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Markus
Cuando llego, me sorprende que mi hermano todavía esté despierto. Lleva un pantalón de pijama a cuadros y una camiseta blanca de manga corta. Lee una novela histórica, o tal vez esta sea de fantasía. Le encantan.
—No parece tu tipo de chica —me dice, tumbado en el sofá y sin apartar la vista de la página.
—¿A qué te refieres?
Max baja el libro y me observa.
—Mira, ya sé que desde el accidente dejaste atrás tus… rollitos. —Pone los ojos en blanco—. Joder, ni siquiera sé cómo calificarlas.
—¿Quieres decir que fui un cabrón?
—No exactamente. La prensa te describió más bien como «empresario playboy », ¿no?
Resoplo y él continúa.
—Solo digo que tú seguiste tu camino, y después de lo de Isabella decidiste no volver a atarte a nadie. Pero… ¿Elise? ¿En serio?
—¿Qué pasa con Elise? ¿Tiene algo de malo?
—Para nada. Lo poco que he hablado con ella me ha parecido una buena chica, pero no es precisamente una top model sin cerebro como con las que solías salir en los últimos años.
—Max, ¿qué intentas decirme? Porque tú nunca te andas con rodeos y ahora lo estás haciendo.
—Vale, seré directo entonces: me pregunto si Elise va a ser distinta para ti. Y, si lo es, qué piensas hacer al respecto.
—¿Y a ti qué te importa?
—Markus, soy tu hermano y sé leer entre líneas. Os he visto, por no hablar de la hora a la que has llegado a casa, teniendo en cuenta que mañana tienes programada una operación.
—Yo… No… —No sé ni qué decir, así que cierro el pico y lo miro a la espera de la estocada final.
—Está claro que esa chica te importa demasiado, tal vez más de lo que estás dispuesto a admitir.
—No estoy seguro de lo que siente ella. Y tampoco es el momento de… nada, en realidad. Su situación es muy complicada ahora mismo.
Max parece darle vueltas mientras niega con la cabeza.
—¿Lo sabe?
No contesto. Él me mira, confirmando sus sospechas.
—Pues te recomiendo empezar por ahí. Ábrete a esa chica, aunque sea un poco. Te lo mereces, Markus. Y no me refiero solo a ser feliz con ella. Hablo de tu vida entera.