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Markus
Estoy en el despacho cerrando con Nora los últimos detalles, ya que mañana me operan y me ausentaré de la oficina unos días.
—Todos los documentos importantes envíalos por mensajero a la dirección que te voy a pasar por e-mail .
Ella lo anota en su cuaderno.
—¿Los que llegan de tu oficina de Berlín seguirán viniendo aquí o tu secretaria te los mandará directamente a casa?
—No, llegarán aquí. Prefiero unificar todo en un mismo paquete y así solo me molestan una vez.
—De acuerdo. —Lo apunta y, durante unos segundos, me distraigo al ver que Elise tiene la mirada fija en mí. No es la primera vez esta mañana que la pillo mirándome.
Nora carraspea.
—Creo que eso es todo —comento.
Ella cierra su libreta y se levanta de la silla.
—Por cierto, me pediste que no le dijera nada a Elise, y no lo he hecho, pero… ¿cuándo piensas contárselo? —me pregunta Nora, tan directa como siempre.
—Teniendo en cuenta que lleva una semana sin hablar conmigo más que por correo… Además, suficiente tiene ya. Le diré simplemente que voy a ausentarme unos días.
—No has aprendido nada… —resopla.
No respondo, y ella tampoco agrega nada más.
—En fin, me vuelvo al lugar que me corresponde. Si necesitas cualquier otra cosa, ya sabes dónde encontrarme.
Nora se marcha, y yo me quedo dándole vueltas a la cabeza mientras miro el portátil, abducido por la pantalla. ¿Estoy haciendo lo correcto?
Unos toques en la puerta me devuelven a la realidad. Cuando doy paso, me sorprende que entre Elise.
—Hola —saludo, poniéndome de pie nervioso.
—Hola. —Ella me sonríe.
—¿Quieres sentarte…? —pregunto al ver que ha cerrado la puerta, pero no avanza ni dice nada.
Niega con la cabeza y se muerde el labio inferior, manteniéndome expectante.
—Solo quería decirte que te perdoné hace días… —suelta por fin—. Y que echo de menos nuestras reuniones a la hora de comer. Así que hoy…, salvo que tengas otra cosa en la agenda, claro…, podríamos retomarlas.
—Me encantaría. —Entonces recuerdo que Max está volando a Londres en estos momentos—. En realidad… Puede que mi hermano se nos una.
—Oh, en ese caso… Eh…, mejor mañana, ¿no?
—No, no, no —insisto—. Me encantará repasar contigo los avances y… esas cosas…
—Vale. —Sonríe—. Hasta luego, entonces.
—Nos vemos más tarde.
Ella sale y, cuando vuelvo a sentarme, percibo que, de alguna forma, mi entorno ha cambiado de color. Ahora parece más alegre, más rosa , más ella .
Estoy deseando verla más tarde.