso que me lleve hasta ella, pero también sé que, si no actúo ahora, puedo perderla para siempre.

Y ese es un riesgo que no estoy dispuesto a correr.

Por eso, leo y releo el e-mail que he redactado. Probablemente Elise lleve ya un rato en la oficina, y volver a nuestros correos me parece la opción más segura en este momento.

Tamborileo con los dedos sobre mi escritorio, me repaso la cicatriz y, al final, pulso la tecla de enviar.

Resoplo.

Solo espero que su respuesta no se demore mucho, o de lo contrario no sé cómo voy a sobrellevar el resto del día.