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Markus
Elise ha decidido evitarme, y supongo que tal vez sea lo mejor.
Si necesita espacio, se lo daré. Por eso acepto que cancele la reunión de seguimiento diario.
En realidad no es más que una excusa que inventé para sacarla a comer y asegurarme de que no se saltara de nuevo la comida, como venía haciendo desde antes de que yo llegase a Londres.
Y, de paso, ser egoísta y conocerla un poco más…
¿Está mal lo que hice y lo que hago? ¿Debería confesarle también que esos restaurantes en realidad los pago de mi bolsillo? Porque he pasado toda la noche cuestionándome cada paso que he dado con ella. Uno por uno.
Esta noche no he dormido ni un minuto. Entre el dolor de la pierna, que me recuerda lo frágil que soy ahora, y el recuerdo de su mirada en el jardín… Esos ojos azules, que me atravesaron con la sombra de la traición.
Sé que la culpa es mía por haber esperado demasiado y por pensar que habría un momento perfecto para confesarle la verdad, en lugar de soltársela y punto.
Porque ocasiones ha habido, pero yo he sido un cobarde debido a lo que siento, y que ahora parece que sí lo tengo claro.
Elise me importa. Y eso me asusta. Porque, la última vez que sentí algo así, dolió demasiado.
Sin embargo, ahora que me he percatado de que la estoy perdiendo antes siquiera de tenerla, mi corazón se resiste.
Y tal vez, precisamente por eso, lo único que me queda es apartarme y dejarle espacio, esperando que en algún momento quiera recuperar lo que sea que teníamos.