25
Markus
Dejamos pasar los días, el fin de semana, y de pronto nos plantamos en otro lunes.
A pesar de lo de Chelsea, Elise y yo tenemos una especie de pacto no escrito según el cual ignoramos lo que no sucedió.
Pero eso no implica que yo no haya pasado horas y horas valorando posibles hechos y consecuencias, y tengo claro que debería ser más sincero con ella, empezando por el tema de que conocí a su padre y que, de vez en cuando, todavía juego al ajedrez con él.
Callármelo me parece una traición a su confianza, pero contárselo me preocupa porque tampoco sé si se lo tomará bien.
Más aún después de tanto tiempo. Y esto es solo culpa mía, que he permitido que todo se descontrole.
Así que aquí, y ahora, durante la comida en el italiano que sé que le gusta, he decidido lanzarme.
—Tendremos todo listo para enseñarle los avances a Williams el miércoles y…
—Elise, debo decirte algo —la interrumpo.
Ella alza las cejas, sorprendida.
—Eso ha sonado un poco serio.
Me sonríe con esa ternura suya que, a pesar de todo, no me esconde, y yo trato de devolverle el gesto, sin mucho éxito debido a los nervios.
—Bueno, no debería serlo, aunque reconozco que también tiene su punto irónico… —Dejo los cubiertos a un lado y la miro a los ojos—. Es que… el mundo a veces resulta más pequeño de lo que pensamos.
Ella frunce el ceño, confusa, y entonces su móvil empieza a vibrar sobre la mesa.
—Perdona, es del hospital.
Contesta la llamada, inquieta. Aunque al principio parece aliviada, enseguida se pone nerviosa.
—Eh…, un mo-momento, por favor. Necesito salir para hablar mejor.
Me hace un gesto con la mano, indicando que va afuera, y yo asiento con la cabeza. Que haya tartamudeado y además usara su típica muletilla es, sin duda, señal de que no son buenas noticias.
Cuando regresa, su gesto denota preocupación.
—¿Va todo bien?
—Eh…, sí. Mucha burocracia y esas cosas.
Se queda mirando su plato, pero no parece ir a comer más. Su humor ha cambiado totalmente, aunque, en el resto del tiempo que compartimos, trata de mostrarse amable.
Pese a que no tengo derecho a indagar, me gustaría poder aligerar de alguna forma su dolor y lo que altera su paciencia; sin embargo, me limito a mantenerme al margen, ya que esa es mi posición, al menos de momento.